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Managua, 27/05/2012 -1:49 PM
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El caso del PLI y partidos con dueños
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Por la actuación de sus mismos dirigentes, el Partido Liberal Independiente (PLI) se ha puesto en la mira y al fácil alcance del Consejo Supremo Electoral (CSE) orteguista, para que éste lo despoje de su personalidad jurídica y lo saque de la competencia del 2011. Nos referimos a las pugnas entre el sector que lidera su antiguo e histórico dirigente, doctor Virgilio Godoy Reyes, y la que encabeza su presidente, diputado Indalecio Rodríguez, quien es respaldado por Eduardo Montealegre y los miembros del Movimiento Vamos con Eduardo que este año se afiliaron masivamente al PLI.

La causa principal del problema ha sido la incapacidad de llegar a un acuerdo por la distribución de las cuotas de poder dentro del partido, que a su vez determinarán las cuotas para las próximas elecciones nacionales. Como consecuencia de este desacuerdo, las dos facciones en disputa partieron al PLI en dos pedazos, al celebrar el bando de Rodríguez y Montealegre una convención nacional el domingo pasado, la cual es impugnada por el otro bando que convocó a su propia convención para diciembre de este año. Y según informó el doctor Virgilio Godoy, él mismo se presentará ante el orteguista CSE para denunciar la supuesta ilegalidad de la convención que sus adversarios realizaron el domingo pasado.

Cabe recordar que después del fraude electoral de noviembre pasado —en el cual, según su propia confesión, participaron al menos dos de los tres magistrados propietarios del CSE que pertenecen al PLC del ex presidente Arnoldo Alemán—, la unidad que habían logrado las distintas corrientes liberales naufragó lastimosamente. En aquellas circunstancias, el PLI emergió como una esperanza de alternativa democrática al autoritarismo orteguista y al colaboracionismo pactista y zancudo, al quedar flotando en el ambiente la convicción, y en todo caso una fuerte sospecha, de que el PLC de Arnoldo Alemán había practicado un doble juego político. Es decir, que se unió con los otros sectores liberales para enfrentar al FSLN en las elecciones municipales, pero al mismo tiempo facilitó el fraude electoral a fin de que el CSE asignara al orteguismo una victoria que no había logrado en las urnas, .

Pero esa esperanza democrática se ha comenzado a desvanecer por los pleitos entre los dirigentes del PLI que, repetimos, le están facilitando las cosas al Consejo Supremo Electoral para que lo elimine de la competencia política, de la misma manera que sacó al Partido Conservador y al MRS desde antes de las elecciones municipales del año pasado.

Sin duda que en la crisis del PLI han concurrido diversos factores, sin descartar la “mano pachona” de quienes quieren que de acuerdo con el pacto de 1999 sólo participen en las contiendas electorales dos partidos (el FSLN y el PLC), que se repartirían el poder indefinidamente, uno como fuerza hegemónica y el otro como zancudo subordinado. Pero entre todos esos factores el principal es el mal manejo de las contradicciones —que son inevitables en cualquier colectividad política— y la falta de flexibilidad en la negociación de las cuotas internas.

Al parecer, Eduardo Montealegre creía que teniendo acuerdos sólidos con el presidente del PLI, los tendría con todo el partido. Pero eso no es así, y no sólo en el PLI sino que prácticamente en todos los partidos políticos de Nicaragua. En realidad, la negociación tenía que hacerse principalmente con el doctor Virgilio Godoy, quien es el caudillo o líder histórico del PLI, de la misma manera que Arnoldo Alemán lo es del PLC, aunque sea otra persona la que ostente el cargo de presidente del partido.

En Nicaragua, como en toda Hispanoamérica, los partidos tienen dueños. Esto se debe al vicio histórico del caudillismo que llegó de España y echó raíces aquí de manera profunda y porfiada. De manera que de hecho el FSLN es de Daniel Ortega; el PLC es de Arnoldo Alemán; el Movimiento Vamos con Eduardo es de Eduardo Montealegre; el PLI es de Virgilio Godoy; y los partidos que no tienen dueño, como el conservador, el socialcristiano o el socialista, precisamente por eso son diminutos y además están dispersos en minúsculas fracciones.

Pero el mal del PLI no es todavía irreparable. Mediante una negociación directa entre quienes mandan realmente en las facciones de ese partido, ellos podrían, si quisieran, llegar al acuerdo de repartirse equitativamente las cuotas y realizar una convención reunificadora, antes de que el CSE orteguista le dicte y ejecute la sentencia de muerte.

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