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Nudo gordiano
Eduardo Enríquez
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Hace unos pocos días escuché en una reunión una conversación en la que se debatía sobre cómo salir de la situación actual de Nicaragua, que se encuentra en medio de una recesión mundial, agudizada aquí por un Gobierno que ha logrado con maestría alejar la tan importante cooperación internacional y que para colmo cuenta con el control de todo el andamiaje estatal para alcanzar su meta, que es establecer una dictadura dinástica en el país.

La principal disyuntiva que enfrentaban las personas que sostenían la conversación era qué acciones tomar ante ese proyecto del actual Gobierno en el corto y mediano plazo.

Esta situación que estamos viviendo en el 2009 en realidad no es más que el resultado de una multitud de acuerdos entre los dirigentes o “caudillos” del Frente Sandinista y del Partido Liberal Constitucionalista que datan de 1999. Ese grupo de acuerdos se conoce genéricamente como “el Pacto” y no ha sido un proceso estable, sino lleno de traiciones y pequeñas escaramuzas de las que el Frente Sandinista y su líder, el hoy compañero comandante pueblo presidente Daniel, ha sacado la mejor parte.

En un inicio el acuerdo fue repartirse el poder, todo el poder, en partes iguales. Pero ni Ortega ni Arnoldo Alemán tenían eso como un fin. El fin de Ortega era volver a ser Presidente y para eso un producto del pacto debía dividir el voto en su contra. El fin de Alemán era también regresar a la Presidencia, pero para eso él necesitaba ser el único líder frente a Ortega.

La estrategia de Ortega ha funcionado mejor y ahora el PLC y Alemán son prácticamente un partido zancudo, cuya única esperanza de sobrevivir es a la sombra del FSLN y Ortega.

Sin embargo, por múltiples razones, incluso sociológicas, el PLC aún con todo el descrédito del pacto mantuvo, aunque reducida a la mitad, una base electoral, y eso es lo que ha creado ahora el nudo gordiano que vino a completar el gigantesco fraude del pasado noviembre, el cual no deja dudas hacia dónde va el orteguismo.

El nicaragüense no quiere otra dictadura, hasta antes de noviembre existía la esperanza de deshacerse de Ortega por la vía electoral, pero ahora sabemos que esa vía no la garantiza ni este Consejo Supremo Electoral ni esta Ley Electoral.

Pero vean cómo se va enredando el nudo. Para cambiar la Ley Electoral son necesarios 56 votos, o sea obligatoriamente no sólo se necesita la unidad del PLC y los diputados de la Bancada Democrática, sino el voto orteguista.

Y aunque el orteguismo enfrenta serios problemas económicos y se le está complicando manejar el país, en el campo político y jurídico tiene todo el control. Podría, por la presión económica, acceder a reformar la Ley Electoral, pero a cambio, como mínimo, pedirá la reelección inmediata que tanto ansía Ortega.

El orteguismo podría también garantizarse la reforma electoral por sí solo, pues nada más le hacen falta ocho diputados para reformar la Constitución. Eso dejaría intacto el sistema electoral y garantizaría la victoria de Ortega en el 2011. O podría no hacer nada y poner un títere de candidato presidencial... como ocurrió con la Alcaldía de Managua. Todo parece estar a favor del orteguismo.

Desatar este nudo no será fácil, requiere tenacidad, empeño, paciencia y solidaridad de todos los sectores: Iglesia, empresa privada, sociedad civil, partidos democráticos y todos los ciudadanos empeñados en no vivir bajo una dictadura. Es complicado pero es la única manera. Porque deshacer el nudo gordiano de la manera que lo hizo Alejandro Magno ya nadie lo quiere.

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