Triste y dolorosa ha sido la suerte de esos pobres ciudadanos, convertidos en rezadores fortuitos entre otras cosas por la voluntad maléfica presidencial, unos míseros platos de comida y doscientos (200) pesos.
El gobierno de Ortega se equivocó con los viejitos rezadores, por haberlos no sólo subestimado, sino también contratado y engañado por intermediación de sus delincuentes políticos. Y sin querer queriendo le salió el tiro por la culata, pues exhibió de forma putrefacta la execrable imagen de su anacrónico régimen. Entonces los rezadores engañados y despedidos no sólo denunciaron la malévola patraña, ahora fueron todavía más allá, contra los incumplimientos de su empleador. Se le plantaron en huelga de hambre, le sitiaron su sacrosanto refugio partidario-gubernamental y demandan el pago gubernamental de sus rezos.
Para este gobierno ¡no hay rezo, que valga! Han vociferados furiosamente esos desmovilizados y desempleados rezadores gubernamentales. Ancianos curtidos por el sol y en el presente enardecido contra sus organizadores y responsables de la más asquerosa, repudiable y sufrida pesadilla pagana, padecida en tiempos modernos por ciudadanos necesitados, en su propia patria. Ellos son utilizados asquerosa y desgraciadamente por un gobierno abusador e indigno que pasará a la historia como el vulgar promotor de cosas raras e inverosímiles acontecidas en Nicaragua. Semejante paganismo es una muestra de burda instrumentalización de la fe. Esa cosa maléfica y antirreligiosa tenía que terminar en degeneración. Al igual que muchos centros paganos erigidos en la Antigüedad: en simples huellas del paganismo.
Lastimoso fue presenciar el desfile en las rotondas de muchos ancianos pobres, hambrientos y necesitados en una rara romería más parecida al cumplimiento de una deuda pagana, rezando por un peso, que a la expresión religiosa, cristiana y desinteresada por manifestar su fe en Dios. Está clarísimo que fueron engañados por expertos embaucadores, manipuladores y conspiradores, quienes inescrupulosamente al contratar a estos necesitados ciudadanos cometieron una aberrante demostración de la enorme degradación moral con la que están hechos, aunque al mismo tiempo terminaron de mostrarse tal y como los hemos conocidos. Los mismos irrespetuosos materialistas de siempre, que no solamente no han cambiado, sino que además son capaces de cometer las peores tropelías que nos podamos imaginar. Y con este acto, nos confirmaron que no son ni creyentes ni cristianos, mucho menos que quieran y tengan compasión por su pueblo, al que dicen defender persignándose hasta con los dedos de los pies.
Estos señores orteguistas, con asombrosa felonía podrán engañar a los hombres, como la historia lo ha registrado sin ninguna equivocación, pero no a un Dios iluminado. Que no necesita que en su nombre se pague para adorarlo y peor que cobren por una oración, plegaria o rezo. A esos rufianes enemigos de la fe que se les ocurrió esa degradante idea, pretendieron desafiar y violentar las bases de la religiosidad nicaragüense, a las autoridades religiosas y a la Iglesia, atropellando la idiosincrasia popular, que respeta grandemente las bases y principios de su cristiandad.
Solamente en las mentes de los operadores políticos del orteguismo, retorcidos y atiborrados por maldad y la vagancia, se pueden producir estas cosas. Las que por su mismo peso se incrustan bienaventuradamente en los archivos de la memoria colectiva para no olvidarse nunca jamás. Barbarismo político del gobierno del señor Ortega, cosa descabellada que todos esperamos que no se vuelvan a repetir. Ese macabro Fausto, personaje copiado que simboliza la posición oficial del Gobierno, que no actúan por ninguna ficción ni inspirado en las obras literarias y musicales del siglo XV y el siglo XVI. De Johann Wolfgang von Goethe. Estos señores actúan queriendo cambiar la realidad, proclamando que habían comprado las almas de los rezadores, como quienes venden sus almas al diablo para obtener poder. Nos dolió y partió el corazón ver cómo fue inmisericordemente utilizada esta pobre gente en las rotondas. El desfile de ancianos miserables, hambrientos y enfermos pagados para rezar. Hay que hacer algo por detener a estos canallas que diariamente producen todo tipo de inventos, para que ocurran cosas que nos dejan perplejos.
Se fueron los rezadores, pero quedaron usurpados los árboles navideños, es decir aún el mal perdura en las rotondas. ¡Esa gente no ha cambiado!