Ante la triste y lamentable situación política por la que atravesamos; situación que nos afecta a todos en general y a la población más pobre en particular, y luego de las reflexiones pertinentes que también todos deberíamos hacernos sobre el comportamiento histórico durante los últimos setenta años de la mayoría de la dirigencia responsable de la conducción de esa corriente política, podemos llegar a conclusiones que considero muchísimos nicaragüenses también comparten.
Por medio del Partido Liberal Nacionalista (PLN) el liberalismo fue responsable del sostenimiento de la dictadura somocista. Los Somoza utilizaron al PLN como su vehículo electoral personal. Sin embargo, un grupo de patriotas liberales opuestos a la dictadura, formó en 1944 el Partido Liberal Independiente (PLI), manteniendo hasta hoy este partido, una posición política firme y coherente con los principios y valores que dieron origen a su formación, siendo el doctor Virgilio Godoy un digno y vivo representante, que con ejemplar firmeza ha dirigido y mantenido a esa agrupación.
Junto con unos notables liberales disidentes del somocismo, el PLC fue creado en 1970 por el doctor Ramiro Sacasa Guerrero, con el propósito de ofrecer una alternativa liberal distinta y no comprometido con la dictadura.
De la misma manera que convirtieron al PLN en una maquinaria somocista, al PLC lo transformaron en una maquinaria arnoldista. A partir de 1998 el liberalismo arnoldista comenzó a pactar con el orteguismo, entregándole espacios políticos vitales para la democracia, espacios que con gran habilidad ha sabido utilizar el orteguismo para su beneficio personal, y que paulatinamente ha ido aumentando hasta llegar a obtener en la actualidad un control prácticamente absoluto del poder.
La dirigencia liberal, su estructura partidaria y sus “líderes”, no así la mayoría de su militancia y simpatizantes, son los responsables directos junto con el orteguismo de la precaria situación política, del clima permanente de inestabilidad y de la incertidumbre hacia el futuro que vivimos actualmente todos los nicaragüenses.
Lo que ha costado muchos años de lucha, sacrificio, cárcel, torturas, llantos y sangre, algunos “dirigentes” liberales se han encargado sin el menor rubor en la cara de entregarle todo al orteguismo, traicionando de esta manera la confianza que en varias ocasiones este pueblo depositó en ellos, ya que fueron favorecidos con el voto mayoritario de los nicaragüenses, ganando dos elecciones presidenciales.
Con el propósito de pretender seguir engañando y burlándose de todos, a diario aparecen en los diferentes medios de comunicación disfrazados de opositores al orteguismo, presentándose bajo un falso ropaje antisandinista; y cuando llegan las elecciones acentúan sus disfraces con tintes y ribetes de aparente rudeza antiorteguista, pero anticipadamente ya se han entendido con su socio pactista, en el procedimiento y resultado final de las operaciones electorales fraudulentas.
Esta dirigencia liberal, en su mayoría corrupta, ha demostrado con su conducta ser enemiga de su propia ideología liberal. Mayoritariamente su militancia tiene que estar naturalmente en desacuerdo con estos “conductores”, que no han sido capaces de trascender sobre sus intereses personales, económicos y prebendarios.
Ahora pretenden, sin quitarse el disfraz y la máscara de “opositores”, presentarse como opción para el 2011 y llevarnos al terrible escenario de obligarnos a escoger entre dos males: el arnoldismo y el orteguismo.
Ante las inequívocas aseveraciones anteriores, basadas en su comportamiento histórico, este liberalismo ya no es ni debe seguir siendo una opción política para el presente y el futuro de los nicaragüenses.
Tenemos los diferentes sectores bien intencionados y representativos de las distintas corrientes de pensamiento: socialdemócratas, conservadores, socialcristianos, independientes, liberales auténticos y sandinistas demócratas, que construir una opción política nueva, distinta y mejor a las existentes. Una opción aceptable y compatible con los principios y valores del necesario cambio que la gente reclama y el país necesita.
Debemos formar una fuerza emergente con carácter estratégico y fundamentación programática, con una agenda social comprometida y sincera; que por sus propuestas, ideas y programas represente para el pueblo nicaragüense una verdadera alternativa y esperanza, impulsando con gran determinación una nueva forma de hacer política, sustentada en principios, y valores éticos y morales, y predicando con el ejemplo.
Hay que rescatar el concepto de una democracia útil y sana, que busque resolver los principales problemas de la gran mayoría. Nuestra misión debe ser convertirnos en la primera opción política de la mayoría de los nicaragüenses, con la visión de convertir a Nicaragua en una verdadera República democrática.