Hay cosas que como dice una canción del cubano Silvio Rodríguez, “no es lo mismo pero es igual”.
Cuando uno habla de la situación de Nicaragua es una constante que en algún momento de la conversación va a saltar la frase: “Lo que pasa es que si no se unen estamos condenados a que el orteguismo siga gobernando”. La inmensa mayoría de la gente cuando se refiere a los que deben unirse está hablando de las personas que lideran las dos facciones liberales, que juntas en elecciones libres siempre han acumulado una cifra cercana al 50 por ciento de los votos de los nicaragüenses. Llegando a veces hasta el 54 por ciento, pero ahora que se han dividido en dos facciones, ninguna tiene suficientes votos para vencer a la base orteguista.
Si se saca por simple aritmética pues está claro, uno de los pasos que hay que dar (no el único, que quede claro) para salir del orteguismo es que los liberales (léase Eduardo Montealegre y Arnoldo Alemán) se unan. Pero la política no es sólo aritmética y como dije en una columna en febrero pasado, estas dos personas tienen, como los matrimonios que terminan en divorcio, “diferencias irreconciliables”. La principal es que los dos quieren ser presidentes en el 2011, o sea ocupar el mismo espacio al mismo tiempo, y eso hasta por las leyes de la Física es imposible.
Tal vez nos estamos equivocando en el objetivo clave. Tal vez el objetivo clave no es buscar “la unidad”, porque para alcanzarla como está planteada uno de los dos tendría que declinar su ambición o tendríamos que fusionarlos en un solo cuerpo; y tal vez la fusión sea más fácil que lograr que alguno decline su deseo de ser presidente.
Otro problema que veo con la búsqueda de la unidad es que ésta se haría entre cúpulas. Porque hay algo de lo que no podemos tener duda, al menos el 62 por ciento de los votantes nicaragüenses no quiere para nada al orteguismo. Entonces la unidad entre los ciudadanos ya está dada, lo que faltaría es la unidad entre las cúpulas y eso conlleva a componendas, zancadillas, “puñaladas” y todas las artimañas.
Entonces, si hay suficiente gente unida en el propósito de derrotar al orteguismo, ya ese tema de la unidad es capítulo cerrado, lo que hace falta es crear un solo cauce para que los nicaragüenses pasen por ahí hacia la derrota cívica del orteguismo. En otras palabras, no es la unidad lo que debe buscarse, sino un solo candidato. Por eso digo que no es lo mismo pero es igual, al final.
Un solo candidato se logra a través de elecciones primarias entre Montealegre y Alemán, que podrían efectuarse, por decir una fecha, en febrero del próximo año. El que resulte ganador es el líder del partido y próximo candidato presidencial.
Esas primarias no pueden ser “a la zumba marumba”, deben tener reglas claras: padrón cerrado, por ejemplo, y supervisión idónea, tal vez la de la Internacional Liberal. Además, el partido liberal unido resultante de esa elección debe tener una representación proporcional de ambas corrientes, de pies a cabeza.
¡Ah, pero eso es caro! Pueden alegar. Y es cierto. Sacudirse al orteguismo no va a ser barato. Habrá que bolsearse y sacar dinero, los liberales y todos el que quiera librarse del orteguismo.
¿Cuánto puede costar ese proceso? ¿Cuatro o cinco millones de dólares? ¡Por favor!
El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, le dio al orteguismo el año pasado 457 millones de dólares. Si la oposición no puede recoger el uno por ciento de esa cantidad para enfrentarlo mejor apaguemos la luz, cerremos la puerta y busquemos para dónde agarrar.