A los 16 años de edad, con una carrera incipiente en la pelota, pero bendecido con un talento que lo proyecta a convertirse en una futura estrella de las Grandes Ligas, el pelotero costeño Cheslor Cuthbert provocó uno de los mayores impactos en la historia del deporte nicaragüense, al recibir más de un millón y medio de dólares por su firma al beisbol profesional con los Reales de Kansas City.
La firma se produjo ayer en el Hotel Barceló Managua y fue ejecutada por Orlando Estévez, el director de Latinoamérica de los Royals, y Juan López, el scout en Nicaragua de esta organización. No se dio el detalle exacto del bono de la firma, sólo que superó la cifra antes mencionada, además de una serie de beneficios como becas de estudios e incentivos.
Aparentemente Cuthbert llegó a tener en sus manos una oferta que superó la de Kansas City, pero el trabajo previo de seguimiento de esta organización, que incluyó llamadas del Gerente General, Dayton Moore, hicieron sentir más confortable al pelotero nicaragüense y pesó mucho al tomar su decisión.
Más de 20 organizaciones de las Grandes Ligas vieron a Cheslor, quien desde hace dos años venía siendo pulido por el entrenador Wilfredo Blanco, quien tiene parte del crédito en el éxito de esta firma récord para un nicaragüense. El costeño hizo trisas la cifra de 735 mil dólares que le dieron los Marineros de Seattle al lanzador matagalpino José Francisco Valdivia, el año pasado.
“El tratamiento que recibió Cheslor fue el de un jugador de primera ronda complementaria del draft de los Estados Unidos, porque se trata de un pelotero completo, que se espera que cuando juegue en Grandes Ligas esté por encima del promedio en todas sus herramientas. Se le ve como alguien tipo David Wright (tercera base de los Mets)”, dice Blanco.
No hubo mucha bulla en los meses previos a su firma. Su familia no quería alboroto para que el chavalo no perdiera la perspectiva.
Antes de desembocar en una firma jamás imaginada en nuestro deporte tan pequeño y pobre grandeza, hubo que levantarse a las cinco de la mañana todos los días y alistarse para ir al colegio, en la tarde le esperaban las prácticas en el terreno de juego y antes de repasar las clases, tenía sesión en el gimnasio.
“En los primeros seis meses que lo tuve creí que se iba a regresar a Corn Island, lo miraba triste, pero pudo más su interés por aprender. Me impresionó su ética de trabajo”, declaró Blanco.
De modo que esto no fue algo producto de la casualidad, sino parte de gran un esfuerzo que debe ser digno de imitar.