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Managua, 29/11/2009 4:21 AM
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El proceso de Managua
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En la historia se conoce como “Procesos de Moscú”, a los juicios criminales que la dictadura comunista de José Stalin montó en la extinta Unión Soviética, en los años treinta del siglo XX, contra un sinnúmero de personas que fueron condenadas a muerte, a prisión y al destierro, según cada caso, sin ningún respeto a las reglas del debido proceso.

Prácticamente todos los acusados en los Procesos de Moscú eran inocentes de los delitos que les imputaba el estalinismo. Pero fueron condenados, porque se oponían y criticaban al régimen comunista, porque pensaban de manera distinta al pensamiento oficial del Estado y del partido comunista, pero sobre todo porque Stalin padecía de la compulsión represiva y criminal que es característica de todos los totalitarios, sean fascistas, comunistas, populistas, nacionalistas, teocráticos o de cualquier otra clase.

Pierre Broué, doctor en Letras, educador e historiador francés, quien fuera militante del Partido Comunista de Francia, miembro de la Resistencia antifascista y después dirigente del movimiento comunista trotzkista, pero en todo caso crítico implacable de la represión estalinista, escribió en un libro titulado precisamente Los Procesos de Moscú, que: “Stalin sabía que era más fácil matar hombres que ideas, pero también que había que matar a muchos hombres para asesinar una sola idea. No escatimaba en las listas de ejecución que firmaba. Pero él era más sanguinario aún para golpear a los hombres a los que era incapaz de dominar en una discusión”.

Evocamos los Procesos de Moscú, que quedaron en la historia como una indeleble marca acusadora contra el totalitarismo comunista —así como el Holocausto lo es contra el totalitarismo nazi-fascista—, a propósito de que hoy comienza el “proceso de Managua”, que ha sido montado con el pretexto de los Cenis pero en realidad es para reprimir y sacar de la escena política al más importante rival de Daniel Ortega, como es el líder liberal democrático Eduardo Montealegre; así como también para castigar al director de LA PRENSA, Jaime Chamorro Cardenal, y por medio de su persona a la ultrajada libertad de expresión y de prensa en Nicaragua.

Por supuesto que este “proceso de Managua” no tiene la dimensión sanguinaria de los Procesos de Moscú. Pero no es por falta de deseos de los gobernantes orteguistas, pues si de ellos dependiera ya habrían acabado con todos sus adversarios y críticos, puesto que su intolerancia y compulsión represiva es la misma que la de todos los totalitarios. Como lo advirtió públicamente el 14 de junio de 2008 el Procurador del gobierno orteguista, Hernán Estrada, bastaría un llamado de Daniel Ortega a sus seguidores para que no quedara piedra sobre piedra de los medios de comunicación independientes; y como dijera en el oficialista Canal 4 de televisión, el 8 de julio de 2007, el asesor de Daniel Ortega en política exterior, Miguel D’Escoto —quien para vergüenza de la diplomacia democrática mundial está presidiendo el actual período anual de sesiones de la Asamblea General de la ONU—, si en los años ochenta hubiese sido legal en Nicaragua la pena de muerte, y si lo fuese ahora, “los de La Prensa se hubieran ido al otro mundo hace mucho tiempo”.

En realidad, independientemente de que se hubiera cometido delito o no en el caso de los Cenis, lo cual sólo podría ser demostrado por un tribunal imparcial y honesto, no por un juez y un fiscal orteguistas, lo que está absolutamente claro es que la acusación contra Eduardo Montealegre constituye un burdo montaje político, tal como lo han reconocido prominentes miembros del actual Gobierno incluyendo al presidente de la Contraloría. Y en el caso del director de LA PRENSA, don Jaime Chamorro Cardenal, se trata de una acusación absolutamente falsa y absurda que sólo puede caber en mentes enfermizas, totalitarias y estalinistas.

En un editorial de LA PRENSA publicado el 25 de enero de 1962 bajo el título: “¿Quieren callarme?”, con motivo de uno de los tantos procesos arbitrarios e injustos que fueron montados por el somocismo, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal dijo que todo lo malo que puede pasar en el mundo, ha pasado ya en nuestra desventurada Patria; que todo lo absurdo, lo antijurídico, lo injusto y lo cruel que ocurre en las sociedades descompuestas, se ha visto aquí. Y debemos agregar nosotros que lamentablemente se siguen viendo hasta ahora, bajo el actual régimen orteguista que heredó y empeoró las mañas represivas del somocismo. Así lo demuestra con el burdo proceso represivo de Managua que comienza hoy , el cual es una bofetada al rostro de la justicia.

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