“¡Urge Mel!”, “¡Urge Mel!”. Fue uno de los gritos que corearon más de 20,000 personas que recorrieron ayer las principales avenidas de Tegucigalpa para exigir el regreso del mandatario Manuel Zelaya Rosales, depuesto hace una semana por militares.
La concentración no era tan grande cuando estaba en las cercanías de la Casa Presidencial. Menos de 5,000 personas se juntaron temprano a eso de las 10:00 de la mañana, cuando el cardenal Óscar Rodríguez, presidente de la Conferencia Episcopal, sentaba la posición de la Iglesia católica a través de una cadena televisada.
Quizás no había terminado de pronunciarse el Cardenal, cuando los manifestantes a favor de “Mel”, como apodan a Zelaya, comenzaron a pintar las paredes con frases de rechazo para Rodríguez, quien se pronunció a favor del gobierno de facto y llamó a Zelaya —que está en Estados Unidos— a evitar el derramamiento de sangre.
La protesta, que ayer convocó a gente de todos los departamentos del país (San Pedro Sula, Progreso, Cortés, Choluteca, Yoro, entre otros), despegó hacia el aeropuerto de Toncontín, donde la población espera que arribe hoy Zelaya.
Por el bulevar de las Fuerzas Armadas, que conduce hacia la pista de aterrizaje más importante de la ciudad, se extendió la sábana humana.
“Nunca se había visto algo como esto”, comentó uno de los protestantes, cuando el río humano se extendía por casi dos kilómetros y podría resumirse en más de 20 mil almas.
“Yo vengo hasta hoy porque entre semana estaba trabajando en una empresa privada, y si venía a esto me corrían, por eso estoy viniendo hasta hoy”, comentó un poblador capitalino que prefirió el anonimato.
UN PAÍS DE POCAS MARCHAS
Cabe decir que Honduras es un país de pocas marchas. Hasta cierto punto “un pueblo pasivo”, dice Efraín Díaz, analista político. Sin embargo, para alguien que nunca antes hubiera estado en Tegucigalpa, la imagen era otra. Había jóvenes, en su gran mayoría de la universidad pública, y adultos, muchos de ellos maestros llegados de todos los puntos del país. Entre ellos iba Benjamín Martínez, un maestro de secundaria de la provincia de La Paz.
“Queremos a Mel”, dijo Martínez, a quien le gusta Zelaya porque dice que en tres años y medio de gobierno su sueldo de profesor casi se duplicó.
“Cuando él llegó ganábamos como 5,000 lempiras (unos 250 dólares actualmente) y ahora estamos en nueve mil lempiras”, detalló el maestro, quien al llegar a las instalaciones del aeropuerto internacional de Toncontín se acordonó junto a un grupo de manifestantes frente al anillo de la Policía y del Ejército, que impedían el paso de los marchistas.
En la marcha también iba Alma Bolainez, educadora con más de 20 años de experiencia. “Ellos (Micheletti) son los que han provocado este golpe de Estado”, gritó Bolainez, quien consideró injusta la persecución contra los nicaragüenses, lo mismo que su colega Martínez.
“Ésa es estrategia de este gobierno golpista”, gritó Martínez.