Entre las enaguas de Ana Escobar se esconde una niña que nació hace cinco años, pero que aparenta tres. Está desnutrida y ha pasado los últimos días con diarrea. Su madre está preocupada y culpa de la situación al único pozo abierto en “urbanización” Cristo Rey, sitio donde las autoridades llevaron a los damnificados del pasado invierno.
“Ese pozo está contaminado. Es por esa agua que los niños andan con diarrea. Imagínese si a uno que es adulto esa agua le cae pesada, ahora a los niños. ¡Claro! por eso es que se enferman”, concluye Escobar, quien carga en sus brazos a una criatura de meses, que también ha estado con diarrea.
Unos 600 niños y niñas habitan en la urbanización donde “El Cristo Rey” parece haberlos abandonado. Mientras unos 200 niños y niñas viven en el barrio aledaño, denominado Nueva Esperanza, pero la cifra podría aumentar debido a que a diario nuevas familias llegan al lugar.
POZO DAÑADO Y CONTAMINADO
La situación se ha empeorado, cuenta Escobar. “Antes al menos teníamos agua, aunque contaminada, pero teníamos. Y ahora desde que el pozo se dañó no hemos probado agua. No tenemos dónde agarrar agua, ni siquiera para los niños”, se lamenta.
El pozo, que pareciera un santuario en medio de un desierto, está dañado. Niños y mujeres se acercan con la esperanza de sacar agua, pero la bomba no funciona y hasta ahora no ha habido quien la repare. Las pipas que a diario visitaban la zona ya no llegan.
“Se ausentaron por un tiempo, después aparecieron día de por medio, pero ahora tiene como ocho días de no venir”, reveló Carolina Ruiz, una de las habitantes del barrio Nueva Esperanza. En el sitio hasta los animales caminan jadeando ante la falta de agua potable.
SIN CENTRO DE SALUD
Además de estar con diarrea, los niños han presentado altas calenturas y en su mayoría tienen enormes llagas en el cuerpo, en especial en rostros, manos y piernas, mismas que andan expuestas al sol, y el viento que acarrea consigo polvo y hollín proveniente del basurero de Tipitapa, donde a diario se queman los desperdicios.
“Tenemos niños enfermos, con fiebre, diarrea, granos y esa agua les hace daño. Es muy pesada. Aquí nos han hecho promesas y no se han cumplido, para muestra no nos entregaron todo el material que prometieron. Y aquí no se ha visto al Ministerio de Salud y todos los niños están enfermos”, denunció Ruiz.
SIN TRABAJO
En su mayoría los habitantes de los barrios Cristo Rey y Nueva Esperanza no tienen trabajo; se dedican a recolectar desechos de basura en el botadero que se ubica a dos kilómetros de sus viviendas. Aunque las autoridades esperaban que consiguieran trabajar en las Zonas Francas del sector, ninguno lo ha logrado.
“No tenemos para el pasaje. Aquí todo nos queda lejos. No trabajamos, con costo y conseguimos para la comida de los chavalos. Dónde vamos a conseguir trabajo si nos vinieron a dejar lejos de la ciudad”, dice Eloísa Herrera, madre de al menos seis niños.
Los barrios son habitados en su mayoría por madres solteras, con dos y hasta seis hijos, quienes expresan sentir temor al futuro, pues el terreno es árido y barroso y con la llegada del invierno “las vías se ponen intransitables’.
Es en ese momento en que temen que las autoridades se olviden por completo de ellos y queden atrapados entre el lodo que ni siquiera “permite salir a pie hasta la calle principal, ubicada a cinco kilómetros de ambos barrios.