Un avión de la aerolínea turca Turkish Airlines se estrelló ayer con 134 personas a bordo, al tratar de aterrizar en el aeropuerto internacional de Amsterdam, dejando nueve muertos y más de 80 heridos, seis de ellos en estado crítico. Un portavoz de los servicios de socorro confirmó que 25 de los heridos están en estado grave.
El Boeing 737-800 de la aerolínea turca, que había despegado de Estambul con 127 pasajeros y 7 miembros de la tripulación, según la compañía, se estrelló a unos tres kilómetros del aeropuerto Schiphol a las 10:31 locales (3:31 a.m. en Managua).
Los nueve cadáveres —entre los que están tres miembros de la tripulación— fueron retirados por la noche de las inmediaciones del aparato y trasladados a la morgue del aeropuerto, pero su identificación “llevará tiempo”, previnieron las autoridades holandesas.
“Las nacionalidades de los pasajeros son sobre todo holandesa y turca, pero también hay de otros países”, afirmó en una rueda de prensa Theo Weterings, alcalde del municipio de Haarlemmermeer, donde está el aeropuerto.
Según las autoridades turcas, en el avión viajaban 78 turcos y 56 extranjeros.
BOLSA DE AIRE
Pasajeros del avión que pudieron salir sanos y salvos dijeron que el aparato había entrado en una bolsa de aire antes de estrellarse en un campo, donde se partió en tres pedazos y perdió sus reactores.
El aparato se estrelló a poco menos de tres kilómetros de la pista de aterrizaje del aeropuerto, sobre un campo que bordea una autopista, y yacía a poca distancia de varias casas.
Varios testigos presenciales explicaron que el morro del aparato perdió altura de forma repentina y que se precipitó hacia el suelo.
Una persona, que vio desde su coche cómo se producían los hechos, explicó que los pasajeros salieron por la parte central del aparato y empezaron a llamar por el teléfono móvil, aparentemente para informar a sus familiares.
“En el momento en que el avión se preparaba para aterrizar normalmente, tuve la impresión de caer en una bolsa de aire y el piloto perdió el control del aparato”, explicó Tuncer Mutluhan, un banquero residente en Holanda, a la cadena de información turca NTV.
SE PRECIPITÓ DE GOLPE
“De golpe el avión se precipitó hacia abajo y se estrelló. Todo pasó entre tres y cinco segundos... Después llegó el pánico”, relató.
Otro pasajero, Kerem Uzel, explicó a la misma cadena que el avión volaba a “una altitud de unos 600 metros cuando se anunció que se iba a aterrizar”.
“Perdimos altura bruscamente, como si el aparato hubiera entrado en una zona de turbulencias”, agregó. Después “la cola del avión impactó en el suelo y derrapamos”.
El aparato había despegado a las 8:22 locales de Estambul con destino a Amsterdam.
“ES UN MILAGRO”
El comandante de la gendarmería de Amsterdam-Schiphol, Robert Veltman, subrayó que el número de víctimas “fue limitado, porque el avión no se incendió” y volaba además a baja altitud.
“Las posibilidades de sobrevivir en accidentes de avión son cercanas a cero. Y esto es un milagro. El hecho de que el avión se estrellase en un campo y que no se incendiase (...) disminuyó el número de decesos”, subrayó también el Ministro turco de Transporte, Binali Yildirim.
La caja negra del aparato ya fue encontrada, pero la investigación sobre las causas del accidente “puede llevar días” e incluso “meses”, según los investigadores.
El tráfico del aeropuerto de Schiphol fue parcialmente suspendido y se cerraron dos de sus cuatro pistas.
Turkish Airlines está trasladando gratuitamente a Holanda a familiares de las víctimas del accidente y las autoridades holandesas ya han anunciado que no les exigirán visado para entrar en el país.