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Managua, 28/11/2009 5:14 AM
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Aniversario de LA PRENSA y doble triunfo democrático
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Celebramos hoy el 83 aniversario de LA PRENSA, con la alegría de cumplir un año más de servicio a la verdad y la justicia, de defensa de la libertad y la democracia, de una existencia fecunda y digna, durante la cual hemos soportado airosamente las agresiones de gobernantes autoritarios e intolerantes, como los de ahora que impúdicamente confiesan que no quisieran dejar piedra sobre piedra de los medios de comunicación independientes.

LA PRENSA es como un Ave Fénix, que ha renacido de entre las cenizas y de las piedras de los escombros en que los enemigos de la libertad de expresión dejaron más de una vez sus instalaciones, pero no la pudieron destruir. Hemos sobrevivido y seguimos adelante, con la absoluta convicción de que LA PRENSA seguirá renaciendo cada día y todos los años, pues, como se dice en la página especial que publicamos hoy en saludo a nuestro 83 aniversario: “Estamos comprometidos con Nicaragua. Anhelamos un país en donde todos tengamos el derecho de expresarnos libremente y estamos seguros que nuestra Patria volverá a ser un referente democrático en el mundo. Hemos contribuido a ese esfuerzo durante 83 años y no descansaremos hasta lograrlo. (Porque) Nicaragua volverá a ser República”.

Ahora bien, este 83 aniversario de LA PRENSA, que en sí mismo es un triunfo clamoroso de la lucha por la libertad y la democracia en Nicaragua, lo celebramos no sólo con el natural regocijo de cumpleañeros, con la satisfacción por el deber cumplido y con el compromiso de seguir cumpliéndolo, al precio que sea. Lo celebramos también con la alegría que nos ha causado el doble triunfo democrático de las marchas cívicas que se realizaron el recién pasado sábado 28 de febrero, por la convocatoria y bajo el liderazgo de la Unión Ciudadana para la Democracia (UCD).

Es cierto que ese día la democracia fue otra vez brutalmente atropellada por el régimen de Daniel Ortega, quien mandó a sus turbas a atacar a pedradas y morterazos las manifestaciones cívicas y pacíficas del pueblo. La sangre que corrió el sábado pasado en distintos lugares del país, sobre todo en Chinandega, donde las turbas fascistas lesionaron a varias personas e hirieron gravemente en la cabeza, con un morterazo, al diputado del Partido Liberal Independiente (PLI), Luis Callejas, con la intención de asesinarlo, salpica al gobierno Ortega y aumenta la cuenta por la que éste tendrá que responder en su debido momento ante la justicia.

Pero lo más importante es que ese día hubo también un doble triunfo democrático; primero, porque las marchas se realizaron a pesar de las feroces amenazas del oficialismo y no obstante, que las turbas atacaron con piedras, garrotes y morteros a los ciudadanos demócratas pacíficos y desarmados. Inclusive, en algunos casos, como el de Managua, los marchistas vencieron físicamente a sus atacantes fascistas defendiéndose con las mismas piedras que les lanzaban.

Y segundo, porque el hecho de que el Gobierno mandara a sus turbas a atacar las marchas pacíficas de la sociedad civil y la oposición, significó un gran triunfo democrático, pues la comunidad internacional donante ha quedado muy clara de que Daniel Ortega no tiene voluntad para respetar los derechos humanos, ni para gobernar democráticamente; y de que, por lo tanto, no merece que se le descongelen los fondos externos de apoyo presupuestario. En este sentido tiene razón el dirigente opositor democrático, Edmundo Jarquín, coordinador de la Alianza MRS, al decir que el sábado pasado el gobierno de Daniel Ortega “perdió porque marchamos y perdió porque nos atacaron”, tal como reportó LA PRENSA en su edición de ayer. Ciertamente, las pérdidas de Daniel Ortega son ganancias democráticas.

La comunidad internacional debe seguir cooperando con Nicaragua, pero no por medio del financiamiento a un gobierno ineficaz, corrupto y antidemocrático, como es sin duda el de Daniel Ortega. Financiar al gobierno de Ortega no es ayudar a Nicaragua, sino lo contrario. La ayuda de la comunidad internacional debe ir directamente al pueblo nicaragüense que la necesita. El financiamiento externo debe ser a las obras y los programas sociales que ejecuta la misma sociedad en favor de la población más necesitada. Y de esa manera el mundo democrático le ayudaría también a las personas valientes que luchan por la libertad y la democracia en Nicaragua.

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