El jueves por la tarde, los diputados que todavía quedan en la bancada del PLC (21 de los 25 originales) firmaron un documento ante la nación en el que se comprometen “a no apoyar ninguna reforma constitucional”.
Esto, según el documento, incluye no apoyar la reelección presidencial y el cambio de sistema de Gobierno, reformas que el orteguismo, en el poder, está muy interesado en implementar, pero para las cuales necesita 56 votos y sólo ha logrado conquistar a 10 diputados que fueron electos como “democráticos” pero que ahora han botado totalmente la careta y han puesto sus votos a disposición del orteguismo.
De entrada hay que reconocer que es una buena acción ésta que han tomado los diputados PLC. Claro, que se tengan que comprometer con firmas ante la nación demuestra que están conscientes de la poca credibilidad que tienen ante la ciudadanía. Todavía está fresca la traición que realizaron estos diputados a mediados de enero pasado.
Desde noviembre venían jurando que “nunca” votarían por una Directiva en la Asamblea Nacional presidida por el orteguismo. Fueron tantos los comunicados que el vocero Leonel Teller envió en ese sentido que yo podría empapelar la Redacción de LA PRENSA con ellos, pero de pronto canjearon el sobreseimiento de Alemán no sólo por la presidencia del orteguista René Núñez, sino que le otorgaron al orteguismo mayoría eligiendo a dos diputados satélites de ALN.
Sin embargo, las firmas tienen un sentido político más allá de una lavada de cara. La verdad es que desde el sobreseimiento de Alemán, él es el único de los tres aspirantes fuertes a la Presidencia en el 2011 que tiene el camino despejado. Eduardo Montealegre tiene el fabricado problema de los Cenis todavía sobre su cabeza y del compañero comandante pueblo presidente Daniel ya ni qué decirlo, tiene una doble prohibición expresa en la Constitución.
Alemán quiere ser Presidente y no debe tener ningún interés en darle a Ortega las reformas constitucionales que necesita. Ojo, esto no quiere decir que aún con firma y todo Ortega no pueda conseguir los nueve votos que le hacen falta.
Pero aparte de su lucha por el liderazgo de los liberales que Alemán mantiene con Montealegre (y que se debe resolver mediante primarias transparentes y vigiladas, no mediante zancadillas), todavía hay dos cosas que necesita para garantizar sus planes de regresar a la Presidencia.
Primero, en efecto debe cambiar la Ley Electoral y a los magistrados, pues con lo que hay ahora no existe duda que cualquier candidato orteguista derrotaría a cualquier candidato liberal, pues el fraude está garantizado, más si incluimos la inmensa abstención que provocaría la total falta de confianza en el actual Consejo Supremo Electoral.
Y segundo, no debe caer en la tentación de continuar el patrón de conducta de los últimos 10 años de pacto, donde ambos partidos apoyan para posiciones claves en las instituciones a individuos que se caracterizan por su lealtad al caudillo y no su interés por fortalecer la institucionalidad.
Ya he oído a Alemán sacudirse esa crítica diciendo que “tendrían que ser ángeles”. Pero aunque no van a ser ángeles, tampoco tiene que ser el tipo de gente que ha escogido.
Alemán y el PLC van a estar mejor seleccionando para magistrados de los poderes del Estado y la Contraloría a las mejores personas que puedan encontrar que escogiendo a los que muestren mayor lealtad al caudillo, porque ésos, ya lo hemos visto, cambian de amo sin rubor.