Un día como hoy, hace treinta años, el dictador Anastasio Somoza abandona el país, mientras el sandinista Dionisio Marenco, ex alcalde de Managua y ahora retirado de la vida política, sirve de enlace en las últimas negociaciones con el general Federico Mejía González, el último jefe de la Guardia Nacional.
El plan que hasta entonces se había negociado era que se iba a constituir un Estado Mayor conjunto y se garantizaría la seguridad de la nueva Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, que estaba supuesta a tomar el poder del presidente Francisco Urcuyo Maliaño, quien había heredado el cargo ante la huida de Somoza.
La sorpresa de todos, los sandinistas, los negociadores internacionales y hasta algunos miembros de la Guardia Nacional, fue cuando Urcuyo Maliaño decide que “se mantendrá en la Presidencia hasta 1981, cuando se celebrarían elecciones, y llama a los insurrectos a “deponer las armas ante el altar de la Patria”.
Marenco, quien mantuvo comunicación con lo que quedaba de la Guardia Nacional durante las últimas horas de vida de ese cuerpo castrense, dice al recordar, 30 años después, la actitud de Urcuyo, que el Frente Sandinista “le debe un monumento”.
¿Dónde estaba usted hoy hace 30 años?
Estaba en Costa Rica, era miembro de la Comisión del Exterior del FSLN, junto a René Núñez Téllez y Agustín Lara, en representación de las tres tendencias que éramos antes de la guerra. Entre mis funciones estaba dirigir la radio clandestina del Frente. Radio Sandino.
¿Y el 19 de julio de 1979?
Ese día entré a Nicaragua junto a Tito Castillo, Carlos Schutze y el coronel Bernardino Larios, ministro de Defensa designado por el nuevo gobierno. Aterrizamos a las 3:00 de la tarde en el Aeropuerto Internacional. 30 minutos después llegaron los comandantes Humberto Ortega y Víctor Tirado López. Cuando entramos ya había sido tomado el aeropuerto horas antes por fuerzas sandinistas del Frente Carlos Roberto Huembes.
¿Mucho se habla de la unificación de las tendencias en que estaba dividido el FSLN. Había realmente una conducción única o cada quien hacía lo que podía?
La guerra comienza como una iniciativa Insurreccional o Tercerista, cuando se firma la unidad se integra lo que se llamó Dirección Nacional Conjunta. Había un puesto de Mando Central, que dirigía Humberto Ortega y desde donde se coordinaba la mayor parte de la logística, las negociaciones y el curso de la guerra. Igualmente estaba ahí el centro de comunicaciones. Se mantenía una comunicación bastante fluida y permanente. Sobre todo en los últimos meses de la guerra.
La Organización de Estados Americanos (OEA) está de moda ahora con el asunto de Honduras.¿Cómo califica el papel que jugó entonces?
La OEA actúa con beligerancia y exigió prácticamente el retiro del dictador. El padre D’Escoto, como canciller del gobierno revolucionario, pudo hablar ante la Asamblea de la OEA, usando el sitio de Panamá. Recuerdo que para esos días, la Guardia Nacional había asesinado a un periodista norteamericano, Bill Stewart. El asesinato fue filmado por un camarógrafo mexicano y difundido cada media hora en todas las cadenas de televisión de Estados Unidos. Durante la reunión de la OEA, el vídeo sirvió como un testimonio demoledor contra Somoza.
¿Recuerda los detalles del día en que se va Somoza?
Somoza abandona Nicaragua entre 4 y 5 de la mañana del día 17 de julio. Entrega el poder formal al doctor Francisco Urcuyo Maliaño, quien supuestamente traspasaría ese mismo día, por la noche, el gobierno a la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional. Somoza sale acompañado por un número reducido de colaboradores cercanos, entre ellos: Dinorah Sampson, Victorino Lara, Adonis Porras, María Elena de Porras, Humberto Corrales... Una versión dice que salió en helicóptero hacia la pista de Montelimar y otra versión dice que salió por el Aeropuerto Internacional de Managua. El resto de su gabinete y altos oficiales salieron en desbandada en aviones cargueros y aviones militares. La salida del dictador demolió la disciplina de la Guardia Nacional.
¿Y qué pasa después?
Al salir Somoza se suponía, conforme las negociaciones que se llevaron a cabo, que el presidente interino entregaría el gobierno a la Junta de Gobierno ese mismo día por la noche.
Yo volé hacia Puntarenas, Costa Rica, por órdenes del comandante Humberto Ortega, alrededor de las 8 de la mañana de ese 17 de julio, a una supuesta reunión con el jefe recién nombrado de la Guardia Nacional, Federico Mejía González.
Íbamos en un avión del Ministerio de Seguridad de Costa Rica, con don Enrique Montealegre, viceministro de seguridad. Don Johnny Chaverry, jefe de seguridad nacional, el coronel Bernardino Larios, Ministro de Defensa del gobierno revolucionario, el coronel José Wenceslao Mayorga (GN) y un capitán GN de apellido Balladares. En Puntarenas se nos unió Edén Pastora.
Se suponía que íbamos a precisar las condiciones de seguridad de la entrada del nuevo gobierno. Managua quedaba partida en dos. Desde la Aviación, hoy Ajax Delgado hacia el Este o sea al aeropuerto, bajo control sandinista. Desde la Ajax Delgado al Oeste, bajo control de la Guardia Nacional.
Hay que recordar que parte de los acuerdos incluían la creación de un Estado Mayor conjunto y la integración de un ejército combinado de tropas sandinistas y guardias nacionales. Suena difícil pero ése era el acuerdo.
El general Mejía González (GN) no se presentó. Parece que por instrucciones de Urcuyo Maliaño. Cerca de las 11 de la mañana recibí instrucciones del comandante Humberto Ortega de regresar a San José, donde la Junta de Gobierno se aprestaba a salir de Costa Rica a Managua. Había toda una ceremonia protocolaria en el Aeropuerto Juan Santamaría, con alfombra roja y banderas
Ya en el aeropuerto internacional estaba una comisión especial de alto nivel. Cerca de la una de la tarde, René Núñez me avisa que las condiciones de seguridad del aeropuerto de Managua son muy precarias. Que hay todavía tiroteos y mucha confusión. Esto lo pudimos comprobar después, ya que la Guardia Nacional al huir en desbandada provocaba un caos en el aeropuerto y dejaba una alfombra, literalmente, una alfombra de armas de todo tipo y calibre
Ante el aviso de René, me dirijo al almirante Jiménez, me identifico y le planteo el problema de seguridad que me reportan. Él pregunta: ¿Y entonces quién garantiza nuestra seguridad?
Yo le digo: “Usted me garantiza a mí …así que mejor averigüemos quién le garantiza a usted”. Recuerdo que sacó una pistola 45 de cacha nacarada… la exhibió como señal de garantía y sólo le dije: “Almirante, eso no creo que nos sirva de mucho”.
Inmediatamente se dirigió al teléfono y se comunicó con el embajador especial de los Estados Unidos, William Bowler, quien se encontraba en ese momento en el despacho de don Rodrigo Carazo, Presidente de Costa Rica.
Tras una breve conversación, se volteó a nosotros y dijo: “Se cancela el viaje”. Serían cerca de las dos de la tarde del 17 de julio de 1979.
Ya Somoza en Miami había cambiado la seña a Chico Urcuyo. No entregaría el poder a la Junta y se proclamaría Presidente hasta terminar el período de Somoza Debayle.
Entonces, ¿qué papel juega Francisco Urcuyo Maliaño?
Parece que él no era partícipe de las negociaciones que había hecho Somoza y siguió las instrucciones del mismo en el sentido de resistir. La esperanza de Somoza era que la presión norteamericana por su salida disminuiría una vez ido el dictador y se podría recomponer un régimen, “un somocismo sin Somoza”. Esto me lo confirmó el coronel Néstor Chacón, quien escuchó las conversaciones de Somoza con Urcuyo.
¿Causa eso alguna reacción en el FSLN?
Por supuesto, al romperse los acuerdos, el Frente se siente libre de avanzar sobre Managua. Hay que recordar que prácticamente toda Nicaragua, en sus puntos neurálgicos, estaba ya en control sandinista.
De hecho creo que la reacción de Urcuyo fue la pieza clave que permitió la victoria total del sandinismo. Le debemos un monumento al doctor Urcuyo Maliaño.
Relato de cómo vivió esas horas Dionisio Marenco
Al congelarse la entrada oficial de la junta a Managua, el gobierno tico presionó para que entráramos clandestinamente, lo que ocurrió ese mismo día faltando 10 minutos para las 12 de la noche del 17 llegando a León en la primera hora del día 18 de julio.
La junta de Gobierno llega a León el día 18 en la madrugada. Cerca de las 9... 10 de la mañana de ese día 18, estando en el centro de transmisiones de la radio, entró una llamada de alguien que se identificó como el coronel Néstor Chacón, oficial de Comunicaciones en Telcor. En esa época una dependencia militar de la Guardia Nacional.
El coronel me dice que desean rendirse. Por supuesto que me toma totalmente por sorpresa y comenzamos a dialogar. Le pido que coloque una bandera blanca en el edificio y me dice que no tiene bandera. Le respondo que ponga una sábana. Que compañeros nuestros lo van a contactar.
Me cuenta que Somoza ha estado en comunicación con Urcuyo, que estaba borracho y le decía que no entregara el poder. Que resistiera que le llegarían refuerzos. Esa conversación era del día anterior 17. Ya para el 18 el tono cambió, pues el Secretario de Estado de Estados Unidos, Warren Christopher, presionó a Somoza y le amenazó con deportarlo si no cumplían los acuerdos de transición.
Le pregunto si tiene comunicación con el búnker o Estado Mayor de la Guardia y me dice que sí. Que si quiero hablar. Le pido que me comunique. Sale al otro lado el general. Mejía González:
—¿Como está coronel?
—General —me dice.
—Ah… perdón no sabía que lo habían ascendido —le contesto.
Comenzamos a conversar, y yo le pido que es necesario cumplir los acuerdos de transición y que hay que sacar a Urcuyo Maliaño del escenario.
—Un momento —me dice— eso es algo más complicado..
En ese momento yo mismo me doy cuenta que no tengo la autoridad suficiente para esa negociación y le pido que él hable con su gente, que yo hablaré con mis superiores y que usaríamos ese canal de comunicación a las 7 de la noche. Nos despedimos y citamos para las 7 de la noche (del 18).
Ante la magnitud de los acontecimientos salgo rápidamente a buscar a Humberto y comunicarle lo hablado. Efectivamente reanudamos las conversaciones a las 7, y ya Humberto comienza a argumentarle la necesidad de poner fin a la guerra, que no tienen por qué sentirse mal, que en la guerra se gana y se pierde, que sus soldados han combatido con coraje, pero que ya militarmente están perdidos y que hay que evitar un baño de sangre en una hipotética batalla sobre Managua.
A la conversación se une el coronel Bernardino Larios, quien habla con Mejía González y con otros oficiales instándoles a rendirse.
Estas conversaciones duran varias horas
En paralelo un grupo de compañeros está reunido en la casa del doctor Noel Rivas Gasteazoro en Managua y hace contacto con elementos de la GN.
Yo me retiro del puesto de mando cerca de las 11 horas de la noche.
A las 3 de la mañana del 19 de julio, el coronel Fulgencio Largaespada, lee la proclama de rendición de la Guardia Nacional.
No sé a qué hora huye el presidente provisional Urcuyo Maliaño ni el general Mejía González.