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En la isla los ciudadanos siguieron, a través de los diarios oficialistas, el caso más sonado de caídas abruptas del poder de funcionarios cubanos en las últimas dos décadas. (LA PRENSA/AFP/STR/ADALBERTO ROQUE)
Destituciones en el misterio
Caída de Pérez Roque y Lage sigue dando “tela para cortar” en Cuba, donde abundan las especulaciones
Destituidos publican cartas de renuncia reconociendo sus “errores”, pero no dan explicaciones de nada
Carlos Batista
LA HABANA/AFP
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Plan “Pijama”

En 50 años de gobierno comunista, numerosos son los funcionarios que han sido depuestos y enviados por un tiempo a la espera de una reubicación en puestos menores, lo que en lenguaje popular denominan “tronados” que están en “plan pijama”.

Sin embargo, casi ninguno de ellos escapó al exilio ni se pasó a la oposición. Sólo personas del entorno del poder, como el escritor Norberto Fuentes, o el ex jefe de despacho de Raúl Castro y ex diplomático, Alcibiades Hidalgo, emigraron.

Hombres de la talla de Humberto Pérez y Carlos Aldana, que también fueron miembros del selecto Buró Político del PCC y dirigieron en su día la economía o la ideología, respectivamente, hoy son funcionarios de bajo nivel.

El canciller Roberto Robaina, tras ser funcionario en el Parque Metropolitano de La Habana luego de ser destituido por “deslealtad”, se dedica a la pintura de caballete, al igual que el ex ministro Diocles Torralba, depuesto por “malversación”.

La destitución de dos de los más prominentes dirigentes de Cuba, el vicepresidente Carlos Lage y el canciller Felipe Pérez Roque quienes renunciaron a todos sus demás cargos, permanece en el misterio, sin que hasta ahora se conozcan públicamente las causas de la remoción y su futuro político.

Los documentos publicados hasta ahora: una nota oficial del Consejo de Estado (Ejecutivo) que anuncia 12 cambios en el Gabinete y las cartas de ambos en las que renuncian al resto de sus puestos, no dejan a los cubanos pistas de lo sucedido, pues ambos sólo hablan de sus “errores”.

Fue el líder cubano Fidel Castro quien en un artículo de prensa publicado el martes puso la nota grave pues, sin mencionarlos y reconociéndoles valor personal, dijo que se habían dejado tentar por el poder, y habían tenido “ambiciones” que los llevaron a jugar un “papel indigno”.

COMO UNA NOVELA

“Esto parece una novela por capítulos, con subtramas que aún no están claras. Los cubanos tenemos todo el derecho a saber lo que sucedió y a conocer cuáles son esos errores, sólo así podremos entender esta historia”, dijo a la AFP un joven universitario que prefirió el anonimato.

El más reciente caso de corrupción en las esferas del poder fue el de Juan Carlos Robinson, apartado del Buró Político del Partido Comunista (PCC) en 2006 y condenado a 12 años por tráfico de influencias.

SUPOSICIONES

En su carta de renuncia como vicepresidente y alto funcionario del PCC, Lage señala que seguirá fiel en su “nuevo puesto de trabajo”, lo que hace suponer que no se trata de corrupción ni tendrá implicaciones judiciales.

A numerosos cubanos les resulta muy difícil implicar al ex dirigente con problemas de ese tipo, pues tenía fama de estricto e intransigente.

“Me cuesta entender todo esto, porque tenía a Lage y a Felipe en un pedestal, fueron hombres que acumularon méritos y parecían entregados a la revolución”, dijo María López, una jubilada de 72 años.

Juan Carlos Hernández, un retirado de 63 años, dice que trabajó con Lage hace muchos años, cuando era dirigente de la juventud comunista, y lo recuerda como “un líder extraordinario, disciplinado, modesto, cabal”. “Quizás cometió algún error, pero no creo que haya traicionado”, afirmó.

El martes, algunos periodistas vieron a Lage con su sustituto, el general José Amado Guerra, en el Palacio de la Revolución; en tanto, Pérez Roque, quien hasta el lunes tenía en su agenda un viaje a Japón como Canciller, no ha sido visto públicamente hasta ahora.

Lo más cierto es que de momento nadie parece saber en La Habana si con la publicación de las cartas se cierra el caso y se deja desvanecer con el tiempo la nube de conjeturas que inunda la isla, o si habrá nuevos capítulos y revelaciones.

El opositor Manuel Cuesta Morúa hace una doble lectura del caso: “Estamos bajo un gobierno estalinista que siempre transfiere la culpa general a personas y los pone como chivos expiatorios” y a la vez envía un mensaje de que no se permiten “fisuras políticas dentro del Gobierno cubano”.

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