Firmar o no el decreto. Ése será el dilema que tendrá que enfrentar Andrea Uribe ante la insistencia del ministro para cerrar un periódico, que supuestamente ha iniciado una campaña de desprestigio en contra del gobierno.
Corre el año 1998 y Uribe actúa apegada a las leyes. Su jefe, el ministro, aquel amigo de universidad al que ella ayudaba a pasar los exámenes, le lanzó un ultimátum: o consigue pruebas para cerrar el periódico La Razón, o queda despedida.
Se trata, entonces, de una trama tan real que se ve reflejada en la obra Deja que los perros ladren, dirigida por René Medina y que forma parte de un proyecto llamado Participación Ciudadana, que utiliza el teatro como vehículo de participación social.
“La obra está basada en una investigación social. Nos tomamos un mes para hacer la investigación porque es un tema muy delicado; sobre todo ahorita como está Nicaragua, tan polarizada”, expresó Medina, quien asegura que el objetivo no es culpar ni al gobierno de turno ni a los gobiernos anteriores, ni a ningún medio de comunicación.
¿LO HACE O NO LO HACE?
Pero ése no será el único problema que enfrentará Uribe. Su hijo Octavio ha abandonado sus estudios universitarios porque aspira llegar a ser un gran político; para ello ha comenzado a trabajar como asistente personal del ministro, sin que su madre se dé cuenta. Aunque tarde o temprano terminará por hacerlo.
Cuando Andrea ve que la situación está amenazando con destruir a su familia, toma una decisión y está dispuesta a hacer la denuncia pública.
Pero el ministro, aquel que alguna vez fue su amigo, va un paso adelante y logró vincularla en negocios no tan lícitos, por el que luego Andrea sería acusada e incluso iría a parar a la cárcel.
Durante la historia, los cinco personajes protagónicos tendrán lugar para poner a prueba su ética, o evidenciar la corrupción de la que son esclavos; cada uno persiguiendo intereses específicos a raíz de un mismo conflicto.
Ahí Octavio también se dará cuenta que el camino más ancho no siempre es el correcto; entonces, valiéndose de su puesto como asistente del ministro, logra conseguir las pruebas que condenan a aquel funcionario que alguna vez consideró aliado para iniciar su carrera política.
“Queremos que la gente reflexione, no queremos que cambie de mentalidad; simplemente que se lleve esa reflexión y que pueda debatir sobre pequeñas cosas (...), queremos que con pequeñas actitudes podamos cambiar y que entre todos podamos hacer grandes transformaciones”, aseguró el director.
JUGANDO CON LAS LEYES
Deja que los perros ladren es el reflejo de una sociedad en la que los dirigentes se valen de los vacíos legales para hacer que la ética y la corrupción actúen como dos niñas que juegan con espadas.
Aunque es una historia que ocurre en 1998, la obra puede ser tan antigua como actual; porque siempre habrá gente que quiera cumplir con la ley y otros más poderosos que quieren jugar con ella. Al fin y al cabo, es algo lógico que la Temis, aquella diosa griega que representa la justicia, siempre tenga los ojos cubiertos con una venda.