Una de esas escasas noticias positivas que se producen muy de vez en cuando en el país, es la que se refiere a la constitución oficial de la Academia de Ciencias de Nicaragua que tendrá lugar hoy, lunes 30 de marzo de 2009, la cual será integrada —por ahora— por 15 miembros de número, 9 miembros honorarios y 4 miembros correspondientes en Estados Unidos de Norteamérica.
Se sabe muy bien que la investigación científica tiene una importancia cardinal para el desarrollo nacional, económico y social. El desarrollo tecnológico y científico es una condición absolutamente indispensable para impulsar el progreso económico y social de cualquier país o nación. Precisamente, uno de los principales rangos que diferencian a un país desarrollado y rico, de otro atrasado y pobre, es la capacidad para la investigación científica y la rapidez para incorporar los conocimientos a la vida y la actividad diaria de la sociedad. Por eso no es casualidad que sea en los países más prósperos, donde hay más investigación y experimentación científica.
Pero también está comprobado que el atraso material y cultural de un país, pongamos por caso Nicaragua, no es un obstáculo insuperable para el desarrollo de la investigación y la incorporación de conocimientos científicos a la sociedad. Lo importante es que se reconozca la real importancia de la ciencia para crear una cultura científica en la sociedad, y procurar que desde las escuelas primarias y secundarias, los niños y adolescentes realicen cotidianamente actividades científicas de todo tipo.
Por supuesto que ésta no debe ser una tarea sólo de los científicos, ni se debe dejar a cargo únicamente de las autoridades estatales. Se trata de una responsabilidad que deben asumir de manera compartida, entusiasta y tesonera, tanto los educadores como los científicos, los empresarios y los periodistas, los políticos y los ciudadanos en general, con la plena comprensión de que la educación y la investigación científica son parte esencial de la solución a los problemas de Nicaragua, tanto en lo que se refiere a la crónica baja calidad de la enseñanza como en general al atraso material, cultural, técnico y científico del país. Y lo cual significa que es indispensable cobrar conciencia de que la enseñanza de las ciencias y la investigación científica, son indispensables para avanzar hacia el desarrollo y a la satisfacción de las necesidades y las aspiraciones culturales, sociales y económicas de la población.
La constitución de la Academia de Ciencias de Nicaragua es, pues, un gran paso adelante. Pero no debe ser el único. Con sólo formar la Academia de Ciencias no se va a llenar el enorme vacío que de ese rubro hay en el país, ni se va a estrechar y mucho menos a cerrar la enorme brecha que separa a un país subdesarrollado como Nicaragua, de las naciones desarrolladas o de desarrollo medio. Pero sin comenzar a caminar no se puede avanzar.
Ahora bien, aparte del problema de financiamiento que sin duda será muy difícil de resolver para nuestros flamantes académicos de las ciencias, ellos también tendrán que enfrentar la intención o la tentación del poder político de manipular para sus fines particulares y sectarios a la Academia científica del país. Al respecto no podemos dejar de señalar que resulta por lo menos sospechoso, que precisamente en vísperas de la constitución de la Academia de Ciencias de Nicaragua, la Asamblea Nacional haya decidido darle al presidente Daniel Ortega la presidencia efectiva del Consejo Nacional de Educación, la cual ha estado en el ámbito de competencia de la Vicepresidencia de la nación. Y este Consejo tiene o tendrá seguramente una conexión muy importante con la Academia de Ciencias de Nicaragua.
La apoliticidad, la independencia y la libertad de investigación científica son factores esenciales y absolutamente indispensables para que la Academia de Ciencias pueda cumplir de manera cabal su cometido. De otra manera sería un estéril organismo de fachada del poder político. Por eso, al saludar el nacimiento de la Academia de Ciencias de Nicaragua y ofrecerle todo el apoyo que de nuestra parte sea posible, expresamos también la confianza en que esta institución académica tan importante será siempre objetiva, independiente, profesional y apolítica, como tiene que ser necesariamente una verdadera Academia de Ciencias en cualquier parte del mundo y bajo cualquier sistema de gobierno.