Aviones de la Fuerza Aérea Brasileña avistaron ayer una silla de avión, pedazos blancos que posiblemente corresponden al fuselaje, una boya naranja y un tambor, además de manchas de aceite y de queroseno, sobre la zona del océano Atlántico donde desapareció el vuelo 447 de Air France con 228 personas la madrugada del lunes.
“No hay dudas” de que los restos hallados en el mar pertenecen al Airbus desaparecido, dijo ayer por la tarde el ministro brasileño de Defensa, Nelson Jobim.
Jobim dijo en conferencia de prensa que dos Hércules de la Fuerza Aérea detectaron en alta mar “una franja de cinco kilómetros de restos de avión”, y que ello “confirma que la aeronave cayó en ese sitio”.
Al ser consultado sobre si los restos detectados pertenecerían al Airbus A330 de Air France, Jobim respondió: “Son del avión, no hay dudas”.
Ayer en la madrugada, un avión R99 había detectado señales electrónicas que indicaban material flotando. Ya en la mañana, una aeronave confirmó visualmente que había pedazos (incluyendo una butaca de avión) en el agua.
Poco después otras aeronaves hallaron “una franja que se extiende por cinco kilómetros con restos. Son cables y elementos que componían la aeronave”.
SUEÑOS DESTRUIDOS
Dos días después de la desaparición del avión, los testimonios sobre las vidas y sueños truncados por el siniestro del vuelo Río de Janeiro-París se multiplicaban en internet y en la prensa.
Lucas Gagriano, de 24 años y único brasileño entre los 12 tripulantes del A330 de la aerolínea francesa, regresaba a París tras asistir al funeral de su padre quince días antes.
Después de acompañar en el duelo a su madre embarcó en servicio en el vuelo AF447 que desapareció el domingo cuando volaba hacia París, relató un familiar cercano, que no se identificó. La madre de Gagriano está “destrozada” por las dos pérdidas en la familia en menos de quince días, agregó.
DE LUNA DE MIEL
La joven médica, Bianca Machado Cotta, y su flamante esposo, el abogado Eduardo de Melo, volaban rumbo a su luna de miel en la capital francesa, que los brasileños consideran la ciudad de los enamorados. La foto de boda publicada en internet los muestra sonrientes y esperanzados, en pleno festejo que reunió a más de 500 invitados el sábado en el Yacht Club de Niteroi, ciudad ubicada frente a Rio de Janeiro, al otro lado de la bahía de Guanabara.
“Es difícil de creer. Bianca venía de celebrar una boda de ensueño”, dijo un amigo al diario Globo.
El director de orquesta y ex director artístico del teatro municipal de Río, Silvio Barbato, de 50 años, estaba en la cúspide de su carrera y viajaba rumbo a Europa para comandar la batuta en dos óperas en Kiev. Y Luiz Roberto Anastacio, de 50 años, volaba a París para una reunión en Michelin tras ser promovido al frente del fabricante francés de neumáticos para Latinoamérica.
En contraste con la tragedia de tantas vidas truncadas, algunas historias “milagrosas” muestran la cara de quienes “nacieron de nuevo”.
Bianca Igrejas y Rodrigo Motta, otros recién casados, habían decidido prolongar su fiesta de bodas y postergaron la luna de miel 24 horas, lo que evitó que embarcaran en el Airbus desaparecido. Lloraron de alegría, dijo la pareja al diario O Dia al contar cómo se salvaron.
Otro pasajero que se identificó únicamente como Mauricio se había presentado en el mostrador de Air France con el pasaporte vencido y no pudo volar el domingo por la noche. La frustración y cólera consigo mismo por el descuido se transformó “después en enorme alivio”, dijo.
En el vuelo AF477 Rio-París de la aerolínea francesa viajaban 228 personas de 32 nacionalidades, entre ellos 72 franceses, 59 brasileños, 26 alemanes, dos españoles y un argentino.
Un equipo de Air France de 17 voluntarios franceses que hablan portugués llegó ayer para ayudar a las familias de los pasajeros del desaparecido avión, dijo la directora de la aerolínea en Brasil, Isabelle Birem.