Siempre he estado en completo desacuerdo, cuando he visto a soldados que se autodenominan “patriotas”, preocupándose más por la acumulación de riquezas materiales que por la vocación militar, la perfección del arte militar y el rendimiento castrense. Demanda cotidiana que les impone el exigente servicio de las armas, la fatigosa carrera militar y el estudio a tiempo completo de la doctrina castrense.
Durante mis largos 28 años de servicio militar nadie logró convencerme o demostrarme que mis argumentos estuvieran equivocados cuando criticaba duramente que no puede haber soldados ejemplares ni mucho menos patriotas, si los mismos de la noche a la mañana aparecen con enormes fortunas materiales. Y para colmo de males, se jactan que las obtuvieron desde sus puestos y las exhiben, como si se trataran de un fantástico milagro, caído del cielo. Nunca serán creíbles los militares, que resulte de pronto y por arte de magia, en prósperos dueños de haciendas, tierras, ganados, establecimientos comerciales, o en flamantes propietarios de un sinfín de negocios y de incontables patrimonios hasta terminar pareciéndose a los magnates modernos, es algo digno de Ripley.
Empresarios soldados o soldados empresarios es una definición inexistente en cualquier reglamentación o conducta militar y ética. Nadie, aún siendo genio de las finanzas, podría tener la capacidad de demostrarnos que los soldados que se dediquen exclusivamente para lo que han sido creados, resulten a lo interno de sus barracas en pobres y fuera de ellas en ricos. Más en estos tiempos de la globalización, que es de sobra conocido el avance en las especificaciones, atribuciones, restricciones y controles de los presupuestos militares. Precisamente para que sus hombres y mujeres en armas se dediquen a su materia, optimicen recursos y estén concentrados especialmente a su estricto campo de acción; es decir a disposición a tiempo completo a sus cuarteles.
Los nicaragüenses siempre hemos pensado que los militares y policías tienen que ser de una sola pieza. Nada de media tinta ni ambigüedades, se es soldado o empresario, pero no ambas ocupaciones a la vez. Y es que esta preocupación de la sociedad en general se justifica que así se cumpla, cuando conocemos perfectamente que nuestros profesionales de las armas, son los vigilantes y guardadores del orden constitucional y la integridad nacional.
Que nunca se nos olvide que cuando la mayoría de los nicaragüenses luchábamos contra la dictadura somocista, sentíamos un profundo desprecio contra todos aquellos soldados de la Guardia Nacional que abandonaron su juramento de servirle al pueblo, enriqueciéndose ilícitamente y cayendo presa de sus ambiciones personales se transformaron en despreciables “soldados de fortuna”. Aquellos militares, olvidándose de defender a la Patria, bochornosamente prefirieron e interesaron más en convertirse en la antítesis de un patriota y en corruptos “centinelas del poder dictatorial”. O sea en simples mercenarios. El soldado regular desprecia siempre al mercenario por ser un asesino sin causa, que no importándole los bandos, en cualquier momento, es capaz de cometer cualquier tropelía, para saciar sus propios intereses, que por supuesto están marcados única y exclusivamente por el dinero y el crimen. El militar, regular y profesional que en su uniforme lleva la representación de su nación, está siempre a la disposición de luchar por su país. En total diferencia a los “soldados de fortuna” o “mercenarios”, que lo hace solamente por lucro personal.
Precisamente sabiendo cómo discurrió aceleradamente esa descomposición, por eso nos sorprende y alarma de sobremanera, que muchas fortunas particulares de altos militares y policías actuales hayan vertiginosamente aumentado de forma alarmante. Por muchas “oportunidades aparecidas”, libre mercado, igualdad de oportunidades, sobre inteligencia e intuición financiera o espíritu emprendedor de los hombres de verde olivo. Algo no anda bien, hay que revisarlo. Porque solamente haciéndonos los ciegos, sordos y mudos, pudiéramos hacernos de la vista gorda. Es preocupante por ejemplo ver a muchos militares más interesados e involucrados en aspectos de negocios de ganadería, compras de haciendas y fanfarria hípica, que en el tratamiento de las complejidades de la vida y doctrina militar. Como quien dice “zapatero a tu zapatos”, quienes poseen los fusiles, son a tiempo completo soldados. Ni ganaderos, ni hacendados, ni finqueros. Igual con los policías, es inconcebible que sean al mismo tiempo los inspectores y también dueños de las cantinas, mesas de apuestas, casinos, bares, buses, billares, casas de masajes, empresas de vigilancia, etc.
¡Alzar el fusil, con autoridad y orgullo en defensa del pueblo, es posible con vocación y dedicación a la Patria!