Al mejor estilo de las romerías con que se venera a un santo patrono, los empleados públicos fueron llevados ayer (Día del Padre), durante todo el día, al mausoleo del “padre de la revolución” sandinista, el comandante Carlos Fonseca Amador.
Las delegaciones formadas por cientos de trabajadores de ministerios, secretarías de estado, entes autónomos y organizaciones afines al gobernante Frente Sandinista desfilaron ante la tumba de Fonseca para celebrar el 73 aniversario de su natalicio.
Sin embargo, muchos de los asistentes desconocían el motivo de la celebración.
SIN SABER POR QUÉ
“Como traíamos corona, pensé que era el aniversario de su muerte, pero ahora ya sé que el día del padre era su cumpleaños”, dijo una trabajadora del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific).
Otros que dijeron ignorar por qué se encontraban allí fueron los estudiantes de los institutos nacionales Modesto Armijo y Manuel Olivares, de los colegios España y Nicarao y de la Escuela Normal Alesio Blandón, quienes prefirieron abandonar el lugar antes de responder las preguntas de algunos medios de comunicación.
Meyling Somarriba, secretaria de Cultura de la Federación de Estudiantes de Secundaria (FES), excusó a sus compañeros. “Todos sabemos que Carlos Fonseca dio su vida por la libertad, por la liberación de nuestro país; lo que pasa es que son tímidos, tienen pánico escénico”, afirmó la dirigente estudiantil.
EL TRABAJO ES SECUNDARIO
La mayoría de las delegaciones cumplió el compromiso partidario en pleno horario laboral. Sin embargo, consideraron que robarle al Estado un “par de horas laborales” para dedicárselas al “tayacán vencedor de la muerte”, no es nada en comparación con todo lo que él le dio a Nicaragua.
“Son dos horitas o menos y eso no es nada”, dijo una empleada del Instituto de Fomento Municipal (Inifom).
Sin embargo, las representaciones del Ministerio de Energía y Minas (MEM) y de Transporte e Infraestructura (MTI), del Nuevo Fise, la Procuraduría General de la República y el Instituto Nicaragüense de Deportes (IND) prefirieron usar la hora del almuerzo para cumplir con el compromiso.
HUBO PREFERENCIAS
Cuando le tocó el turno de acercarse al mausoleo, Mario Rivera, director del Instituto de la Juventud (Injuve), dijo: “Estamos construyendo la patria mejor que deseaba el comandante Carlos, con justicia social y sin discriminaciones”.
Una de las promesas del partido de gobierno ha sido eliminar las diferencias sociales, sin embargo hasta en ese acto las hubo.
Un grupo de oficiales de la Policía Nacional levantaba una lista de los asistentes, revisaba con un detector de metales las flores y hacía pasar con más agilidad a las delegaciones encabezadas por personajes conocidos como Edgardo Cuarezma, Nelson Artola o Emilio Rappaccioli. La espera del turno para las otras personas se alargaba un poco.
La representación de la Dirección General de Ingresos (DGI), aunque no fue acompañada por su director Walter Porras, demostró que contó con más recursos que otras.
Además de llevar unas de las flores más caras, se hicieron acompañar de un mariachi que por varios minutos hizo callar las notas del himno dedicado al comandante Fonseca, que sonaban una y otra vez en altoparlantes, para entonar unas cuantas rancheras. Al final, toda la delegación entonaba a todo pulmón las canciones El Rey y Amigo.
SEGUÍAN UN ESQUEMA
Cada grupo que visitó el mausoleo cumplió un rito establecido. Ingresaban, rodeaban el lugar, depositaban la ofrenda floral y las flores, se detenían durante unos minutos frente a la llama que adorna la tumba, agachaban la cabeza como si rezaran una oración y luego el grupo completo se colocaba al frente.
En ese momento, los divulgadores de las instituciones tomaban la fotografía de rigor, quizás por aquello de comprobar la asistencia. Posteriormente se retiraban en los vehículos de las instituciones, en los que habían llegado. Sólo algunas instituciones alquilaron buses particulares para ir hasta la tumba situada frente a la Plaza de la República.
Pero no faltó quien rompiera el esquema y fue la delegación del Ministerio de Transporte e Infraestructura (MTI). Este grupo, antes de ingresar al monumento debió escuchar durante un rato y bajo el inclemente sol del mediodía a uno de sus compañeros de trabajo que les ofreció una charla con detalles de la vida familiar, estudiantil y de lucha guerrillera del comandante Carlos Fonseca.
El último visitante fue el presiente Daniel Ortega, quien llegó por la noche acompañado por el indígena peruano asilado en el país, Alberto Pizango.