¡Qué desfachatez la del presidente que tenemos! Hace algunos días y sólo después que fue castigado por la suspensión de la ayuda internacional, nos anunció con bombos y platillos, aparentemente compungido, la concordia y unión que todos ansiamos. Pero era un engaño a todas luces. Y aunque la manzana de la concordia ofrecida, muchos ingenuos se la creyeron, no tardó mucho para sacar su endiablada cólera, y el propio día en que conmemorábamos el 75 aniversario del asesinato del General de Hombres Libres Augusto C. Sandino, amenazó a sus compatriotas por el simple hecho de querer manifestarse públicamente.
El General, héroe nacional, no solamente debe estar retorciéndose de impotencia ante las barbaries e ignominias de los robolucionarios nicaragüenses, otrora continuadores de su ideario nacionalista, sino que seguramente también se encuentra desolado e incapacitado de corregir y explicarles a los ángeles y arcángeles, los enormes e insalvables desvaríos de quienes lo mantienen secuestrado en plena bancarrota política. Quizás los causantes de todos estos males no piensen en él, porque desde su mentalidad retorcida y llena de paupérrimo fracasado, verdaderamente no les interese honrarlo o al menos imitarlo. Tampoco nosotros, simples mortales, desengañados y hastiados como estamos de tantas mentiras, revolutas, robolución y engaños, tenemos la fórmula para enderezar a todos esos esforzadísimos malandrines, si no lo pudo hacer ni el mismísimo General de Hombres Libres, durante los largos 35 años anteriores y 30 posteriores de la revolución, devenida para colmo de males en revoluta. Todas las expectativas que teníamos de hacerlo se han desvanecido, aunque nunca es tarde, tal vez para felicidad de todos, algún día lo haga el eficientísimo y metafísico esoterismo rosáceo de doña Rosario. Tantas cosas malas han pasado y perdurado, tantas cosas juntas de los robolucionarios, las revolutas, los engaños y mentiras padecidas. Pero ni pensar en que la historia absolverá a los robolucionarios disfrazados de buenos sandinistas. El más “preclaro” de todos ellos ha hecho un llamado a iniciar este 28 de febrero las celebraciones del 30 Aniversario de la Revoluta, todavía románticamente llamada la revolución popular sandinista, por algunos; para otros la revolución frustrada, pero para mí simplemente la revolución robada.
Eso sí, con la particularidad de que en esta ocasión hasta los árboles navideños, símbolo cristiano para celebrar el nacimiento de Cristo, fueron confiscados desde la Navidad pasada por el derecho robolucionario. Un derecho nuevo, moderno y conchudo, aporte indiscutible a la humanidad, que nació de esta estirpe sangrienta, un día después del propio 19 de julio de 1979. Por suerte al pueblo del General Sandino sólo le basta ver la postración en el ensanchamiento del aumento de la pobreza en Nicaragua, para recordarlo y lamentarse del infortunio que le ha tocado sufrir, porque sus descarriados muchachos se han coloreado con muchos de los errores y horrores que han cometido. Independientemente de eso fueron otros excesos de sus revolutas los que más han empañado su ideario, entre los cuales están las piñatas, los lucros personales, la demagogia pseudoliberadora, “el sandinismo de conveniencia”, los empresarios roji-negros, oligarcas y nuevos proletarios burgueses. Pero, no obstante, lo más trágico es ver hoy en día al “hombre nuevo” creado a imagen y semejanza de la mala levadura de la izquierda criolla, ¡robolucionaria! hasta las cachas, que han anunciando en la voz del presidente-agitador la esperadísima presencia de “civilizados” pandilleros políticos en las marchas. Marchas imponentes del miedo, para callar a la oposición. Todo para que la oposición nunca se olvide del caos y terror en las calles, pero principalmente para que recuerden que aún faltan muchos años más de engaño, mentira, revoluta y robolución. Y si fuera necesaria otra carnicería entre hermanos, superior a la de los años ochenta, pues no les temblarán las manos, también la harán.
La voz del miedo es la voz del diablo, y al diablo se le puede ver fácilmente en la incitación a la desunión nacional que pregonan los robolucionarios “pacifistas por conveniencia”, pues claro, después de la revoluta electoral es lindo hablar de todo sin regresar lo robado. Sólo nos queda pedirle al General Sandino, quien fue uno de los iniciados masónicos, que use el rito de los “Antiguos” para castigar desde donde está la violenta conducta de caos, intranquilidad y desesperación que hace algunos días exhibió el presidente Ortega. Ahora sabemos fue por conveniencia que aparentaba la paz del hermano lobo, para alcanzar el necesario perdón del dólar que posee la comunidad internacional.
El dolor de cabeza del General Sandino no terminará por ahora, dado que para el más “destacado” de los discípulos, el Comandante Revoluta, las sorpresas de cosas peores están por llegar, contra las cuales ya nadie se puede ni capear. Me refiero a la continuación de la internacional y mundialmente conocida Revoluta y Robolución Rosada.