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Managua, 27/05/2012 10:04 PM
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(LA PRENSA/AMÉRICA ECONOMÍA)
La ecuación entre Estados Unidos y Cuba
Aunque el clima entre Washington y La Habana está más despejado, el fin del embargo parece una meta muy lejana
Antonieta Cádiz
Washington
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La apuesta del pueblo cubano

Otra clave en la ecuación, entre un eventual restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, es lo que quiere el pueblo cubano.

Actualmente la isla posee cerca de 12 millones de habitantes, de los cuales cerca del 57 por ciento son menores de 35 años, personas que crecieron en el sistema de república socialista, pero que no tuvieron que luchar por él.

La antropóloga Katrin Hansing, directora asociada del Instituto de Investigación sobre Cuba de la Universidad de Florida, ve la situación de los jóvenes como una “bomba de tiempo”.

“No les interesa el discurso oficial, no creen en nada ni nadie. Quieren irse del país y si no pueden, tratan de evadirse por medio de drogas y alcohol”, dice.

Esta analista asegura que una variable clave es la convicción general del pueblo cubano, de que viven en una nación soberana y que no quieren que “los gringos” se metan en la isla, sobre todo a nivel político.

“Es peligroso pensar que el cambio vendrá de afuera. Ojalá que venga de Cuba misma. Si se presenta desde el exterior con mucha presión, la dinámica entre ambos países tendrá un carácter muy negativo”, explica Hansing.

Desde dentro o afuera, lo cierto es que en Washington hay grandes expectativas con Cuba, subraya.

En vivo desde Cuba, la voz de Miriam Espinoza, fundadora del grupo Damas de Blanco, se escuchaba en una de las salas del Capitolio.

“El embargo y las restricciones de viaje y envío de dinero han sido el argumento perfecto para que el Gobierno cubano justifique todo lo que está mal. Que se abran las puertas, que una persona venga, entre, hable, producirá cambios”, decía firme y decidida, mientras cerca de 11 legisladores de la Cámara Baja y una sala repleta de periodistas la escuchaban.

Miriam tiene razones para hablar. No sólo ha vivido la falta de libertad de opinión, prensa y reunión por parte del Gobierno cubano, sino también el encarcelamiento de su marido, Óscar Espinoza, un disidente político.

Las caras de congresistas como el demócrata Bill Delahunt o el republicano Jeff Flakes parecían asentir a las palabras de esta cubana. Sin embargo, cuando se tocó el tema de terminar el embargo, el ambiente cambió.

“Apoyamos la eliminación de las restricciones para viajar. El embargo es otro tema”, dijo Delahunt.

La misma posición parece primar en el Senado, aunque legisladores como Chris Dodd han ido un poco más allá al decir que “el momento para iniciar un diálogo real con Cuba está llegando”.

El movimiento para una mayor apertura hacia la isla ha acaparado el ambiente político durante las últimas semanas. Primero con el anuncio del proyecto, que permitiría a los estadounidenses viajar a Cuba; luego con la presentación de una propuesta en la Cámara Baja y finalmente con el anuncio del presidente Barack Obama de levantar las restricciones a los viajes de familiares de cubanos y envíos de remesas.

Sin embargo, el movimiento político en torno a La Habana comenzó a gestarse con mucha anterioridad. Entidades sin fines de lucro como Human Rights Watch iniciaron un trabajo de diálogo en el Congreso en diciembre de 2008.

De hecho, en un memo enviado al equipo de transición de Obama y a miembros del Capitolio y la Casa Blanca, esta organización especificó que “por cerca de cuatro décadas la política de embargo ha probado ser costosa y equivocada”.

“Ha llegado el tiempo para realizar una evaluación cuidadosa del embargo. La administración debería convocar a una comisión bipartidista para estudiar por qué la política de Estados Unidos ha fallado en traer cambio a Cuba y delinear recomendaciones para un acercamiento más efectivo”, dijo.

Por otra parte, la oficina del republicano de más alto rango en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Richard Lugar, envió a su asesor en América Latina, Carl Meacham, a La Habana en enero de 2009.

En su reporte, Meacham dijo que impedir la cooperación con la isla en materias de mutua preocupación, como migración y control de narcotráfico, daña los intereses de seguridad nacionales.

“La política de sanciones ha limitado la capacidad de Washington para influir en la dirección de políticas hacia Cuba o entender mejor los eventos que están ocurriendo en la isla”, dice.

El reporte también menciona que el Gobierno cubano continúa con problemas de escasez de recursos, ineficiencia y corrupción. Puntos que no limitan su funcionamiento y control.

¿QUÉ HAY DE NUEVO?

“Cada presidente, desde Kennedy a Clinton, ha explorado abiertamente y en secreto las áreas en común con la isla. Estados Unidos ha tenido diálogo constante con Cuba sobre temas que los afecta a ambos, como inmigración”, dice Peter Kornbluh, director del Proyecto de Documentación sobre Cuba, de los Archivos Nacionales. 

De hecho, la posibilidad de levantar el embargo se ha discutido en el pasado, pero no ha prosperado por coyunturas específicas, como la muerte de Kennedy y gestos conflictivos de ambos lados.

Pero, según Kornbluh, nunca ha variado la consistencia de la posición cubana a la hora de negociar.

“En todas estas conversaciones secretas han asegurado que no transarán sobre su sistema interno, no recibirán mandatos de nadie. Han estado dispuestos a discutir ciertos puntos, pero se han resistido a cualquier cosa que parezca un esfuerzo imperialista para decirles qué es lo que tienen que hacer”, explica.

Las especulaciones sobre una nueva relación entre La Habana y Washington parecen, entonces, estar mucho más conectadas con lo que ocurre en Estados Unidos que en Cuba.

Uno de estos factores es la transformación que ha sufrido la comunidad cubano-americana residente en Florida.

“Ha habido una madurez política, una evolución en nuestra comunidad”, dice la cubano-americana Silvia Wilhelm, directora de la entidad Puentes Cubanos.

“Las personas que decidieron irse (de La Habana) ya no están. Además, las nuevas generaciones poseen diversas perspectivas con relación a la Cuba de hoy y cómo relacionarse con ella. También tenemos miles de inmigrantes que han llegado en los últimos 10 años, que dejaron familia atrás y tienen un compromiso muy serio con ellos. Todo esto ha creado una comunidad diferente”, dice Wilhelm.

Sin embargo, a pesar de que durante su campaña el presidente Obama no se comprometió con el ala dura del movimiento cubano-americano para ganar Florida, este sector aún tiene una voz fuerte en el país, no sólo a nivel retórico, sino también de conexiones con ex funcionarios de gobierno y legisladores.

¿Y EN LA HABANA?

Otro tema son los cambios dentro de Cuba.

Por una parte está la pregunta respecto a la disposición real del Gobierno frente a los gestos de Estados Unidos.

Aunque las palabras de Raúl Castro han sido alentadoras, como cuando indicó que está dispuesto “a discutir todo, derechos humanos, libertad de prensa y presos políticos, en igualdad de condiciones”, varios tienen sus dudas.

“Creo que Cuba confía más que nunca en que no requiere cambiar su política con Estados Unidos, porque el resto de la región le está dando la bienvenida”, dice Kornbluh.

La antropóloga Katrin Hansing, directora asociada del Instituto de Investigación sobre Cuba de la Universidad de Florida, quien vivió 12 años en la isla, coincide.

“No creo que el Gobierno quiera un cambio. No les conviene. Lo que más les interesa es mantener el control. El embargo ha funcionado como la justificación de cualquier problema interno. Lo usan todos los días”, valora la especialista.

Los avances ya han comenzado y el clima parece bueno. En este momento, la mezcla perfecta parece ser habilidad política y paciencia. Cualquier cambio político en la isla deberá generarse desde adentro.

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