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Managua, 22/11/2009 3:02 PM
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Metidos en honduras
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En medio del gran acoso diplomático y mediático contra el Gobierno de facto que se ha establecido en Honduras en reemplazo del derrocado Manuel Zelaya, se escuchan algunas voces sensatas que abogan por una salida constitucional viable, negociada y pacífica, de la grave crisis hondureña.

Una de esas voces ha sido la del analista internacional Andrés Oppenheimer, quien en un artículo publicado esta semana en diversos periódicos de América Latina bajo el título de “El riesgo de ignorar abusos del Estado de Derecho”, señala que: “El golpe militar de Honduras debería servir como una voz de alerta para que todos los países del continente reaccionen más tempranamente ante las violaciones del Estado de Derecho en países como Venezuela, Bolivia, Ecuador y Honduras y no esperen a que las situaciones exploten, como acaba de ocurrir en el país centroamericano”.

Según Oppenheimer: “No hay duda de que los países latinoamericanos y Estados Unidos hicieron bien en condenar el golpe militar en Honduras y exigir el retorno al poder del presidente Manuel Zelaya”. Pero recuerda el analista que: “Los mismos países que hoy levantan la voz con indignación por los hechos de Honduras no dijeron una palabra cuando, la semana pasada, Zelaya desconoció públicamente las decisiones de la Corte Suprema, el Congreso y el fiscal general del país, que habían dictaminado que su intento reeleccionista era ilegal”. Y señala Oppenheimer que: “Lo cierto es que, tras la ofensiva diplomática para restablecer el orden constitucional en Honduras, habría que hacer una revisión de la defensa colectiva de la democracia en la región, que se ha erosionado enormemente en estas últimas décadas. Si los gobiernos democráticos siguen mudos ante los abusos presidenciales, perdemos todos, como acaba de verse en Honduras”.

Otra de las voces sensatas es la del diario estadounidense The Washington Post, que en uno de sus editoriales del martes de esta semana titulado “Defender la democracia” expresa que: “si el objetivo de los políticos y los generales que depusieron al señor Zelaya es, como ellos dicen, defender la democracia del país, tendrán una mejor oportunidad de hacerlo si permiten que el Presidente retorne y vuelva a asumir su puesto”. Pero, además, según The Washington Post: “La crisis en Honduras ofrece una oportunidad de enfrentar la más sustancial y seria amenaza contra la democracia, una amenaza representada, en parte, por el mismo señor Zelaya”.

The Washington Post dice que el presidente Obama no debe limitarse a procurar el retorno de Zelaya al poder. “También debe hablar más claramente sobre los abusos que motivaron su deposición —abusos que están ocurriendo en otros países latinoamericanos, como el vecino Nicaragua— y sobre las personas que están fomentando activamente los ataques contra la democracia, como el señor Chávez”.

En realidad, una salida viable de las honduras de la crisis en que se han metido tanto los que depusieron a Manuel Zelaya como éste mismo, quien con sus abusos provocó el golpe de Estado de nuevo tipo o de baja intensidad que lo derrocó, sería que con la mediación de una autoridad internacional responsable y respetada por todas las partes, se acordara la reinstalación de Zelaya en el poder presidencial hasta que finalice su período en enero del próximo año. Pero esto bajo el compromiso estrictamente vigilado de que Zelaya no insistirá en su irresponsable pretensión de cambiar el sistema democrático hondureño, por un régimen autoritario como el de Hugo Chávez en Venezuela o el de Daniel Ortega en Nicaragua.

Una salida de este tipo es muy difícil, pero no imposible. Sin embargo, la insistencia de la OEA en seguir actuando como un “ministerio de colonias”, ahora ya no de Estados Unidos sino de Hugo Chávez, y su pretensión de llegar este fin de semana a Honduras para someter a quienes de hecho —pero según ellos por derecho— están gobernando ese país, a lo único que podría conducir es a un empeoramiento extremo de la crisis; a menos que los civiles y militares hondureños que tienen ahora el poder político huyeran al ruido de los caites de Manuel Zelaya, José Miguel Insulza y Miguel D’Escoto.

La verdad es que según pintan las cosas, Zelaya y sus escuderos tendrían que entrar a Honduras por la fuerza para derrocar a los derrocadores, o sea, ir detrás de los ejércitos de Hugo Chávez que en su mente febril se cree un Simón Bolívar comunista del siglo XXI.

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