El Grupo de Teatro Justo Rufino Garay inició su temporada 2009 con un estreno que aborda el tema del viaje como paliativo para purificar las angustias existenciales de dos personajes que coinciden en un tren.
Dicho de esa manera, se puede pensar que estamos ante un poco más de lo mismo. Y no es así. Todo lo contrario. La tropa del Justo Rufino, que celebra este año sus 30 años de labor, demuestra su mayoría de edad en mundo de las tablas con este estreno que cuenta con el apoyo del Proyecto Carromato.
¿Qué elementos hacen que este viaje a la estación Pinos Nuevos, sea tan especial?
Primero que todo, el texto de ¡Ay, amor, ya no me quieras tanto!, creado por Millán, aborda temas tan angustiantes como la violencia intrafamiliar y de género, la monótona filosofía de los platos sucios en el hogar, que deben ser lavados y vueltos a usar en un encadenamiento interminable y las ausencias que conducen a la soledad.
Pero el texto no es el sustento principal de la puesta, sino las actuaciones, donde Lucero Millán y René Medina logran hermosos desdoblamientos con recursos muy originales. Como la escena donde Medina hace de Josefina cuando era pequeña, sentado de espaldas en un banco con rueditas. Su voz , sus gestos y su espalda, que es el cuerpo de la niña, nos muestran una nueva forma de encarar personificaciones.
En otro momento Medina hace de mujer y Lucero de un hombre borracho y abusivo que lanza improperios y vulgaridades a su esposa. Las máscaras y las luces nos dan la ilusión de esa patética realidad. Así entre el absurdo y la ironía se nos presenta la cruda realidad.
Sin embargo, los actores deben tener cuidado cuando bailan. Hay problemas de sincronización en la coreografía, Lucero queda retrasada en sus pasos, además en ciertos parlamentos tuvo retrocesos, al hablar, se le enredaban las palabras y en la secuencia cuando camina en cámara lenta por encima de los asientos le faltó plasticidad en los movimientos para dar el sentido exacto del ambiente onírico que si lograban las luces y la música.
Es una grata satisfacción ver una obra llena de talento nacional, con calidad escénica y con un complejo diapasón de temas, que desembocan en el optimismo cuando estos personajes solitarios, carentes de afectos, llegan a la estación Pinos Nuevos y contemplan juntos a las oropéndolas.