No son los acostumbrados guardas musculosos, con actitud arrogante, brazos cruzados y piernas separadas, los que custodian Espacio Sur, un bar ubicado en las cercanías del parque El Carmen. Aquí los que cuidan en la entrada son policías chaparros, entre gordos y flacos. De todas las personas que asisten, son los que menos disfrutan los conciertos que todos los viernes presentan aquí bandas nacionales. Los policías permanecen en constante movimiento y observan de pie a cabeza a todas las personas que llegan. Es notable su aburrimiento. En la entrada están varios, uno de ellos merodea el parqueo y las cuadras aledañas al parque El Carmen. Otros dos están juntos, fuera de la entrada, uno es chaparro, con bigote, lleva un uniforme que le queda grande; el otro es alto y panzudo y a él el uniforme le va muy ajustado. Recuerdan a los actores de aquella comedia, “El gordo y el flaco”.
—Enséñeme su bolso, vamos a ver si anda armada esta muchacha— bromea el policía que custodia la entrada, en la que hay un muchacho que cobra 50 córdobas por ingresar al bar.
Espacio Sur es propiedad de Juan Carlos Ortega, hijo del presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo. El bar es administrado por Indiana Castillo, esposa de Juan Carlos. Tiene el privilegio de mantener, en lugar de guardas privados, policías como los que a esa hora están regados por las calles de Managua. O deberían. ¡Qué segura se siente una aquí! A diferencia de esa Managua de afuera, donde, según la primera comisionada Aminta Granera, la violencia ha aumentado un once por ciento y la gente “está siendo asaltada todos los días”.
A simple vista, Espacio Sur es un un lugar abandonado y solitario, pero al entrar a cualquiera de los dos escenarios, donde las bandas nicaragüenses deleitan a la juventud con canciones escritas por su propia autoría, está lleno de colorido y adornos que le dan vida al lugar. No más de siete mesas con cuatro sillas llenan el patio. Cada mesa está pintada de un color distinto. Parecen un arco iris, lo que hace que el ambiente se vea y se sienta alegre. Los colores, la letra de ese mural que reza “Cultura, Arte y Revolución”, y el diseño de Espacio Sur, hacen recordar a la propaganda que diseña la primera dama Rosario Murillo.
Esta noche el concierto se desarrolla entre las 7:30 y 8:00 de la noche. En el lugar no hay más de 30 personas, pero la emoción y adrenalina que se siente al escuchar el estridente sonido de las guitarras y la batería, parece sacudir a la mayoría: unos cuantos corean las canciones, pero todos saltan y bailan. Sólo hay dos hombres que parecen fuera de lugar: a veces se arriman a alguna pared, solitarios; son las únicas personas que no saltan ni corean las canciones. Desentonan con esa moda de piercing y Converse, que prevalece en el lugar. En realidad tienen la misma expresión que los policías de la entrada: serios y observando a cada uno de los presentes con detenimiento.
Y es que aquí los policías están en todos lados. En un momento de la jornada de rock, gritos y saltos, busco el baño de mujeres. ¿Y qué creen? Un amable policía me indica dónde es. ¡Vaya! ¡La seguridad está incluida hasta en los baños! Y muestra mucha eficiencia en el cuido del negocio del hijo del Presidente.
El fotógrafo que me acompaña esta noche tiene como guardaespaldas a uno de los guardianes y cada flashazo que lanza es analizado por un policía que lo sigue a donde vaya. Al salir del lugar, hasta había una patrulla de la Policía esperándolo, aunque tal vez no para garantizar su seguridad en esa ciudad, donde el robo con intimidación alcanzó el 42 por ciento, como nunca lo había visto la primera comisionada Granera, según ella misma dijo.
Tal vez es por ese nivel de seguridad que el bar es un éxito: ¿a quién no le agrada saber que disfruta de una velada sin temor a ser robado al salir? Porque en los otros bares de la capital cada quien se cuida por su cuenta. Y aquí, según cuentan varios jóvenes esta noche, nunca ha ocurrido ningún hecho violento. Aunque lo más seguro es que la presencia de tantos uniformados intimide a los roqueros. La seguridad tiene su costo. Lo dijo la comisionada Granera.