La afición por cualquier artículo, sean monedas, piedras o estampillas, puede convertir a cualquiera en un fanático empedernido e iniciar una colección sin escatimar en gastos, esfuerzos o tiempo para conseguirla.
Cuando de coleccionar carros se trata, sobre todo si son clásicos, la emoción crece un poco más; pues además de tener un trozo de pasado, se disfruta de la atención que estos automotores provocan en quienes los observan.
De eso está consciente Mario Salvo, director de El Eskimo, a quien la afición le vino de su padre. Según él, en la década de los sesenta su papá le compró un Ford 50 convertible.
Desde entonces comenzaron a buscar carros antiguos y a coleccionarlos. “No creás que los comprábamos buenos, eran chatarras y comenzábamos a armarlos poco a poco”, aclaró Salvo.
Pero la emoción no les duró tanto. Aunque lograron salvar los 10 vehículos del terremoto del 72, para la década de los ochenta, de parte de la compañía Incine, llegaron a su casa para pedirle prestada la colección de carros porque iban a filmar una película sobre Sandino.
“Dijeron que los carros los devolvían en una semana o semana y media... y pues todavía los estamos esperando”, expresó con un deje de tristeza.
ARRANCAR DE CERO
Cuando regresó del exilio, en los noventa, a Salvo siempre le quedó la espinita de los carros, pero no tenía tantas ganas de iniciar la colección de nuevo. Sin embargo, en el patio de su casa había un par de carros desarmados y además logró recuperar dos carros de los que perdió en los ochenta.
“Ya tenía tres o cuatro carros con qué comenzar a jugar de nuevo. Y los comencé a armar, desde cero; junto con mi papá fuimos armando todos los carros y los dejamos lindos”, expresó Salvo, quien indica que de ellos aún conserva un Ford 22, un Ford 30 y un Dodge DA, 1929.
Este último, según indica, es un convertible del que hay subregistrados nada más tres en el mundo. Pero eso no es todo; logró terminar de armar el carro a tiempo para la investidura de Enrique Bolaños como Presidente de la República; pues Salvo le prometió que si lograba ser Presidente, él lo llevaría a la toma de posesión en este vehículo. Y así fue.
SÓLO PARA COLECCIONISTAS
Pero coleccionar vehículos no es así de fácil. El carro tiene que tener más o menos 95 por ciento de originalidad en sus piezas. Y ahí es donde inicia la aventura, “porque tenés que andar buscando dónde conseguir las piezas. Siempre sabés que vas a comenzar a hacer una cosa, pero no sabés cuándo la vas a terminar”, explica Salvo, quien además es miembro del Club de Autos Clásicos que hay en Nicaragua.
Salvo ha logrado acumular aproximadamente 10 vehículos. En su haber puede mencionar un Jeep Willy 1956, un Morgan y un Fiat de carrera Giannini; además de un Volkswagen, un Porsche 916 y un Mercedes 280 SE.
Esta colección de vehículos es realmente un tesoro personal; aunque Salvo aclara que tampoco tienen un precio tan elevado como el que cree la gente.
“La gente cree que valen millones; pero un carro lo podés conseguir hasta en 15 mil dólares”, añadió.
Pero inmediatamente explica que el verdadero agrado es llevarlo a un lugar para que lo admiren.
“Uno goza llevando los carros a una exhibición; la gente se acerca y te pregunta el año y esas cosas (...) yo salgo en uno de estos carros a cualquier barrio y la gente te dice adiós; hasta los buseros se portan elegantes con vos y te dan pasada”, comenta entre risas.
ALGUNOS PEQUEÑOS
Pero su afición no se limita a vehículos reales; también cuenta con una colección de vehículos en miniatura.
“Compré toda la colección de carros deportivos que vendió LA PRENSA la vez pasada; tengo todos los Ferraris; en Italia compré la colección de Ferrari grande; luego tengo como cuatro o cinco originales, de los que tengo en tamaño real: el Ford, el Giannini, el Morgan y tres Mercedes”, enumeró.