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Educando hijos delincuentes
Roberto Rosales
El autor es Ingeniero
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Todo padre y madre de familia responsable se pregunta hoy: ¿qué hago para educar mejor a mis hijos? Y habría que agregarle a la pregunta: para que sean buenos hijos, ciudadanos, compañeros, amigos, cristianos. Está claro que es un reto y que el ambiente pareciera ser más hostil, se exalta más a los antivalores que a los valores. Saber hoy qué páginas Web visitan, con quiénes chatean, qué música oyen son realidades que no se pueden dejar de lado. Podemos estar de acuerdo en que nadie se propone educar a sus hijos para ser delincuentes, por mucha crisis que haya.

Pero a veces, pareciera que nos aproximamos. Estamos claros que la educación de los hijos comienza en el hogar y los padres son los principales responsables. ¿Qué tanto se involucran los papás en los colegios de sus hijos? Han de convencerse de que no pueden desentenderse de la educación que les brindan los centros de enseñanza, sean públicos o privados, porque éstos son colaboradores de la educación de sus hijos. Qué importante es saber, por ejemplo, qué enfoque tienen materias como filosofía, estudios sociales, civismo. No digamos si imparte educación sexual. El Estado es un actor importante en el campo de la educación.

¿Nos interesa saber qué pautas del Gobierno en educación? Pienso que sí nos debe interesar porque la gran mayoría de los nicaragüenses son formados en centros de enseñanza públicos. En cada país depende del Gobierno de turno. Por ejemplo en regímenes totalitarios aspiran a crear, bajo esa máscara de bondad, un “hombre nuevo” que se amolde a sus postulados. Si algo hermanó al nazismo y al comunismo fue precisamente este propósito de fabricar un “hombre nuevo”, en el que el valor intrínseco de la persona era negado en pro de la comunidad. Para ello, se impone una “nueva ética” basada en los “nuevos paradigmas”: el nuevo paradigma de familia, el nuevo paradigma de derechos humanos, el nuevo paradigma de género, etcétera. Más que una formación es un adoctrinamiento que procurará imponer una “moral pública” que tuerza y pisotee la moral que los papás legítimamente intentan transmitir. A nadie se le escapa que todo régimen político que anhela perpetuarse dedica especiales esfuerzos a las tareas de proselitismo y propaganda entre los más jóvenes, pues con ello se asegura los votos.

Un primer paso será desechar una posible actitud indiferente sobre la educación pública en Nicaragua. Para concluir puedo sugerirles tomar nota de las diez pautas de Emilio Calatayud, que si las siguen al pie de la letra, probablemente lograrán tener los hijos que no desean. Hagan lo contrario y les ayudarán a educar mejor a sus hijos. Emilio lleva 20 años al frente del Juzgado Único de Menores de Granada, España. La pautas para educar “hijos delincuentes” son las siguientes: 1.-Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece. 2.-No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente. 3.-Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas. 4.-No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad. 5.-Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás. 6.-Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura. 7.-Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre. 8.-Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar. 9.-Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones. 10.-Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

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