Durante el Gobierno de Daniel Ortega, el respeto a la libertad de expresión y de prensa ha retrocedido en Nicaragua, a pesar de los compromisos públicos del mandatario con este derecho, según el informe del Observatorio de Medios de Comunicación, presentado ayer por su director, el académico Guillermo Rothschuh Villanueva.
El informe recuerda que en el 2001 —en su tercera campaña presidencial— Ortega firmó la Declaración de Chapultepec, para el respeto a la libertad de prensa y expresión, pero analiza que en este segundo Gobierno el mandatario sandinista conduce al país hacia la polarización, practica la intolerancia y discrimina a los medios con la distribución de la publicidad estatal.
Además, destaca como otras características en este período, la intimidación y difamación de parte del Gobierno y sus medios hacia la sociedad civil, los medios independientes o figuras de la oposición, así como la debilidad de los organismos nacionales y la creciente preocupación internacional sobre el estado de éste y otros derechos en Nicaragua.
El jefe de Prensa del Canal 8 de televisión, Erving Vega; el jefe de Información y coordinador de suplementos de LA PRENSA, Fabián Medina; y el comunicólogo Alfonso Malespín, comentaron el informe en un foro organizado por el Observatorio del Centro de Investigación para la Comunicación (Cinco).
Medina comentó que el informe le dejó una sensación de tristeza, porque él, que ejerce el periodismo desde finales de los años ochenta —cuando Ortega gobernó por primera vez— estima que la polarización de aquellos años entre los medios está tan “viva” como antes y aún no hay una “respuesta inteligente” de los medios para contrarrestar ese mensaje que viene también desde el Gobierno.
Además, criticó el secretismo de parte del Gobierno y la intolerancia hacia los medios de comunicación, producto también del hastío social hacia la nota roja, que calificó como un virus del periodismo.
Vega compartió el sentimiento de tristeza, pero agregó que esta situación plantea el reto de procurar un periodismo de mayor calidad, de informar sobre lo que ocurre para que la población reaccione a los hechos.
Malespín coincidió en que ésta es una oportunidad para hacer otro tipo de periodismo, cambiar esquemas y coberturas para trabajar más sobre la vida cotidiana y menos sobre la agenda institucional.