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Managua, 27/11/2009 3:43 PM
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En mayo pasado empresarios, sindicatos y la Ministra del Trabajo, Jeanette Chávez, firmaron de forma unánime el ajuste del salario mínimo mensual para nueve sectores económicos. ( LA PRENSA/M. LORÍO)
Protección del empleo demanda más acciones
Sindicatos y empresarios han logrado al menos cuatro grandes acuerdos para “proteger el empleo”, y para lograr mejores resultados la agenda exige más
Mario José Moncada
economia@laprensa.com.ni
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Acuerdos paso a paso

A continuación los principales acuerdos entre los empresarios y el sector sindical.

14 de marzo de 2009: La Corporación Nacional de Zonas Francas, empresarios del ramo y centrales sindicales, firmaron un acuerdo de Emergencia Económica y Laboral para “la estabilidad laboral y la defensa al empleo”, que como principal medida establece un aumento este año del 8 por ciento del salario mínimo mensual y del 12 por ciento para el 2010, mientras que el alza para el 2011 estará sujeta a una revisión futura.

8 de mayo 2009: La Empresa Arnecom, fabricante de Arneses automotrices, anuncia que decidió en conjunto con sus trabajadores y sindicatos, “una alternativa favorable” para preservar más de 1,900 fuentes de empleo, mandándolos a “descansar” por un máximo de dos meses, con la mitad de su salario mensual.

14 de mayo: La Comisión Nacional del Salario Mínimo, integrada por el Gobierno, sindicatos y empresarios, acuerda un ajuste de la paga mínima mensual del 8 por ciento para las Pymes, 11 por ciento para la pesca, minas, manufacturas, electricidad, gas y agua; comercio, restaurantes y hoteles; transporte, almacenamiento y comunicaciones; construcción; establecimientos financieros y seguros; servicios comunitarios, sociales, domésticos y personales; y 13 por ciento para el campo.

29 de mayo: Las tres mayores centrales sindicales del país: la Central Sandinista de Trabajadores (CST), la Confederación de Unidad Sindical (CUS) y la Confederación de Unidad Sindical Autónoma (CUSA), declararon su total respaldo al Grupo Pellas, propietario de la Compañía Licorera de Nicaragua y de Nicaragua Sugar Estates Limited, ante la campaña que está realizando la Unión Internacional de los Trabajadores de la Alimentación (UITA), contra ambas empresas y algunos productos que fabrica y exporta.

Las relaciones entre los sindicatos y los empresarios han estado marcadas, en lo que va del año, por al menos cuatro grandes acuerdos y muestras de apoyo mutuo “para preservar el empleo” ante la actual crisis económica mundial y la coyuntura nacional. Para unos se trata de decisiones obligadas y acertadas, aunque otros cuestionan la pasividad de la dirigencia sindical frente al gobierno sandinista, del que históricamente ha sido aliada, para exigirle que haga más.

Por ahora, parecen estar tranquilas las regularmente “turbulentas relaciones” obrero-patronales, luego que ambos sectores firmaran un particular acuerdo salarial para las zonas francas y un ajuste del nuevo salario mínimo nacional; además del apoyo de tres de las mayores centrales sindicales del país al Grupo Pellas, hace una semana, y la decisión de Arnecom, una empresa de zona franca, de mandar a “descansar” a casi 2,000 trabajadores, tras lograr un trato con ellos.

Para Javier Chamorro, director ejecutivo de ProNicaragua, la agencia de promoción de inversiones, los recientes acuerdos “son sumamente positivos y demuestran que existe una voluntad común de proteger el empleo y apostar al desarrollo económico en nuestro país, especialmente en medio de la crisis económica mundial”.

“La coordinación de las acciones entre los diversos sectores es esencial para poder enfrentar los retos actuales. Acuerdos como éstos demuestran cómo los nicaragüenses estamos enfocados en trabajar por nuestro país, a la vez que envían un mensaje positivo hacia el exterior en cuanto a nuestra capacidad de buscar soluciones mediante el diálogo y el compromiso de los diversos sectores”, señala.

CONSOLIDAR PROCESO

Edmundo Jarquín, coordinador del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y ex funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), señala que se deben consolidar estas nuevas relaciones obrero-patronales, tras recordar que “es parte de una cultura que se está viendo en otros países para enfrentar la recesión y la crisis”.

“Creo que es la manifestación de la solidaridad gremial más importante que puede haber. Es preferible para un país más empleos, con menos salarios, que menos empleos con mejores salarios”, indica.

“Si esa cultura se consolida en Nicaragua, creo que es de las mayores contribuciones que se pueden hacer para que este país salga de la pobreza”, valora Jarquín.

No obstante, cuestiona el poco aporte de la Administración del presidente Daniel Ortega. “No he encontrado por parte del Gobierno del presidente Ortega ni una sola medida anticrisis, exceptuando el respaldo (a través del Ministerio del Trabajo) a la moderación salarial en la última revisión que se hizo del salario mínimo”, afirmó.

Sindicatos, Gobierno y empresarios terminaron firmando a mediados de mayo un acuerdo para ajustar la paga mínima mensual en 13, 11 y 8 por ciento, según el sector económico. En ese sentido, el salario mínimo promedio mensual asciende hoy a 2,486 córdobas, aunque el valor de la canasta básica ronda los 8,391 córdobas, según la más reciente estimación del Instituto Nacional de Información para el Desarrollo (Inide), antes INEC.

PASIVIDAD SINDICAL

Para el economista Alejandro Arauz, los recientes acuerdos entre sindicatos y el sector privado son “una medida extrema de conciliación de las fuerzas sindicales, de aliarse con sus patrones a consecuencia de los efectos de la crisis y los problemas de gobernabilidad, democracia y expulsión de la ayuda solidaria de la cooperación extranjera que por muchos años ha estado apoyando a Nicaragua”.

Arauz recuerda que “la mayor parte de la dirigencia sindical es afín al actual Gobierno y en lugar de presionarlo se une en alianza con su enemigo de clase para tratar de mitigar esos efectos y recibir migajas”.

“Los dirigentes sindicales actuales, en su mayoría, son proclives al Gobierno y están demostrando en primer lugar su incapacidad de liderazgo y han desorientado a los trabajadores de sus verdaderos y justos intereses estratégicos. Hay varias razones de por qué el movimiento sindical puede lograr más apoyo del Estado, pero no quieren presionar al Gobierno por razones de convivencia política, afinidad y entreguismo”, sostiene.

Por ejemplo —se pregunta Arauz— ¿por qué los sindicatos no presionan para que los fondos Alba, que genera el acuerdo petrolero con Venezuela, sean incluidos en el Presupuesto General de la República? Sería para que “surjan programas de protección social y mitigación a los trabajadores desempleados en general”. Y Además, ¿por qué no presionan por un Estado de Derecho, gobernabilidad y respeto de los valores democráticos para que la ayuda externa contribuya, en estos momentos de crisis, a mitigar los efectos.

Luis Barbosa, secretario general de la Central de Trabajadores José Benito Escobar, califica como “acertados para la estabilidad laboral” los “pasos” que dio la dirigencia sindical al cerrar los acuerdos de ajuste salarial en las zonas francas y en el seno de la Comisión Nacional del Salario Mínimo.

A su juicio, aunque en el sector de las zonas francas se han perdido alrededor de 2 mil empleos este año (7,831 entre enero y abril, según Anitec), esta pérdida hubiese sido mayor, como ha ocurrido en Guatemala, Honduras y El Salvador, si no hubiese sido firmado el Acuerdo de Emergencia Económica y Laboral.

“Está funcionando la Comisión Tripartita, conformada entre empresarios de las zonas francas, sindicatos y el Ministerio del Trabajo (Mitrab) para ver algunos problemas, porque no dejan de haberlos, como la necesidad de establecer comisariatos para ofrecer a los trabajadores productos a menor costo que los que existen en supermercados y mercados”, refiere.

Barbosa sostiene que el acuerdo tripartito logrado en la Comisión del Salario Mínimo fue “histórico, no el mejor del mundo, pero por primera vez hubo un acuerdo entre sindicatos, Gobierno y empresarios”.

No obstante, admite que aún con ese acuerdo “Nicaragua sigue teniendo salarios de miseria que, precisa y paradójicamente, hacen al país competitivo”.

Sobre las críticas de la falta de beligerancia sindical, admite que es cierto, en especial cuando se trata de exigirle a los poderes del Estado, como la Asamblea Nacional, aprobar en tiempo y formas leyes como el Presupuesto General de la República, que fue aprobado con tres meses de retraso y que, a su juicio, no permitió ejecutar obras de construcción que pudiesen haber generado puestos de trabajo durante la época seca.

En cualquier caso, los acuerdos citados entre sindicatos y empresarios “deberían replicarse en otros sectores económicos, promoviendo la estabilidad laboral y económica en el país”, reitera Javier Chamorro, director ejecutivo de ProNicaragua,

“Si bien es cierto que las empresas están enfrentando tiempos difíciles, es indispensable que hagan los esfuerzos necesarios para conservar el empleo, no sólo por el factor humano, que es lo principal, sino también porque desde el punto de vista económico, al perder a sus trabajadores se pierde la experiencia acumulada en cada uno de ellos sobre la compañía, lo que podría afectar el desempeño de la organización”, indica.

PRODUCTIVIDAD

No obstante, subraya que establecer acuerdos, que fomenten la estabilidad laboral y económica, es un primer paso para afrontar la crisis económica mundial y asegurar que la economía nicaragüense continúe avanzando.

Pero también “existen otros factores en los cuales el Gobierno y el sector privado pueden trabajar conjuntamente, como son el desarrollo de nuestro capital humano para elevar sus capacidades y aumentar la productividad, así como en la promoción de nuevas fuentes de financiamiento, nuevos mercados internos y externos para nuestros productos y la agilización de los procesos de negocios”.

“Todos éstos son factores claves para lograr empresas más sólidas y competitivas, preparadas para convertir los retos del mercado en oportunidades”, sostiene el director ejecutivo de ProNicaragua.

Hasta el cierre de esta edición no fue posible obtener una valoración de los principales gremios empresariales de Nicaragua, ni del Mitrab.

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