¿Qué tiene en común Nicaragua con países como Papúa Nueva Guinea y Burkina Faso? Pues bien, Papúa Nueva Guinea es una pequeña nación al suroeste del Océano Pacífico con 6.3 millones de habitantes mayoritariamente indígenas, conocidos como papúas. Burkina Faso, ex colonia francesa, es un estado del África Oeste con una población de 15.3 millones de habitantes de raza negra. Si tomamos en cuenta rasgos demográficos y culturales, obviamente no tenemos mucho parecido, pero si nos enfocamos en algunas guías o indicadores encontraremos que sí hay ciertas tristes similitudes. El Producto Interno Bruto Mundial en el 2008 según el CIA Factbook cerró en unos $78,000 mil millones de millones (trillones) de los cuales Nicaragua aportó un diminuto 0.0077 por ciento o sea 0.0000077 por cada dólar que el mundo produjo, esto a raíz de que los nicaragüenses alcanzamos una producción un poco mayor a los 6 mil millones (billones) de dólares. Dicho PIB nos ubica en el puesto 135 a nivel mundial (de 190 países), con Burkina Faso en el 130 y Papúa Nueva Guinea en el 137. Esto nos da una idea del microscópico peso que tiene Nicaragua así como estos países de Asia y África en la supremacía económica mundial; somos similares en nuestra poca importancia.
Adicionalmente y como nos ilustra el doctor Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia, hay otra cosa que poseemos en común: “la pobreza”. El investigador estadounidense se basa en la definición del Banco Mundial (BN) y separa la pobreza extrema y media de la siguiente manera: la extrema es aquella población que vive con un dólar o menos al día ($30 al mes) y que todos los días debe dedicarse tiempo completo a satisfacer la más básica de las necesidades, comer; no tiene acceso a medicina ni a educación o agua potable, presentando altos niveles de desnutrición. La moderada incluye la población que vive con 60 dólares mensuales, o sea $2 diarios, y su acceso a la educación y medicina pública es limitado, aunque tengan alimentación y techo. El BM deduce que para el año 2007 existía un poco más de 2.7 billones de personas viviendo con menos de 2 dólares diarios, o sea el 40 por ciento de la población mundial.
Y si nos preguntamos: ¿dónde están los pobres del mundo?, según el académico el 93 por ciento reside en el sur y el este de Asia (India, Pakistán, Afganistán, China, Corea del Norte, Vietnam) y en África Subsahariana (Chad, Etiopía, Congo, Sudán, Mali, etc.). El restante 7 por ciento se encuentran entre Iberoamérica, Europa del Este, África del Norte y el Medio Oriente. Considera además, el doctor Sachs, que el 15 por ciento de la población iberoamericana encajaría en la definición de pobreza destacando Nicaragua, Bolivia y Haití con más del 70 por ciento de su población entre pobreza media y extrema. Y siendo éste un país tan necesitado y desprovisto es difícil entender cómo nuestras autoridades han despreciado o más bien desestimado la cooperación externa de países como los EE.UU. que aportan el 18.4 por ciento de la producción mundial, y la Unión Europea (UE) que aporta el 24 por ciento. Qué haría usted se estuviese en los zapatos de Louis Michel, alto comisionado de la Unión Europea para el desarrollo y la ayuda humanitaria, si las autoridades de Burkina Faso le exigen la cooperación económica “sin condiciones”. En la actualidad, toda la asistencia exterior de la UE gira en torno a la reducción de la pobreza en el mundo, enfocada a través de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Dicha cooperación se centra en promover el comercio y la Integración Regional, apoyar políticas de estabilidad macroeconómica, el acceso igualitario a los servicios sociales (salud y educación) y por supuesto la construcción del Estado de Derecho. Dado que nuestra falta de gobernabilidad (al igual que los países mencionados arriba) es la causa más importante de nuestro subdesarrollo, los más de 274 millones de dólares que hasta el año 2013 pretende la UE invertir en Nicaragua, vienen atados a la consolidación del Estado de Derecho. Así que pretender que nos den dicha asistencia sin ninguna condición es igual a rechazarla, lo cual, en un país como el de nosotros sería como burlarse de nuestros pobres, que son más del 70 por ciento de nuestra población.