La kinesiología es un término que proviene etimológicamente de las palabras griegas kinesós (que significa movimiento) y logos (estudio, tratado). Considerada por la medicina tradicional como una terapia natural perfectamente reglamentada, pero de carácter auxiliar en distintos tratamientos paliativos, quienes la practican y la defienden elevan la consideración a la categoría de la ciencia que estudia el movimiento humano desde una vertiente científica.
La base principal de la kinesiología es la interpretación del lenguaje corporal a través de los “propioceptores”, pequeños corpúsculos nerviosos diseminados por todo el organismo.
La búsqueda de esos puntos y su corrección mediante masaje muscular, manipulación de articulaciones y rectificación de malos hábitos posturales constituyen la base de esta terapia natural.
El argentino Ariel Joselovsky, experto en tratamientos del dolor y autor del libro Kinesiología, de reciente publicación –en España, Argentina y México-, asegura que nuestro cuerpo “vive en guerra desde que levantó la cabeza y eso ha traído consigo unos dolores posturales que se acrecientan por las tensiones que vivimos a diario y a cada instante”.
Dice también este especialista que esas tensiones que llevan a las patologías más habituales actualmente están “derivadas de la alteración de la postura”, por lo que él plantea la rehabilitación postural en conexión “con la gravedad terrestre”, porque “desde que nacemos hasta que morimos, esa fuerza afecta a nuestra evolución”.
Desde su época de reptil hasta que llegó a la postura bípeda actual, pasando por la de cuadrúpedo y semierecto, el humano evolucionó en función de llevar la cabeza lo más elevada posible, lo cual fue generando unos cambios posturales que iban a promover el desarrollo del individuo actual, añade Joselovsky.
En este proceso de conversión en bípedo, el cuerpo humano llegó así a producir verdaderas “guerras” entre las cadenas “miofasciales” –formada por músculos, ligamentos y envolturas-, en “sus dos tonos posibles, el neurológico y el mecánico, y la interacción entre ambos”, apunta en su libro este fisioterapeuta que es doctor en Kinesiología por la Universidad de Buenos Aires y reside en Madrid.
Con una experiencia de más de 20 años acomodando cuerpos afectados por las tensiones del mundo moderno, Joselovsky constata que “comprender individualmente las principales guerras en el cuerpo de un paciente es aprender el mapa de acción en el tratamiento para recuperar la postura”.
Y añade que esa recuperación, “acorde con la biomecánica natural que nos hace más eficientes y saludables”, se manifiesta a través de “la desaparición de los dolores, la disminución de la fatiga y el aumento de la capacidad de movilidad corporal”.
El kinesiólogo ha estudiado varios tipos de guerras dentro del cuerpo. Entre ellas, las que se producen como reacción dinámica de los desequilibrios corporales, las que brotan como reacción emocional y las que crean una patología.
“El verdadero problema se produce –dice- cuando estas guerras se perpetúan en el tiempo y se cronifican hasta el punto de transformar la plasticidad de las cadenas miofasciales, creando “formatos indeseables” que afectan a los tejidos”.
Llegado a este punto del conflicto, el cuerpo avisa y aparece el dolor, una sensación que, según Joselovsky, puede tener su génesis en palabras indeseadas que al “atravesar” el organismo pueden producir una lesión física.
El sistema nervioso reacciona ante esas palabras indeseadas remitiendo su alerta al músculo que aumenta entonces su electricidad y provoca un desequilibrio que desencadena y que da lugar a una “guerra tónica”, concluye el especialista.
George Goodhearth, quiropráctico norteamericano y pionero de la kinesiología, asegura por su parte que “todo músculo ofrece una respuesta débil cuando el sistema que debe alimentarlo (nervioso, sanguíneo, linfático, energético) se encuentra bloqueado o se halla sometido a estrés”.
Aunque el objetivo principal de la kinesiología es el tratamiento de los dolores físicos, optimizando posturas y recuperando el esquema corporal, también es aplicable en problemas clínicos tan dispares como insuficiencia respiratoria, enfermedades cardiovasculares, traumatología, ortopedia, medicina deportiva, afecciones neurológicas y geriatría.