Hace pocos días el doctor Rafael Solís Cerda declaró con solemne seriedad que don Daniel Ortega es respetuosísimo de la independencia del Poder Judicial, contradiciendo de esta manera a la mayoría de la opinión pública, que cree que nuestro Poder Judicial es un instrumento político, en mayor medida, de don Daniel, y en menor medida, de don Arnoldo.
Para conversar sobre este tema me reuní con los analistas políticos de Acoyapa, residentes en Managua, pensando que son personas muy enteradas de lo que pasa en las interioridades de los centros nerviosos del poder político de este país. A manera de paréntesis, quiero aclarar que una cosa son los analistas políticos de Acoyapa, residentes en Managua, y otra cosa son los analistas políticos acoyapinos, residentes en Acoyapa.
Mis paisanos, residentes en Managua, me dijeron que no es cierto que el Poder Judicial sea un instrumento político de don Daniel o de don Arnoldo, ni de los dos juntos, y que tampoco es cierto que la Corte Suprema de Justicia se dedique a cumplir las órdenes que le manda don Daniel; que el doctor Rafael Solís, un brillante profesional del Derecho, que por principio odia la mentira, se limitó a declarar sencillamente la verdad y nada más que la verdad.
El presidente de los analistas políticos acoyapinos, residentes en Managua, expresó que todos los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, sin excepción, defienden la independencia del Poder Judicial, aunque debía reconocerse que en esta defensa hay magistrados más vehementes que otros, y agregó que se podría decir con seguridad que los magistrados más ardientes defensores de la independencia del Poder Judicial son Rafael Solís Cerda, Manuel Martínez Sevilla y Francisco Rosales Argüello, tal como se puede comprobar con sus constantes declaraciones a los medios de comunicación.
En este momento pedí la palabra y solicité a los presentes que hicieran un ejercicio imaginativo, que le dieran rienda suelta a la imaginación, y que se imaginaran cuál sería la reacción del doctor Rafael Solís si algún día el Presidente de la República se atreviera a hacer alguna sugerencia a la Corte Suprema de Justicia, sobre cómo deben resolverse algunos asuntos sometidos al conocimiento de ese Alto Tribunal. La respuesta fue unánime. Todos los presentes me dijeron que ellos se imaginaban que el doctor Rafael Solís —muy celoso de la independencia y dignidad del Poder Judicial— reaccionaría pegándole una gran “puteada” a don Daniel.
Seguidamente los analistas políticos de Acoyapa, residentes en Managua, aseguraron que no solamente el doctor Rafael Solís y los demás magistrados del FSLN tienen la más absoluta independencia para formar sus criterios jurídicos sino también los magistrados del PLC, y que tanto los unos como los otros siempre actúan con estricto apego a nuestra Constitución Política y demás leyes de la República.
Después de escuchar atentamente a mis paisanos, y siguiendo con el ejercicio de la imaginación, les pedí que me dijeran cómo se imaginaban ellos que sería la reacción del doctor Manuel Martínez Sevilla, si Arnoldo Alemán, por ejemplo, se atreviera a darle órdenes para que actuara dentro de la Corte Suprema de Justicia en determinado sentido. También la respuesta fue unánime. Dicen mis coterráneos que ellos se imaginan que la reacción del presidente de la Corte Suprema de Justicia sería violenta: se arrecharía hasta tal punto, por esta insolencia y falta de respeto, que no sólo le daría a Arnoldo Alemán una mayúscula “puteada” —como la que le daría el doctor Rafael Solís a Daniel Ortega— sino que sería capaz de pegarle hasta su “vergazo”.
Para finalizar el ejercicio de la imaginación, pedí a todos mis coterráneos que se imaginaran cuál sería la reacción del doctor Francisco Rosales Argüello, si en una reunión, en la que el doctor Rosales estuviera presente, don Daniel Ortega, en su discurso, se entrometiera en los asuntos internos de la Corte Suprema de Justicia. La imaginación de los asistentes a la reunión fue totalmente coincidente. Todos se imaginaron que el doctor Francisco Rosales Argüello, con una ira justificable, hasta sería capaz, siguiendo el ejemplo del famoso periodista iraquí, de quitarse los zapatos y tirárselos a don Daniel. En este momento todos los presentes se imaginaron a don Daniel, con la agilidad de George W. Bush, esquivando los dos proyectiles de cuero lanzados por el doctor Rosales.
No sé si la imaginación de los analistas políticos de Acoyapa, residentes en Managua, fue muy exagerada —en su vocabulario se nota que son menos educados que los analistas políticos de Acoyapa residentes en Acoyapa— pero utilizando el método interpretativo de la lógica simbólica, lo que mis paisanos quisieron dar a entender es hasta qué punto los tres magistrados mencionados están dispuestos a defender la independencia del Poder Judicial.
Los analistas políticos de Acoyapa, residentes en Managua, están de acuerdo con las declaraciones del doctor Rafael Solís, y por esta razón —me dijeron— son optimistas sobre el futuro de Nicaragua. Ellos dicen que en un país todo puede andar mal, pero habrá esperanza siempre que el Poder Judicial sea independiente y garantice, como en Nicaragua, la seguridad jurídica de todos los ciudadanos.