La salida de situaciones difíciles raras veces es simple. Pero, como dice Sempé, el gran humorista francés, cuando lo es, todo se complica. Este 2009 Argentina enfrenta un desafío: convencerse a sí misma primero y, luego, al mundo que no se encuentra en una situación particularmente catastrófica.
¿O sí? Según el informe Perspectivas Económicas Mundiales 2009 del Banco Mundial, el país exportará –en volúmenes– un 0.7 por ciento menos que en 2008 e importará un 4 por ciento menos. Pero si se compara con otros países, las cifras no son tan malas.
En Brasil las caídas previstas son de -2.5 y -6.8 por ciento, respectivamente. Si se mira el desplome de los precios de los commodities, la variación 2007/2008 del producto emblemático de exportación rioplatense, la soja, es de -18.9 por ciento, muy por debajo de otras caídas, como la del 51.9 por ciento en el precio del crudo (producto estrella de Venezuela, Ecuador y México) o 56.5 por ciento para el cobre (Chile) en el mismo período de tiempo.
Sin embargo, dentro de Argentina, economistas y consultores van, por lo general, vestidos de luto. En la consultora ABECEB, por ejemplo, la mirada sobre la situación del primer semestre es lo suficientemente dura como para que el crecimiento del PIB se reduzca a un 1.5 por ciento y las exportaciones bajen un 10 por ciento. Otras, como la prestigiosa Ecolatina, hablan de un cero por ciento, mientras que la consultora Castiglione y Tiscornia prevé un -1.5 por ciento de impacto en el PIB.
LA LISTA DE PROMESAS
Con tal séquito, el Gobierno lanzó durante todo diciembre una verdadera catarata de anuncios. Entre ellos, un paquete de obras públicas de casi US$ 33,000 millones, desgravaciones impositivas, fuertes caídas en los subsidios de las tarifas de servicios públicos, un plan de financiamiento para compras de autos cero kilómetro (US$900 millones), pagos extras –por una única vez– a jubilados, moratorias impositivas y blanqueo de capitales.
Por si ello fuera poco, los primeros días de enero reveló que negocia un canje de deuda con bancos locales del 40 por ciento de los llamados Préstamos Garantizados (PG), con lo cual postergará el pago de US$5,600 millones entre este año y 2011 (US$ 2,800 millones en 2009). Trascendió que coordina otro canje, por más US$2,000 millones (Boden 2012 y PG), con inversionistas externos.
Semejante actividad se justifica. Con vencimientos de deuda de US$19,800 millones en el año que comienza, algunos han predicho que las reservas del Banco Central pueden caer a US$30,000 millones (de los actuales US$46,000 millones), si la escasez de dólares por un hundimiento exportador grave obliga a usarlos. De allí a una devaluación violenta habría sólo un par de pasos.
Carlos Melconián, titular de M&S Consultores, estima que “a US$30,000 millones, por el pago de la deuda, (las reservas) no caen”, pero según como lo tomen los actores económicos. Sí ocurriría en caso de una fuga al dólar.
Para él, situada en medio “de una fuerte desaceleración creada por ella misma”, la economía local depende, “en este orden, de los precios de los commodities, el comercio mundial y la liquidez: la mejora de Wall Street ayuda un décimo; la mejora de la soja hace nueve décimos”.
Mientras tanto, la confianza es fundamental. Por ello, el Gobierno tiene razón en tratar de sostener la demanda interna. El consumo privado explica el 65 pro ciento de su PIB.
El economista Aldo Abram, director de Exante, un crítico de esta Administración, reconoce que “la gente necesita creer que el Gobierno está ocupándose de moderar el impacto de la crisis”, por lo cual “siempre va a ser positivo que muestre cierta ejecutividad” en términos de expectativas. Otra cosa, arguye, “es su impacto real”. Para él, “son positivas las medidas que tienen que ver con reformas tributarias, bajar retenciones y algunos impuestos”.
También comparte “que haya menos transferencias para subsidios de precios y esos fondos se usen para obra pública”. No le gusta lo de los créditos sectoriales. “Su impacto va a ser cero. Implican sacar plata de un bolsillo para ponerlo en otro”, dice. Por otra parte, “tampoco la moratoria va a tener demasiado éxito”. En cambio, respecto a la polémica decisión que permite blanquear capitales, cree que “es probable que haya y bastante, porque se puede dejar el dinero fuera”.
El conflicto con esta medida es de otro orden. “Es sumamente inmoral”, remarca.
Donde su visión difiere de otros economistas es que él cree que habrá un efecto verano de San Juan en la economía mundial “en los próximos siete u ocho meses y eso le tendrá que pegar favorablemente al país”. Pasará que “va a ver una sensación de ya tocamos fondo, pero no va a ser así: las políticas que está aplicando la Reserva Federal de Estados Unidos están morigerando el ajuste en el corto plazo, pero va a venir después”. ¿Resultado? “La recesión real no va a llegar a Argentina antes de finales del año”. Y “esta combinatoria hará que 2010 y 2011 sean muy malos”.
DILEMA DIGNO DE HAMLET
Existe, aparte de la salud de la economía global, otro elemento altamente volátil que puede definir parte esencial de las expectativas y cómo se puede enfrentar la crisis: el resultado de las elecciones legislativas de octubre próximo.
Para el analista político Ricardo Rouvier, de Rouvier y Asociados, la crisis es el tercer actor, el invitado de piedra, que altera la dinámica entre el Gobierno y la oposición. “La crisis tiene realmente una dimensión que desconocemos: unos economistas dicen una cosa. Otros, otra”. Pero acá surge lo inesperado, “la crisis tiene una representación, quiero decir: la manera como ella se simboliza en la cabeza de cada uno de nosotros”. Quien la maneje mejor obtendrá votos decisivos.
Para el experto, entonces, el Gobierno debe decidir si opta por “la tentación de tomar el camino de un padre frente a sus hijos que dice: chicos, aquí no pasa nada. No se preocupen”. El otro es “presentar la crisis como muy importante y grave. Y organizar tácticas políticas para poner a toda la sociedad frente a ella”. Ambas opciones tienen riesgos y ventajas. Y optar por una u otra puede ser central en abonar el camino del triunfo o el fracaso en los comicios que vienen.
El punto es que Cristina Kirchner ya tiene bastante claro que sus seguidores y candidatos serán derrotados en la ciudad de Buenos Aires y en las provincias poderosas de Córdoba y Santa Fe. Al igual que en la no menor Mendoza. Por ello le resulta absolutamente necesario triunfar en la provincia más populosa y grande, la Provincia de Buenos Aires (que no incluye a la capital). “Si triunfa allí será primera minoría, con un 35 ó 36 por ciento. No perderá poder legislativo”. Si no lo logra, se abre un camino muy incierto: “Cualquier derrota será muy difícil de soportar”, dice Rouvier.
Irónicamente, la victoria con que la oposición quiere contener a un Gobierno que califica como “hegemónico”, en sus epítetos más suaves; podría derivar en una virtual semiparálisis en un momento económico crítico.
¿Preferirán los electores no debilitar al Gobierno o verán como un acto de confianza quitarle o dificultar su control parlamentario? Mientras, la suerte sopla, otra vez, a su favor. El precio de la soja subió un 26 por ciento en el último mes y podría llegar a US$380 la tonelada: eso significa preciosos US$1,000 millones extras en impuestos en un año de apreturas.
En cuanto al futuro, algunos siguen pensando que “Argentina está condenada al éxito”, en tanto que otros, como Melconián, reflexionan: “¿2010/2011? En una economía semanal, como en la que vivimos, ésa es una pregunta para el siglo que viene”.