El número de muertos por gripe A se elevó a 42 y el de contagiados a 1,070 en México, donde ayer se reanudaron algunas actividades suspendidas por el brote entre llamados a no relajar las medidas de prevención para evitar nuevos contagios.
El secretario de Salud, José Ángel Córdova, informó que las cifras se elevaron debido a que en las últimas horas se aceleró el número de pruebas realizadas a muestras de casos acumulados.
Córdova dijo que la baja en los casos no implica un control del brote de influenza AH1N1. En lo que va de mayo se registraron cinco fallecimientos.
“Hablar de control significa pasar 15 días sin que haya un caso nuevo”, señaló y dijo que eso no se puede afirmar en este momento.
Añadió que “hemos visto una tendencia a la disminución, pero no a la desaparición”, lo cual podría aún tardar varias semanas.
El secretario de Salud refirió que hasta ahora la epidemia demostró que las personas entre 20 y 50 años no acuden con rapidez al médico ante primeros síntomas de la enfermedad y se automedican “con facilidad”, lo que en el caso de la influenza AH1N1 se tradujo en complicaciones.
Añadió que la gente tardó en buscar ayuda hasta 9 días, pero después de la alerta epidemiológica por la influenza, en abril, el tiempo promedio se redujo a 1.5 días.
El alcalde de la capital mexicana Marcelo Ebrard hizo un llamado a continuar con las medidas preventivas y de higiene, que han implementado ante la alerta. Enfatizó la importancia de mantener las precauciones.
“Habrá una actividad intensa de control sanitario y preparativos para que todo funcione de acuerdo con esas previsiones” en el sistema de transporte público, las escuelas superiores y universidades, así como en museos y bibliotecas, aseguró.
El recién creado Comité Científico de Vigilancia Sanitaria analizaría ayer un cambio en el sistema de alerta de la capital de naranja a amarillo, lo que permitiría la apertura de bares, centros nocturnos, teatros y cines.
CALLES REVIVEN
Mientras, la ciudad retomaba rápidamente su habitual ritmo acelerado, las calles volvían a inundarse de autos, era visible una mayor cantidad de gente en espacios públicos y los restaurantes abrían nuevamente sus puertas, aunque algunos de ellos tomando en cuenta las condiciones de las autoridades.
En negocios de todo tipo, desde zapaterías, tiendas de artículos electrónicos y puestos de comida, había personal limpiando pisos y vitrinas con escobas agua y jabón.
Algunas cadenas de restaurantes pusieron cintas que impedían el paso a algunas mesas y dejaron más espacio entre otras para cumplir con las medidas oficiales que establecen un mínimo de 2.25 metros de distancia entre comensales.
“Regularmente tenemos 130 mesas, ahora dejamos sólo 50. Yo creo que por suerte la gente que siempre venía está empezando a llegar otra vez”, dijo la gerente de un restaurante en el Centro Histórico y que sólo se identificó como Marisela.