Autor del libro: “¡La gran pregunta! ¿Por qué los países hispanos son pobres?”
Nos reímos refiriendo, que cuando Dios creaba Nicaragua, le preguntaban del por qué el privilegio que nos daba; océanos, lagos, lagunas, ríos, tierras fértiles, clima benigno y luminosidad abundante. Él contestó que a ese paraíso le pondría personas trabajadoras, con un carácter especial.
Concuerda, con la anécdota: de que, habían dos baldes con cangrejos deseando salirse. Si nos asomábamos al interior de los mismos, sabríamos quienes eran cangrejos nicas. En uno de los baldes, los crustáceos peleaban entre sí, se arrancaba las tenazas, se mordían las patas… un pleito campal. En el otro balde, los cangrejos idearon cómo salir, uno convenció a otro compañero para que se le subiera a tuto, y así el tercero se subía sobre el primero y el segundo… lograron construir una escalera, salieron, encontraron la libertad. ¿Cuáles eran los nicas? Los pleitistas que no habían desarrollado la habilidad de la solidaridad.
Esta conflictividad, la mostramos cuando nos referimos a que el róo San Juan es nica. Ticos y nicas nos hemos atrincherado en conflictos legales, armados y emocionales tan rancios que sólo la historia lo recuerda, no reflexionamos que las fronteras son imaginarias, que lo prioritario para la colectividad de ambos países, es el desarrollo económico local. Los que gimen por el río San Juan, quizás piensen, en jochar a los granadinos y rivenses, para que disputen el rio Ochomogo que divide a Granada y Rivas, y se arme una trifulca. Cuando navegamos en la Internet, ¿donde pondríamos la frontera?
Fábulas semejantes existen en Hispanoamérica. El paraguayo, Porfirio Ayala, escribió: “Sumir en la pobreza a un pueblo bendecido con tantas riquezas exige dedicación de los gobernantes [líderes]”. Es decir, como la dedicación revoltosa de los cangrejos. La cultura lo enseñó.
¿Cómo haríamos para que esos cangrejos pleitistas dejen de lastimarse entre sí? Se unan y se beneficien todos, como los creadores de la escalera.
Se puede, entendiendo el origen belicoso que tenemos los hispanos. Para comprender esa naturaleza, debemos entender que somos como los diamantes: hay que pulirlos para que muestren el esplendor que les dio la naturaleza. Un diamante sin pulir, es una piedra sin magnificencia, tan tosco, como el cangrejo peliantiín.
Los humanos que lograron pulirse son los que han salido de la pobreza, los ásperos somos aquellos que, peleando, generamos más pobreza. Es el caso de la mayoría de los latinoamericanos.
Occidente tiene sus raíces en aquellos pioneros griegos que iniciaron la convivencia democrática; a pesar de que eran unos eruditos, no eran perfectos. Platón, Aristóteles y sus antecesores, determinaron, hace más de dos milenios, gran parte del corpus de creencias centrales tanto del pensamiento occidental como del hombre corriente. Esos aportes fueron perfeccionados durante la Ilustración Europea. El inglés, John Locke, liderando los aportes de esa época para perfeccionar la democracia, superó a los griegos.
Otro inglés, Adam Smith, explicó cómo se crea la riqueza y mejoró los aportes que los griegos habían hecho a la moral. Nos demostró, que no es la razón quien determina nuestros comportamientos, sino que son nuestros sentimientos quienes dirigen a la razón. Nos heredó el concepto de empatía; otra inteligencia.
Los hispanohablantes, no participamos de ese período de la Ilustración Europea, pues estábamos peleando entre nosotros mismos: eran los Reyes de España y la Iglesia persiguiendo a su propio pueblo, a aquellos que no pensaran como ellos. Esa cultura, —pleitista—, la trajo Colón y nuestros antepasados siguieron fiel a los griegos quienes tenían algunas costumbres totalitarias.
Los líderes que siguieron fieles, principalmente de Platón, terminaron siendo dictadores; la Inquisición Española y, mediante Hegel y Mark, el Marxismo. Hoy, la secuela vive en Latinoamérica; sobran dictadorzuelos pleitistas.
¿Cuáles han sido las consecuencias de esa falta de solidaridad colectiva —no formar una escalera— en la educación?
Tenemos siglos de practicar lo más importante para nuestro ego —el pleito— y hemos desatendido nuestra educación y la de las generaciones siguientes, hipotecado el futuro de nuestros hijos. Por no pulirnos.
Nuestra falta de empatía, solidaridad o altruismo es tal que la educación de la población nunca ha sido problema nuestro, es de otros. Hasta inicio del siglo XX, fue de la Iglesia y luego de los gobiernos, y como a nuestros políticos, con raras excepciones, solo les ha interesado su propio bienestar y el botín monetario, ya nos podemos imaginar cómo estará la educación pública. Es muy fácil, no es mi problema, ni mi responsabilidad, es de otros.
La mayoría de las escuelas latinoamericanas carecen de todo; aulas, pupitres, textos, lápices, computadoras, internet, servicios sanitarios, capacitaciones para los maestros, salarios dignos para los profesores y “pensum” adecuados. Además muchísimas familias o no pueden pagar los servicios de la escuela o tienen que mandar a sus hijos a trabajar para poder cubrir el presupuesto familiar. Resultado: tenemos una de la más baja escolaridad del planeta.
Hasta hace pocos años, este problema era obviado casi en su totalidad, pero mediante la altruista iniciativa de muchos latinoamericanos se han organizado asociaciones que claman por la participación ciudadana para ayudar a las escuelas de las comunidades. La educación es la empresa más importante para nuestro futuro. ¿Cuándo hemos visitado la escuela pública más cercana a nuestra casa o trabajo?
Lo prioritario, no es el análisis de los numeritos del Producto Interno Bruto, ni las comas de las leyes; es la habilidad moral la que siempre nos ha hecho falta, la cual nunca la hemos desarrollado por ser toscos. Es la empatía lo que necesitamos desarrollar.
Desde hace 250 años, los anglosajones, practican la empatía rutinariamente en su vida y la comunidad. Barack Obama en su libro, The Audacity of Hope, menciona que su madre le enseñó esta práctica y, que para seguir progresando, los norteamericanos necesitan levantar el nivel empático que actualmente tienen. Líderes semejantes son los que necesitamos los hispanoamericanos.
Para salir del balde, de la pobreza, tenemos que evolucionar, —pulirnos— fomentando la lectura, la investigación, la práctica de la empatía —aglutinante social— sustituyendo la actividad social recreativa por la comunitaria y medirnos por la reducción de la pobreza. Es armonía.