Conmoción
Ni el mismo Gobierno calculó la conmoción que causaría la muerte de Alexis Argüello. La mejor prueba de ello es que a última hora se cambió el lugar donde se velaría su cuerpo, de una funeraria privada a un edificio gubernamental. Era un grande. Al margen de cualquier actuación política, Alexis ha sido uno de los mayores héroes de nuestro tiempo, y sería un gran error querer leerlo ahora en clave política cuando sólo puede ser leído en clave deportiva.
Invencible
Lo dije varias veces mientras vivía: Alexis Argüello fue el principal héroe de mi niñez. A la par de Superman, Batman, El Llanero Solitario, ahí estaba Alexis. Era invencible. Tenía superpoderes. Recuerdo que los días de sus peleas, en Quilalí hacíamos procesión con un televisor alimentado con batería de carro hacia el cerro Las Cruces, único lugar donde se podía coger la señal de la televisión nacional. Sus victorias eran celebradas con pistoletazos. Todos queríamos ser Alexis.
Doble discurso
Lo que sucedió en Honduras el fin de semana pasado desnudó a cuerpo completo el discurso de la llamada “izquierda bolivariana”. ¿No era que la OEA no servía para nada? ¿No era que no había que meterse en los asuntos internos de otros países? ¿O es que Chávez sí puede amenazar con derrocar un gobierno extranjero, sea como sea que haya llegado al poder, pero Bush es un criminal por hacer eso mismo? Me parece que un golpe de Estado a estas alturas del partido es una barbaridad contra la que hay que cerrar filas, pero no por eso puedo de dejar de ver que estos señores del Alba ahora están reclamando como medicina lo que siempre han considerado como veneno.
Zorros del mismo piñal
Hagamos un simple ejercicio. Imaginemos que todo lo que ha dicho Daniel Ortega y su gente en defensa del fraude de noviembre pasado lo dicen ahora en defensa del golpe de Estado, y toda la descalificación que han hecho a las reacciones internacionales se las apliquemos también a las reacciones internacionales que ha habido contra el golpe. Resultado: todo calza a la perfección. ¿O a usted le cuesta ver a Ortega o a Chávez defendiendo ese mismo golpe de Estado si ha sido alguien de su club quien lo perpetra? Tan ladrón de la voluntad popular es el que quita por medio de un golpe de Estado un presidente electo como aquel que cuenta los votos al revés para ganar aunque sea minoría.
Conspiración mundial
A estas alturas no es difícil percatarse de que Chávez, Ahmadinejad, Evo Morales, Correa y Ortega, principalmente, se sienten parte de una conspiración mundial para revertir un estado de cosas, y en función de ese “alto ideal” que se han planteado no importa sostenerse con fraudes, reeligiéndose una y otra vez, empobreciendo a sus pueblos, coartando las libertades, reprimiendo, e, incluso, yendo a las armas si es necesario, como lo ha dicho el presidente venezolano. “¿Qué haremos mañana en la noche, Cerebro?”. “Lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky: tratar de conquistar el mundo”.
Vergüenza
Por ahí apareció don Roberto Rivas, el presidente del Consejo Supremo Electoral, diciendo que sentía vergüenza como nicaragüense por el titular que puso LA PRENSA el día después del golpe de Estado en Honduras. Bueno, la primera sorpresa fue conocer que don Roberto Rivas es capaz de sentir vergüenza. Pero bueno, suponiendo que lo primero sea cierto, es un contrasentido que venga a hablar de vergüenza la persona responsable del fraude más descarado que se haya vivido en Nicaragua. Imagínense, ¡Rivas dando cátedra de vergüenza!