El cañón de Somoto ya tiene su área delimitada, pero continúa sin un plan de manejo que permita su conservación. /LA PRENSA/ ARCHIVO/G. FLORES
Delimitan cuatro áreas protegidas
Wilder Pérez R.
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Sitios expuestos por falta de demarcación

La isla Zapatera es un claro ejemplo de cómo la delimitación de las áreas protegidas juega un papel importante en su conservación.
Según informes del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), Zapatera tiene un plan de manejo obsoleto que necesita actualizarse, pero aún si esto se hiciera, no podría ser aplicado. Esto se debe a que la isla tiene serios conflictos de propiedad que, según el Marena, “bloquean cualquier posibilidad” de aplicar el plan de manejo. Un plan de manejo bloqueado en un área protegida significa que el sitio está expuesto a ser degradado con actividades de desarrollo no sostenible. Sin embargo, la delimitación no es sinónimo del fin de los problemas. Hay otras áreas protegidas que no tienen planes de manejo todavía, como el Monumento Nacional Cañón de Somoto, aunque sí se está trabajando en éstos. Un caso aparte es el de la Reserva Natural Laguna de Tisma, que tiene todo menos los fondos necesarios para conservar sus recursos naturales y aporte ambiental.

Las áreas pertenecen a Occidente y el Norte, pero son apenas una pequeña parte del total demarcado hasta hoy

Cuatro áreas protegidas fueron delimitadas recientemente, para mejorar el control ambiental sobre las mismas.

La Reserva Natural Complejo Volcánico Pilas-El Hoyo, la Reserva Natural Complejo Volcánico Momotombo, el Refugio de Vida Silvestre Estero Real y la Isla Juan Venado, y el Monumento Nacional Cañón de Somoto, ahora tienen límites definidos, por lo que se espera que los planes de manejo sean más efectivos ahora.

La delimitación de las áreas protegidas es importante, porque ayuda a definir el uso de suelo que se realizará, tanto en su zona núcleo como de amortiguamiento. Además, permite evitar el avance de la frontera agrícola o que los dueños de las propiedades hagan mal uso de los recursos naturales bajo el argumento de que no hay líneas establecidas.

Según el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), en la delimitación participaron los pobladores de las áreas protegidas, propietarios y gobiernos locales, para definir el establecimiento de mojones y rótulos.

El Marena no brindó detalles que permitan saber si el área de protección cambió de forma o tamaño.

EL CHOCOYERO-EL BRUJO PROVOCÓ DIFERENCIAS

Esto también es importante, porque las variaciones pueden afectar a municipios enteros, como ocurrió hace varios años con El Chocoyero-El Brujo.

Antes de que esta área protegida fuera delimitada con tecnología moderna, se creía que la mayor parte pertenecía a Ticuantepe, y por esto ese municipio se encargaba de cuidarla. Sin embargo, la delimitación real enardeció a sus habitantes, porque “descubrió” que El Chocoyero-El Brujo estaba más “cargado” hacia La Concha, y éste lo reclamó como suyo.

Después de disputas verbales y tranques en la carretera que une a ambos municipios, los gobiernos locales decidieron que Ticuantepe continuaría administrando el centro biológico del lugar, a la vez que reconocía que en realidad sólo le pertenecía la porción más pequeña del área protegida.

LA MAYORÍA DE ÁREAS NO TIENEN DEMARCACIÓN

Según los datos suministrados por el Marena, de un total de 72 áreas protegidas en todo el país, actualmente sólo 15 cuentan con una demarcación oficial. Seis de éstas están en Chinandega, cinco en Estelí, tres en León y una en Madriz.

Esta es una de las razones por las que parte de las áreas protegidas en el país sean disputadas por los ganaderos y madereros.

Estos grupos de productores reclaman constantemente “respeto” a sus formas de trabajo que normalmente consisten en exterminar los bosques y fuentes de agua, sin medir las consecuencias ambientales y económicas de sus acciones.

La delimitación de las áreas protegidas también servirá para darle mayor seguimiento al resguardo de los ecosistemas, ya que hasta ahora el número de guardaparques no pasa de cien dentro de estos sitios, lo cual es insuficiente para detener la degradación a la que los mismos habitantes las exponen.

Este es el caso de la Reserva Pilas-El Hoyo, donde sobrevive apenas un 11 por ciento de cobertura boscosa; a Momotombo le quedan tres especies de reptiles; y el Estero Real está sitiado por las camaroneras.

Estos son sólo algunos de los problemas que enfrentan las áreas protegidas, por falta de control en las zonas núcleo y de amortiguamiento y que entre todas conforman el 25 por ciento del territorio nacional.

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