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Noticias >> Domingo
(La Prensa/Carlos Solís)
“Quiero ser el primer nica que visite la Luna”
Xavier González Barrios, un joven de origen nicaragüense de 21 años, se ha convertido, gracias a sus logros académicos, en un ejemplo para los hijos de inmigrantes que llegan a Estados Unidos. Se graduó con honores de la secundaria y ganó una beca para estudiar en una prestigiosa universidad, en la que ya ha conseguido premios por investigaciones científicas. Su meta, dice, es llegar a la Luna
Carlos Solís
domingo@laprensa.com.ni
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Ésta es la historia de un jovencito brillante que sueña con llegar a la Luna. Ésta es una historia de un hijo de inmigrantes que salieron de su país, Nicaragua, huyendo de la violencia y la falta de oportunidades que presentaba el Gobierno sandinista de la década de 1980. El protagonista de esta historia es Xavier González Barrios, un joven que se graduó con honores de una secundaria de Florida y que se ganó una beca para estudiar en una institución a la que pocos pueden acceder: el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Xavier quiere viajar a la Luna, ser el primer nica en hacerlo.

Los padres de Javier salieron de Nicaragua en la década de los ochenta “por temor a ser asesinados”. Sus padres tuvieron que trabajar duro en el exterior y no lograron terminar la secundaria por problemas económicos. Se enfrentaron a la dureza que significa salir adelante en territorio extraño, enfrentándose, entre otros problemas, a la xenofobia. Según cuenta, a uno de sus seis hermanos lo mataron en Miami “por xenofobia”.

A pesar de las dificultades, los padres de Xavier pudieron sacarlo adelante. El joven estudió la secundaria en Florida y en el 2006 fue escogido por su rendimiento académico como el mejor alumno de entre 950 estudiantes. El mejor del condado, para ser más precisos. Gracias a ese logro el estado de Florida, en conjunto con otras empresas privadas, le otorgaron una beca completa para estudiar en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, cuyos estudiantes, investigadores y maestros han recibido 73 premios Nobel.

Entre esa larga lista se incluye Paul R. Krugman, ex estudiante y profesor de economía del MIT, quien ganó el año pasado el Nobel de Economía por “su análisis de los patrones comerciales y la localización de la actividad económica”. En ese nido de genios, el joven Xavier quiere emprender su viaje a la Luna. Y por qué no seguir los pasos de Franklin Chang Díaz, el astronauta costarricense que sacó su doctorado de Ingeniería Nuclear en 1977 en esta universidad, una de las mejores de ciencia e ingeniería del mundo.

Xavier ha desarrollado en el MIT más de un proyecto científico. Entre éstos está uno realizado en el Rancho Guadalupe, en Diriamba, Carazo, junto a un grupo de compañeros del MIT. Los estudiantes produjeron combustible extraído de excrementos de animales, lo que se conoce como biogás. El proyecto ayudó a reducir el deterioro ambiental al ofrecerle a los habitantes de la zona una alternativa a la leña y proporcionarles una fuente de supervivencia.

Con ese proyecto, Xavier y sus compañeros obtuvieron en 2007 el segundo lugar en el Concurso Soluciones para los Materiales de Energía Alternativa ( MADMEC) del MIT. El equipo se llamó Los Niños del Biogás y su investigación Biogás Nicaragua. Con el segundo lugar ganaron un premio económico de tres mil dólares. La investigación se puede consultar en este enlace: http://dmse.mit.edu/madmec/biogas.html.

“Estos premios y reconocimientos yo los recibo con mucha humildad, ya que mis padres me han inculcado los valores morales y éticos de la vida”, dice Xavier, un joven menudo, blanco, de cabello negro que lleva encrespado, con aspecto de banda de rock juvenil. Y precisamente la música es una de sus aficiones, a la que dedica sus tiempos libres componiendo y tocando en lugares públicos de Boston.

A sus 21 años Xavier no se detiene, parece, efectivamente, que el espacio es su límite. Los logros académicos lo llevarán hasta Cataluña, España, donde el restaurante El Bulli lo ha contratado para que trabaje durante el verano en sus instalaciones, aprovechando sus vacaciones. El Bulli ha sido catalogado por tres años consecutivos como el mejor restaurante del mundo, según la guía francesa Michellin, que premia la buena mesa basada en la calidad y la creatividad de la comida que sirven los restaurantes que aspiran a recibir la distinción. Dicen que para poder comer en El Bulli, los interesados tienen que resevar hasta con un año de anticipación, porque recibe más de 400 mil pedidos de reservas al año y de todo el mundo. El gustazo puede costarle a una persona más de 300 euros, unos 7 mil 800 córdobas.

El trabajo que Xavier desempeñaría en El Bulli consiste “en incorporar cristales y geles fotónicos biocompatibles” a ciertas comidas para que produzcan efectos ópticos deslumbrantes para que cambien de color e innovar la gastronomía. Precisamente la fama del restaurante se ha logrado porque sus dueños han introducido nuevas técnicas en el proceso de preparación de los alimentos que ofrecen.

“Vengo de una escuela pública, no estoy acá (en el MIT) porque soy hijo de papi y mami, que los meten desde pequeños en los mejores colegios para que puedan ingresar a las mejores universidades del mundo. Todo lo que he logrado es por mi empeño en mis estudios y por los buenos consejos de mis padres”, afirma Xavier, quien se encuentra desarrollando un proyecto que espera completar con el tiempo. Consiste en la construcción de un traje espacial que sea pegado al cuerpo, contrario a esos trajes enormes y raros que usan los actuales astronautas, que, según Xavier, son muy pesados para trabajar cuando se está en órbita.

Y precisamente en esta etapa de su vida se ha planteado una de sus metas más ambiciosas: llegar a la Luna, como lo hizo el 20 de julio de 1969 Neil Armstrong, el primer hombre en visitar el satélite de la Tierra. Quién sabe, tal vez en 2020 Xavier forme parte de ese proyecto de la NASA, que pretende llevar a astronautas al Polo Sur de la Luna alrededor de 2020, con el objetivo de crear un campamento internacional que permita, entre otras cosas, explorar una de las mayores ambiciones de los científicos: Marte.

“Espero algún día poder ser el primer nica que visite la Luna. Estoy poniendo mucho esfuerzo para lograrlo”. Las puertas se las irá abriendo tal y como la ha venido haciendo desde chico, estudiando, preparándose, poniéndose metas, aprendiendo otros idiomas, explica. “Yo insto a todos mis paisanos a que abran todas las puertas que sean necesarias para que logren alcanzar sus metas que les lleve a la felicidad”, recomienda este muchacho, a quien la comunidad nicaragüense en Boston ha bautizado como “bujía” por su inteligencia y su brillante carrera. “Me siento muy orgulloso de ser nicaragüense y de poner mi bandera muy en alto”, afirma el jovencito que sueña con llegar a la Luna.

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