Prácticamente desde todos los sectores de la vida nacional, salvo el gubernamental, se ha criticado la decisión del presidente Daniel Ortega de no ir la próxima semana a San José de Costa Rica, donde se va a celebrar una reunión de los mandatarios centroamericanos con el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden.
A Ortega se le reprocha en este caso su falta de cortesía diplomática, así como la deliberada grosería de enviar como su representante en la importantísima reunión de Costa Rica, no a su Vicepresidente como sería lo lógico, sino a un Viceministro de Relaciones Exteriores que tiene la mala reputación de confundir la grosería con la diplomacia. Pero también se critica a Ortega, que está echando a perder una magnífica oportunidad para Nicaragua, de mejorar las relaciones con Estados Unidos en momentos en que sufre una grave crisis económica y presupuestaria.
Alérgico como es a la transparencia informativa, el Presidente de Nicaragua no ha dado ninguna explicación a su negativa a participar en la reunión con el Vicepresidente norteamericano. Pero personas allegadas a Ortega, éste considera que la reunión con el señor Biden debería realizarse en Nicaragua, porque es el país que preside actualmente el Sistema de Integración Centroamericana (SICA). También se supone que en realidad Ortega no va a la reunión en Costa Rica, para mantenerse en sintonía con el presidente venezolano Hugo Chávez, quien ha reanudado y arreciado sus ataques contra el Gobierno de Estados Unidos y personalmente contra el presidente Barack Obama. Y se conjetura, además, que Ortega no va a Costa Rica para no reconocer liderazgo regional al presidente costarricense Oscar Arias, primero por el viejo resentimiento que le guarda al mandatario costarricense que fue el artífice del plan internacional que sirvió para desalojarlo electoralmente del poder —a Ortega—, en 1990; y segundo porque su visita a Costa Rica, aunque fuera para entrevistarse con el Vicepresidente estadounidense, no le conviene cuando se acerca el momento de una resolución de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, en el juicio sobre el nicaragüense río San Juan.
Como sea, el hecho es que como ocurre con casi todas las decisiones gubernamentales de Daniel Ortega, el desaire al Vicepresidente de Estados Unidos perjudica el interés nacional y la imagen internacional de Nicaragua. No es que el funcionario de Estados Unidos viene a Centroamérica con un paquete de ayuda financiera para todos. Se trata de que en San José el vicepresidente Biden escuchará las opiniones y propuestas de los gobernantes centroamericanos —del mismo modo que está escuchando las de los suramericanos en la reunión de ayer y hoy en Viña del Mar, Chile—, para que el presidente Barack Obama las tome en cuenta al participar en la reunión del G 20, como se denomina el club de los países más desarrollados y las principales economías emergentes, que tendrá lugar en Londres el próximo 2 de abril. En esa reunión cumbre del G 20 que se realizará en Inglaterra , se espera que los países líderes del mundo adopten “un acuerdo sobre la reconstrucción del sistema financiero y las medidas para estimular el crecimiento y el comercio”, según expresó el Primer Ministro inglés, Gordon Brown, a la agencia informativa Europa Press.
Pero, además, lo más importante de la reunión del vicepresidente Biden en Centroamérica, es que lo que allí se proponga y se discuta será un valioso insumo para el encuentro que el presidente Barack Obama sostendrá con los gobernantes del hemisferio Occidental, en la Cumbre de las Américas que se va a celebrar del 17 al 19 de abril próximo en Trinidad y Tobago.
En un artículo escrito a propósito de su visita a América del Sur y Centroamérica, publicado en varios periódicos de la región, el Vicepresidente de Estados Unidos Joe Biden dice que “debemos concentrarnos en forjar y fomentar democracias sólidas, en las que la justicia, la igualdad social, el profundo respeto de los derechos humanos y el imperio de la ley sean los principios que guíen todo lo que hacemos. La democracia va más allá de las elecciones: requiere buen gobierno, transparencia y una sociedad civil próspera. También acometer los desafíos de la pobreza, la exclusión y desigualdad en la sociedad”.
Tal vez, o seguramente, esos principios y propósitos son los que molestan y causan alergia política al presidente Ortega, y por eso no quiso ir a reunirse con el vicepresidente Biden.