En un editorial titulado “Convención y reelección: Cuando faltan los Gracos y los Escipiones”, que fue publicado en LA PRENSA del jueves 1 de noviembre de 1962, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal escribió, a propósito de la reelección: “Porque soy republicano he soñado con ver a mi patria en el plano que quisieron aquellos héroes nuestros como Fernando Chamorro y José Dolores Estrada, quienes llegaron hasta desenvainar la espada con que habían derrotado más de una vez a William Walker, para enfrentarla a Tomás Martínez, su amigo, porque éste había decidido reelegirse. ¿Nada más por eso? Sí, nada más por eso, porque precisamente en las Repúblicas eso es muy importante”.
Es que para el Mártir de las Libertades Públicas de Nicaragua y Director Mártir de LA PRENSA, la reelección era un atentado contra la libertad y la democracia, no sólo en Nicaragua sino que en toda América Latina. Por eso, en otro editorial titulado “Frente a la reelección”, publicado en LA PRENSA del viernes 12 de marzo de 1954, el doctor Chamorro Cardenal citó el discurso que el Libertador Simón Bolívar pronunció el 15 de febrero de 1819 ante el Congreso de Angostura, en la parte que dijo de manera admonitoria: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder: el pueblo se acostumbra a obedecerlo y él se acostumbra a mandarlo, de donde se originan la usurpación y la tiranía”.
Pero los políticos codiciosos, caudillistas y narcisistas de Nicaragua, que por eso mismo son reeleccionistas, no aprenden las lecciones de la historia, como la mencionada por el doctor Chamorro Cardenal de los generales Fernando Chamorro y José Dolores Estrada que se alzaron espada en mano contra la reelección de Tomás Martínez; ni las otras experiencias violentas y sangrientas, como la guerra civil causada por la reelección de Fruto Chamorro, a mediados del siglo XIX que desembocó en la intervención de los filibusteros de William Walker; la guerra civil de finales del siglo XIX motivada por el intento de reelección del presidente Roberto Sacasa; los crímenes de la Estirpe Sangrienta somocista para perpetuarse en el poder mediante las reelecciones; y hasta el asesinato del dictador Somoza García y el derrocamiento y posterior asesinato del dictador Somoza Debayle, que fueron también por la reelección. Ni atienden la advertencia de Simón Bolívar, aunque lo mencionan a menudo en sus discursos y cínicamente encubren las empresas y proyectos de corrupción para beneficio partidista, familiar y personal, con el pomposo adjetivo de “bolivariano”.
Tal es, precisamente, el caso de Daniel Ortega, quien ejerce actualmente su segundo período presidencial y ha anunciado su propósito de buscar otra reelección, a pesar de que la Constitución prohíbe que sea candidato presidencial no sólo la persona que está en ejercicio de ese cargo, o que lo ha ejercido durante el período en curso, sino también quien ya lo ejerció dos veces. O sea que la reelección de Daniel Ortega está doblemente prohibida por la Constitución, pero él quiere seguir en el poder después de cumplir su actual segundo período, ya sea reeligiéndose en la Presidencia o asumiendo el hasta ahora inexistente cargo de primer ministro.
Sin embargo, para eso Ortega necesita una enmienda constitucional que sólo podría conseguir con la complicidad de Arnoldo Alemán y el PLC —al menos de ocho o nueve de sus diputados—, pues para la reforma se necesitan 56 votos en la Asamblea Nacional, y gracias a sus “habilidades” políticas y a su poder de “persuasión” económica, el FSLN ya puede contar con 47 ó 48 votos, a pesar de que sólo eligió 38 diputados.
Arnoldo Alemán y prácticamente todos los diputados del PLC, han jurado que jamás le darán a Ortega la reforma constitucional que necesita para reelegirse o seguir gobernando como primer ministro. Pero eso está por verse. La verdad es que cualquier cosa se puede esperar de un caudillo y de un partido cuyos cabecillas sostienen el amoral criterio de que lo más importante de todo es estar en el poder y compartirlo, de cualquier modo y al costo que sea. Por eso, precisamente, fue que le dieron a Ortega la reforma constitucional que le permitió ganar la elección presidencial del 2006 con sólo 38 por ciento de los votos.
Pero en todo caso, de la decisión de las fuerzas democráticas depende que se pueda impedir ese otro crimen contra la República, que sería la reforma constitucional para la reelección de Daniel Ortega.