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Managua, 27/05/2012 8:57 AM
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Conversación de Jueves Santo con Guillermo Argüello en Potosí
León Núñez
El autor es escritor
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El pasado Jueves Santo, de regreso de San Juan

del Sur, visité al doctor Guillermo Argüello Poessy en su finca de Potosí. Estuvimos conversando tres horas. Su preclara inteligencia, su amena conversación y la abundantísima información, que guarda en su imborrable memoria de mucha gente de Nicaragua, explica el por qué esas tres horas me parecieron un minuto.

Estábamos platicando sobre los políticos de este país, principalmente de aquéllos que están empeñados en terminar de acabarlo, cuando de pronto me dijo que me iba a contar algo muy interesante, pero con una condición. Yo me adelanté a decirle que le prometía que no se lo contaría a nadie; que confiara en mí, que mi boca era una tumba. Inmediatamente me dijo: “Entonces no te lo voy a contar, porque la condición no es que no lo cuentes; la condición es que lo cuentes al mayor número de personas posible”. Le prometí que cumpliría la condición de contarlo al “mayor número de personas posible” por medio de La PRENSA.

Guillermo, a manera de introducción, me habló del delito de simonía. Me dijo que el nombre de este delito se debe a Simón el Mago, que propuso a los apóstoles que negociaran los dones del Espíritu Santo. Además de ser un delito canónico es, como dijo San Pedro, un pecado mortal y un enorme sacrilegio, castigado con la pena de excomunión. En concreto, el delito canónico de simonía se comete cuando un clérigo negocia sacramentos a cambio de algo.

Seguidamente me informó que Su Eminencia, el cardenal Obando y Bravo, había cometido el delito de simonía cuando bautizó a Arnoldito, el hijo de don Arnoldo Alemán y de doña María Fernanda Flores de Alemán. Un poco antes del bautizo se decía que Su Eminencia no quería bautizar a Arnoldito —ya Obando había empezado, al menos en apariencia, a tomar distancia de Alemán— pero don Arnoldo estaba empeñado en que fuera un Cardenal, un Príncipe de la Iglesia católica, el que bautizara a su hijo. Seguramente el doctor Alemán cree que hay bautizos de primera, de segunda, de tercera y de cuarta; y que el bautizo de Su Eminencia es un bautizo de primera, el de Leopoldo Brenes es un bautizo de segunda, el de Bismarck Carballo, Eddy Montenegro, etc., es un bautizo de tercera y el de Gregorio Raya es un bautizo de cuarta.

Días antes del bautizo estaba planteada la reelección de Roberto Rivas de magistrado del Consejo Supremo Electoral. Guillermo me manifestó que le había aconsejado al doctor Alemán que no apoyara tal reelección, porque el mentado Rivas, además de ser capaz de todo, era un mayúsculo e incorregible sinvergüenza; que había utilizado a Coprosa para “rezar centenares de rosarios de delitos” durante varios años.

Dice Guillermo que ante su consejo don Arnoldo le dijo: “Su Eminencia, el cardenal Obando y Bravo, está arrecho con vos; está preocupado por la posibilidad de que Roberto no sea reelecto magistrado del Consejo Supremo Electoral. Él no quiere que Roberto pierda la inmunidad, porque dice que vos lo querés joder”. “La que lo sancionaría sería la Contraloría General de la República —contestó Guillermo— y así el pueblo se daría cuenta de la indignante carrera delictiva de ese individuo”.

Al final vino el “pacto”, constitutivo del delito de simonía. Su Eminencia, el cardenal Obando y Bravo, negoció darle a Arnoldito el sacramento del bautizo a cambio de que don Arnoldo apoyara la reelección del mentado Rivas. Lo demás ya lo sabemos. Arnoldito fue bautizado por Su Eminencia y el mentado Rivas no solamente fue reelecto magistrado, sino que fue nombrado presidente del Consejo Supremo Electoral.

Ya cercana la noche me despedí de Guillermo y emprendí viaje de regreso a Managua. Al día siguiente, me reuní con los analistas políticos de Acoyapa, residentes en Managua, y les conté con lujo de detalles todo lo que me había contado Guillermo sobre la negociación simonística. Después de discutido el tema, el presidente de los analistas, haciendo el papel de portavoz de todos los presentes, expuso que no creía que el apoyo del doctor Alemán a la reelección del mentado Rivas fuera el fruto de una negociación entre Su Eminencia y don Arnoldo; que su reelección se debió al pacto Ortega-Alemán, aunque naturalmente que propiciada y bendecida por Su Eminencia, el cardenal Obando.

La próxima semana voy a cenar con Guillermo en su casa de habitación. Ya le dije que también me contara algo interesante, pero eso sí, con la condición de que se sepa; con la condición de que me autorice contarlo para “deleite informativo” de los demás.

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