/LA PRENSA/Bismarck Picado
“Costa Rica, Miami… ¿Por qué no?”
Elba Cristina Parrales
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Israel Romero, 32 años Propietario de Latenic (ladrillos y tejas de Nicaragua)

Israel Romero compartía juegos y aventuras con sus cinco amigos en el barrio Loma Linda. Cuando tenían 12 años, prometieron compartir el resto de sus vidas y profesiones con el fin de ayudarse entre ellos.

Trabajando en una panadería es como Israel, un hombre moreno, recio y con voz ronca ahora de 32 años, empieza fortalecer su espíritu emprendedor. Es así que don Orlando Meza, el dueño de la panadería de su barrio le enseña a hacer pan, a cortar café, elotes, a sembrar frijoles, a tapiscar, incluso a manejar.

Romero aprovechó al máximo sus estudios en Ingeniería Civil en la Universidad de Ingeniería, para empaparse de conocimientos y llevar a cabo los consejos de sus maestros, quienes le inculcaban que el ingeniero tiene que ser fuente no buscador de empleo. “Partiendo de esa tesis, es cuando me doy cuenta que, ya sembré un árbol, ya leí un libro, pero ¿qué más estoy haciendo?” se preguntó Romero. Trabajando en una organización no gubernamental en el área de construcción, decide ocuparse en un proyecto que en el futuro será el responsable del sustento en su hogar.

“Hice varios estudios de posgrado en Costa Rica, enfocados a la formación y evaluación de proyectos que tienen que ver con la Administración de Recursos y otros cursos libres. Ahí conocí a mucha gente dentro del rubro de la construcción que me decían que en ese país había un mercado muy bueno que traía de Nicaragua cerámica en acabados rústicos. Despertó mi curiosidad”, comenta Romero.

En el 2007, Israel decidió que lo que haría por el resto de su vida, no podía pasar inadvertido. Concibió que la vida no es sólo crecer, reproducirse y morir. “Entendí que era el momento de cimentar las bases y hacer cálculos, estudios de mercado, y lo que fuese necesario para formular mi propio proyecto. Mientras estudiaba en Costa Rica, hacía mis estudios comerciales. Los fines de semana, mis compañeros de curso salían y se distraían, pero yo visitaba a los proveedores y a los consumidores para conocer el mercado de ladrillos”.

“Cuando viajaba a León o a Chinandega, pasaba por La Paz Centro observando la producción de ladrillos y tejas, pensaba que si yo viviendo en Nicaragua, teniendo la capacidad y los contactos de transporte y con la agencia aduanera, yo puedo ofrecer y darlo a un mejor costo a los consumidores en Costa Rica sin que ellos vengan a traerlo”.

Durante el 2008 Israel consolida la base y estructura su proyecto. Ya tenía los análisis financieros y técnicos, buscó certificación de laboratorio de la UNI, tenía los datos, utilizaba la teoría aprendida a través de los postgrados y analizaba la viabilidad en el mercado, ventajas y desventajas. Hace sus primeros ensayos.

“Mientras trabajaba sabía que iba a llegar el momento que tenía que partir de ese trabajo. Lo que quería era salir al mercado no a mostrar mi currículo, sino a ofrecer mis capacidades”, opina Romero. Israel tenía su proyecto en la mente y en papel. Lo único que lo detenía para arrancar con el proyecto eran los flujos, el dinero.

“Me doy cuenta que para hacer una inversión de 54 mil dólares, yo no tengo nada. Sabía que ir al banco a pedir préstamo era muy difícil porque era apostar por algo que no tenía mucho respaldo. Lo único que tenía era una camioneta que valía 3 mil dólares y una moto de mil dólares. Pero lo que me da alerta verde para continuar es que mi estudio reflejó que por cada dólar que iba a invertir, tendría una ganancia del 31%, que iba a retornar sobre mi inversión. Es decir que podía mercadearme solo”.

Israel había cumplido la etapa de preparación. Estaba a punto de iniciar la etapa de operación y empieza a desarrollar la espinar dorsal de su trabajo. El internet. Su venta la realizaría mediante un diseño que permita hacer la compra de ladrillos y tejas a través de la página web desde Costa Rica.

“No quise que mi trabajo fuera nacional, porque cualquiera agarra una camioneta y lo carga en la Paz Centro y se lo lleva, mientras que en Costa Rica hay mejor mercado y no cualquiera agarra su vehículo y lo carga. Mi mercado es allá, bajo esa mecánica, investigué cuánto me costaría hacer mi página web”.

En enero de este año, despiden a Israel de su trabajo. Durante un año aproximado, había destinado todo su salario al proyecto Latenic. Se queda sin recursos y vende su camioneta y su moto. Agarró su liquidación y la invirtió en el proyecto para ponerla a funcionar. Cinco meses después, la página está completa con todas las certificaciones necesarias. Hace una semana que Israel entró en operación.

Durante todo el proceso de formulación del proyecto, Israel tuvo varios obstáculos, entre ellos la negativa del banco, los contactos en Costa Rica y muchos en Nicaragua no lo quisieron acompañar con su sueño.

No había conexión de Internet en su hogar. Muchas amistades le decían que se había puesto a hacer este proyecto en el peor momento a nivel mundial, pero nunca perdió la fe y su esposa Yamileth Campos, una joven de 24 años es quien le da la fortaleza y el ánimo que pierde a veces.

“Mi esposa tiene una visión inmensa en cuanto a lo que estoy desarrollando, ella posee capacidad intelectual y ha desarrollado un apoyo sentimental el cual agradezco mucho. Con respecto a lo que me decían mis amigos, nunca me desanimó, porque la crisis económica por la que estamos pasando la veo como una oportunidad para hacer mejor las cosas. Si pensara como ellos, aún estuviera lamentándome por haber perdido mi trabajo anterior”.

El primer año para Latenic es decisivo para saber si se consolidará como una empresa. Junio es el mes del lanzamiento virtual, pero Israel espera que a más tardar en julio ya tenga su primera venta. “Estoy publicitando mi página web a través de las páginas amarillas, cartas a proveedores, contactos de mis amistades, entre otros. Todo por vía Internet”. Comenta Israel quien habla emocionado por haber logrado arrancar con su proyecto.

El mercado de Israel es Costa Rica, pero su meta es Miami. Ya está contactando a clientes por medio de amistades. “En ambos lugares el material es cotizado por ser natural y por ser de acabado colonial. ¿Quién dice que no puedo llegar más allá?”, se pregunta con gran ilusión.

Israel tiene otras metas en mente. Entre ellas, emplear a sus amigos de la infancia que un día lo acompañaron en sus aventuras. Asimismo heredar Latenic a uno de sus familiares, pero a la vez trabajar y consolidar otro proyecto.

Israel Romero dice que el día más feliz de su vida será, cuando esté bajando de un avión viniendo de Costa Rica con su primer cheque en mano, se lo mostrará a su esposa y le dirá, “Si se pudo”.

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