Aunque son dos escenarios distintos, el punto común para el río San Juan y la Isla de Ometepe es que ambos lugares necesitan el incondicional apoyo para el desarrollo de sus municipios.
El fallo con el que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) otorgó a Costa Rica el derecho a navegar en el río San Juan “con fines de comercio”, incluido el transporte de pasajeros y turistas (pero bajo la regulación de Nicaragua como soberana de éste), ha sido suficiente para que los vecinos del sur empiecen a apuntar todo su aparataje que tiene preparado para obtener el mayor beneficio posible de un recurso que históricamente los gobiernos de turno han tenido en abandono.
Pero el abandono del Estado ha sido principalmente de los nicaragüenses que viven en esa zona y que no sienten esa atención que a momentos le han dado los ticos a esa región del país.
Quizás este Gobierno en vez de seguir en su desenfrenada carrera de corrupción Estado-Partido-Familia Ortega-Murillo, destine recursos para que los municipios del río San Juan emerjan de la pobreza hacia el desarrollo. Ojalá que el apoyo estatal a la zona evite las tentadoras ideas de los pobladores de querer algún día anexarse a Costa Rica porque reciben “mejor atención”.
Y el asunto es serio porque al festejar el fallo de la CIJ, el canciller costarricense Bruno Stagno dijo que el primordial interés costarricense es la explotación comercial de este río.
Stagno destacó que el principal argumento de su país en este juicio versaba sobre el interés de que se le reconociera el derecho de navegación con objetivos comerciales y celebró que la Corte “nos ha otorgado (a Costa Rica) libre comercio, no sólo con objetos de comercio, es decir con fines comerciales, sino que además ha dado una interpretación contemporánea de lo que es comercio. Eso implica turismo, transporte de pasajeros y básicamente toda actividad lucrativa que se pueda dar en el río”, indicó.
Respecto a la Isla de Ometepe, el Gobierno de Nicaragua no trabajaba ni dejaba trabajar a sus instituciones departamentales sobre la promoción de este paradisíaco lugar al inicio de la campaña, hasta mucho tiempo después que LA PRENSA inició sola esta ardua tarea, seguida de los canales de televisión nacional.
Pero el punto no sólo es promover a la isla como candidata a ser una de las Nuevas Siete Maravillas de la Naturaleza del mundo, sino desarrollar la misma a través del apoyo estatal, de la empresa privada, organismos no gubernamentales y especialmente, por el esfuerzo de los nativos. Sin embargo, la participación del Estado es imperiosa porque muchas cosas se necesitan hacer y regular, y eso sólo se logra a través de las instituciones de la administración pública.
La infraestructura vial (carreteras y caminos), mejorar la seguridad ciudadana, regulación de los abusos de transportistas locales, regulación de algunos servicios, planes de evacuación ante un eventual desastre, entre otras cosas, son urgentes si queremos que Ometepe sea una verdadera maravilla natural. Así que el Gobierno de Nicaragua tiene dos desafíos más: el San Juan y Ometepe.