La toma de posesión del nuevo Presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, el recién pasado miércoles 1 de julio, pasó bastante desapercibida, en parte porque las noticias sobre la crisis política hondureña han dominado los espacios informativos, pero además y sobre todo porque el flamante mandatario panameño no es de izquierda. Por el contrario, Martinelli es un Presidente empresario y de derecha.
A lo largo de su campaña electoral que culminó victoriosamente el domingo 3 de mayo pasado, cuando fue electo con el 60.5 por ciento de los votos, sobre 37 por ciento de la oficialista candidata de izquierda social demócrata, Balbina Herrera, Ricardo Martinelli llamó abiertamente a los empresarios a participar en la política para evitar el avance de la izquierda populista en América Latina y el Caribe. Ahora, al tomar posesión, el miércoles de esta semana, Martinelli aseguró que como Presidente hará todo lo que esté a su alcance “para avanzar los ideales de una economía libre, desafiando el péndulo ideológico distinto que hay en Latinoamérica”, refiriéndose así al auge de la izquierda en sus distintas variantes que ha ganado o infiltrado la mayor parte de los gobiernos en la región. “En estos cinco años toca demostrar cómo nuestro modelo económico y de gobierno puede ser un ejemplo para todos los que aspiran prosperidad y progreso”, aseguró Martinelli; y precisó que si ha incursionado en la política es para cambiar la manera de hacer las cosas: “Vamos a tomar nuestras experiencias en el sector privado y ponerlas a trabajar donde nunca se han visto en el gobierno”.
En realidad, el triunfo de la derecha democrática que representa el nuevo Presidente panameño es más impresionante si se considera que el anterior Primer Mandatario, el social demócrata Martin Torrijos, quien es del mismo partido de la derrotada Balbina Herrera, no hizo un mal gobierno. Torrijos terminó su mandato con aceptación popular del 54 por ciento, debido sin dudas a que su Gobierno logró un crecimiento económico promedio de ocho por ciento anual, así como también redujo la pobreza en el país del 36.7 por ciento al 28.6 por ciento y disminuyó el desempleo hasta el seis por ciento. Siguiendo ese ritmo, Panamá es el único país centroamericano que podrá alcanzar las metas del Milenio en el año 2015.
Sin embargo, Martinelli aprovechó el descontento de la población por la incesante subida de los precios de los artículos y bienes de consumo, por la creciente criminalidad y porque no obstante los avances hay un 28 por ciento de panameños que aún vive en la pobreza, a pesar de los cuantiosos ingresos que generan el Canal y la amplia actividad comercial financiera internacional. De manera que con sus compromisos de reformar los sistemas tributario, de salud y educación pública, de aumentar los sueldos de los policías para ayudar a reducir la delincuencia, de otorgar una pensión de cien dólares mensuales a las personas mayores de 70 años, así como la ejecución de un amplio programa de inversiones públicas que incluirá la construcción de un tren subterráneo o Metro en la ciudad de Panamá, y sobre todo con la promesa de hacer una Administración honesta y perseguir y castigar la corrupción, Martinelli se ganó la confianza de la mayoría de la población. Y ahora se enfrenta al reto de cumplir.
Es importante señalar que Martinelli ha aplicado hábilmente la estrategia de quitarle las banderas de las reivindicaciones populares a la izquierda, sobre todo al populismo izquierdista, que dicho sea de paso no cumple jamás porque ni siquiera tiene capacidad ni voluntad de cumplir. La izquierda radical siempre se ha arrogado el monopolio de la lucha contra la pobreza y la injusticia, pero la verdad es que nunca las resuelve sino que las empeora. En cambio el sistema de gobierno basado en la democracia, la libertad y la economía capitalista de mercado, sí tiene capacidad de mejorar las condiciones de vida de toda la población, siempre y cuando el gobierno sea eficiente, haya transparencia y se rinda cuentas al público de manera rigurosa.
Esperamos que así ocurra en Panamá. Y ojalá que en las elecciones presidenciales que se celebrarán en lo que resta del presente año en Uruguay, Honduras y Chile, ganen también los candidatos de la derecha democrática, para que, como dijera el presidente panameño Martinelli, se fortalezca el desafío al péndulo ideológico que hasta ahora se ha movido favorablemente a la izquierda en América Latina.