Afrodita era esposa de Hefestos, dios del fuego y del trabajo, pero tuvo amores con otros dioses, héroes e inclusive con mortales de la Tierra.
Uno de los dioses con los que Afrodita sostuvo amores extramatrimoniales fue Dionisio (quien en la mitología romana era conocido como Baco), y de esa relación nació Príapo, quien con el tiempo llegaría a ser una divinidad de los jardines, los campos cultivados y las cosechas.
Antes de nacer Príapo fue víctima de una maldición de Hera, la esposa de Zeus, la que siempre estaba molesta con Afrodita porque había sido escogida como la diosa más bella del Olimpo. Cuando Hera supo que Afrodita estaba embarazada de Dionisio le lanzó una extraña maldición, pero como una diosa no podía ser dañada directamente por otra divinidad, la víctima fue la criatura que aún no había nacido, es decir, Príapo.
Por la maldición de Hera Príapo vino al mundo con el órgano sexual desproporcionado, gigantesco, y condenado a que cuando fuera adulto padecería de un apetito sexual insaciable y enfermizo.
Cuando Afrodita vio la deformidad con la que había nacido Príapo, lo repudió y envió a Lámpsaco, una antigua ciudad griega que estaba situada a orillas del Helesponto, como los griegos de la Antigüedad llamaban al Estrecho que ahora es conocido como de los Dardanelos, el cual separa —y une al mismo tiempo— al mar Egeo del mar de Mármara.
Príapo creció y fue educado en Lámpsaco y por eso se le consideraba como nativo de esa ciudad. Cuando se hizo hombre Príapo comenzó a asediar a todas las mujeres y atacaba sexualmente a muchas de ellas e incluso en una ocasión trató de violar a la diosa del hogar, la virginal Hestia. Por eso Príapo se convirtió en el terror de las mujeres y fue odiado por los hombres, hasta que decidieron desterrarlo de la ciudad.
Pero inmediatamente después de que Príapo fue echado de ciudad se abatió sobre la población una terrible peste que causó una enorme mortandad. Los sacerdotes interpretaron aquella desgracia como un castigo divino, por haber expulsado a un hijo de Afrodita y Dionisio y así se lo dijeron a los habitantes de Lámpsaco.
Fue entonces que una delegación de habitantes de la ciudad partió en busca de Príapo, al que encontraron vagando en los bosques. Lo invitaron a que volviera a la ciudad, pero sólo lo convencieron cuando le prometieron que iban a tratarlo como a una divinidad y que lo harían objeto de veneración pública.
De esa manera se inició en Lámpsaco el culto a la divinidad de Príapo, la que después se extendió a todas las ciudades de Grecia y a los territorios helenizados, así como también, posteriormente, a Roma y sus dominios.
Príapo era venerado como una divinidad de los jardines, de los cultivos y de la fertilidad y por eso se le asociaba con Pan, Fauno y Silvano.
Todos los años, cuando llegaba la primavera a Príapo se le ofrendaba una canasta llena de flores de toda clase, pero cuando llegaba el verano la ofrenda era una espiga de trigo, y en el entretanto se sacrificaba un burro o asno en su honor.
En la antigua Roma se escribieron poemas y cantos humorísticos y de doble sentido en honor de Príapo, que fueron llamados Priapea. Y en la actualidad se usa en medicina la palabra priapismo, para designar una enfermedad masculina que consiste en el crecimiento anormal y la erección continua del pene, sin que haya de por medio deseo sexual ni eyaculación.