El presidente Daniel Ortega está usando como pretexto la pandemia de influenza porcina, para ensayar una nueva modalidad de censura de prensa, ya que no puede practicarla de manera directa y brutal como en los tiempos de su primera dictadura. En efecto, no se puede calificar más que como censura de prensa, la disposición de que: “Solamente la Presidencia de la República y autoridades competentes en el campo de la salud u otras autoridades designadas podrán emitir partes, acuerdos, resoluciones y/o información orientadora a la población”; y únicamente a través de los medios “oficialistas”, tal como informó al mundo la agencia internacional de prensa AFP.
Esta censura de prensa, que fue ordenada por la señora Rosario Murillo en su condición de coordinadora del gubernamental Consejo de Comunicación y Ciudadanía, es una burda violación de la Constitución Política de Nicaragua, la cual, en su artículo 66 establece en forma muy clara que: “Los nicaragüenses tienen derecho a la información veraz. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas, ya sea de manera oral, por escrito, gráficamente o por cualquier otro procedimiento de su elección”.
Además, la censura de prensa impuesta por la señora Murillo atropella la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la cual en su Artículo 19 consagra explícitamente que: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
En realidad, ni la señora Murillo ni su marido, el presidente Daniel Ortega, ni nadie, tiene potestad para obligar a los nicaragüenses a informarse sobre la influenza porcina, o sobre cualquier otro asunto, únicamente a través de los medios oficialistas. Una cosa es que las informaciones oficiales acerca de la pandemia de gripe porcina, sean emitidas sólo por los organismos y funcionarios correspondientes del Gobierno, y otra muy diferente —que constituye de hecho una censura de prensa—, es obligar a la gente a conocer esas informaciones oficiales exclusivamente a través de los medios oficialistas.
Son muchos los nicaragüenses —de hecho la inmensa mayoría— que se informan cotidianamente por los medios de comunicación social independientes: periódicos, radio y televisión. También son muchos —en realidad, la inmensa mayoría— los nicaragüenses que no ven ni escuchan ni leen los medios oficialistas, simplemente porque éstos mienten sistemáticamente y manipulan las informaciones en forma descarada y vulgar, porque se dedican casi sólo a ensalzar servilmente a los gobernantes y porque en general no reflejan verazmente la realidad y los hechos.
Desde que recuperó el poder absoluto en el país, gracias a la traición a la democracia de Arnoldo Alemán y la cúpula caudillista del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) que le permitieron ganar la elección presidencial con el 38 por ciento de los votos, Daniel Ortega y su camarilla han estado maquinando acerca de cómo implantar nuevamente la censura de prensa, igual o en forma distinta a la de su primera dictadura. Tal como el Procurador del gobierno orteguista lo confesó públicamente, por sus mentes totalitarias incluso ha pasado la idea de no dejar piedra sobre piedra de los medios de comunicación independientes, que sería por supuesto la peor forma de censura de prensa.
Como se sabe, entre las diversas formas de censura de prensa están el asesinato, el secuestro de ediciones de periódicos, la clausura de imprentas, el cierre de medios de comunicación social y la obligación de publicar sólo lo que quieran los gobernantes. Pero en la actualidad los nuevos dictadores practican también otros métodos de censura, como las acusaciones judiciales, la manipulación de jueces para que fallen contra los periodistas, el uso de fondos públicos para subsidiar a la prensa servil, etc. Y ahora hay que agregar el aprovechamiento de las pandemias y otras calamidades públicas, para impedir que los medios independientes proporcionen información de manera oportuna y veraz, que es como le sirve y le interesa a la gente.
Causa tristeza e indignación que cuando en el mundo entero se ha celebrado, ayer 3 de mayo, el Día Mundial de la Libertad de Prensa, en Nicaragua estemos retrocediendo a los sombríos y odiosos tiempos de la censura de prensa somocista, y de la sandinista de los años ochenta, que durante algún tiempo creímos que nunca más se iba a repetir.