Cuando Dríope nació, nadie podía ni siquiera imaginar que aquella preciosa niña, al llegar a la juventud sería muy desgraciada. ¡Ella era nieta de Apolo! Precisamente por eso Dríope nació con el título de Princesa de Escalia, un territorio de Grecia del que su padre, a quien llamaban Dríop, era el rey bondadoso pero enérgico, amado por su pueblo.
De Dríope también se decía que era hija de Eurito, otro rey de Escalia que fue el progenitor de Yola, una de las esposas del gran héroe legendario Heracles, o Hércules como lo llamaban los romanos.
De cualquier modo, cuando Dríope llegó a la edad núbil se hizo amiga de las Dríadas, o sea las Ninfas de los bosques, con las que solía reunirse de tarde en tarde para charlar, jugar y entretenerse. En eso estaban un día, Dríope y las Dríadas, jugando alegremente en el bosque, cuando el dios del sol y de la luz, Apolo, pasó cerca del lugar, escuchó las alegres risas femeninas, se asomó entre los árboles, miró a la bella princesa de Escalia y se enamoró de ella al instante.
Para acercarse a Dríope Apolo se convirtió en tortuga y caminó lentamente hacia donde jugaban las muchachas. Cuando la princesa vio al inofensivo animalito lo tomó en sus manos y luego de jugar con él como si fuera una pelota, lo puso en su regazo, para acariciarlo. Pero súbitamente la tortuga se transformó en serpiente y de esa manera Apolo poseyó a la hermosa muchacha. Sólo entonces se mostró ante Dríope y reveló su identidad.
Poco tiempo después Dríope se casó con Andremón, un joven príncipe a quien ocultó lo que le había hecho Apolo. Y después de algunos meses de casada, la joven dio a luz un hermoso niño, el que fue llamado Anfiso, a quien Dríope solía llevar al bosque para pasear y de vez en cuando encontrarse con sus amigas, las Dríadas.
Un mañana en la que Dríope paseaba por el bosque mientras amamantaba al pequeño Anfiso, se acercó a un estanque en cuya orilla florecían los lotos. Ella cortó una de aquellas hermosas flores y vio, horrorizada, que del tallo de la flor cortada manaba sangre de encendido color rojo. Es que Dríope lo ignoraba, pero había cortado la flor de loto en que la ninfa Lotis había sido convertida por su padre, el dios Poseidón, cuando ella era perseguida por Príapo con la intención de violarla.
Dríope quiso huir de aquel lugar encantado, pero sintió que sus pies estaban como pegados al suelo y no podía dar ni un paso. Mientras tanto, el tallo cortado de la flor de loto, que en realidad era Lotis, comenzó a crecer y a enrollarse en el cuerpo de Dríope, hasta que lo cubrió por completo. Y al poco rato ella se convirtió en un árbol que fue llamado encina.
Los padres de Dríope fueron testigos de aquel prodigio porque habían acudido a tratar de auxiliarla, cuando escucharon sus alarmados gritos. Pero nada pudieron hacer para ayudarle. Sin embargo, antes de convertirse en árbol Dríope alcanzó a pedir a sus padres, que todos los días le llevaran a su bebé para seguir amamantándolo, hasta cuando ya no lo necesitara.
Desde entonces y hasta que Anfiso llegó a la edad del destete, todos los días sus abuelos lo llevaban al sitio del bosque donde se encontraba la encina en la que se había convertido su madre, la cual alimentaba al niño a través de una grieta en el árbol por la que manaba la maravillosa leche materna de Dríope.