El Papa Benedicto XVI no participa físicamente en la cumbre del G8 —o sea el grupo de los ocho países más desarrollados del mundo, más Rusia—, que se realiza en la región italiana de Los Abruzzos. Pero se ha convertido en el gran animador espiritual de dicha cumbre, al dar a conocer allí mismo su encíclica Caritas in Veritate (La caridad en la verdad), que va precisamente al fondo de los temas que ocupan a los participantes en la reunión del G8.
Las cuestiones fundamentales de la cumbre del G8 en Los Abruzzos, son la búsqueda de fórmulas para salir de la crisis y reactivar la economía internacional, el enfrentamiento de las causas y consecuencias del cambio climático global, la solución o reducción de la inseguridad alimentaria en gran parte del mundo, y la consideración de una iniciativa agrícola internacional de Estados Unidos y Japón, que aportaría 12 mil millones de dólares en los próximos tres años. Y sobre éstos y otros temas de actualidad mundial, tiene mucho que decir la Iglesia católica por medio del Papa Benedicto XVI y de sus obispos.
Se conoce que actualmente hay una fuerte campaña para desacreditar a la Iglesia católica y excluirla del debate sobre los problemas de la humanidad. Sin embargo, la Iglesia ha vuelto a demostrar por medio de la nueva encíclica del Papa Benedicto XVI, su profundo conocimiento de la realidad mundana y la certeza y sabiduría de sus recomendaciones, para que los problemas de la gente se resuelvan con sentido de caridad cristiana, justicia y apego a la verdad.
Precisamente en la introducción a su encíclica Caritas in Veritate, el Papa Benedicto XVI advierte que: “En el contexto social y cultural actual, en el que está difundida la tendencia a relativizar lo verdadero, vivir la caridad en la verdad lleva a comprender que la adhesión a los valores del cristianismo no es sólo un elemento útil, sino indispensable para la construcción de una buena sociedad y un verdadero desarrollo integral”. Y agrega el Papa en la introducción de su nueva encíclica, que: “La doctrina social de la Iglesia responde a esta dinámica de caridad recibida y ofrecida. (…) Dicha doctrina es servicio de la caridad, pero en la verdad. La verdad preserva y expresa la fuerza liberadora de la caridad en los acontecimientos siempre nuevos de la historia. Es al mismo tiempo verdad de la fe y de la razón... El desarrollo, el bienestar social, una solución adecuada de los graves problemas socioeconómicos que afligen a la humanidad, necesitan esta verdad. Y necesitan aún más que se estime y dé testimonio de esta verdad. Sin verdad, sin confianza y amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social, y la actuación social se deja a merced de intereses privados y de lógicas de poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad, tanto más en una sociedad en vías de globalización, en momentos difíciles como los actuales”.
Por otro lado, es importante tomar nota de que el Papa no se hace eco de quienes, confundidos ante la crisis económica mundial o queriendo de manera consciente aprovecharla para halar agua hacia el molino de sus particulares intereses, concepciones ideológicas y objetivos políticos, han sentenciado el fin del sistema económico capitalista. Pero Benedicto XVI tampoco avala las prácticas egoístas del capitalismo en el mundo democrático, y mucho menos las d el súper salvaje capitalismo de Estado que impera en países totalitarios y autoritarios. “La Iglesia católica —advierte el Papa— no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende “de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados”. No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación. (…) La fidelidad al hombre exige la fidelidad a la verdad, que es la única garantía de libertad (cf. Jn 8,32) y de la posibilidad de un desarrollo humano integral”.
En realidad, como aseguró el martes 7 de julio el cardenal Renato Martino, presidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, al presentar la encíclica Caritas in Veritate, ésta “responde a la misión apostólica de la Iglesia católica y la intención de garantizar a la religión cristiana el ‘derecho de ciudadanía’ en la construcción de la sociedad de los hombres”.