A Carmen Urbina de nada le sirvió abandonar su casa en el barrio Riguero cuando el sol todavía no asomaba, pues en el Centro de Salud Pedro Altamirano, de Managua, no recibió medicinas, aunque fue atendida.
“Me dijeron en la farmacia que no había lo que me recetaron”, dijo angustiada la mujer de 37 años.
En medio de la telaraña de letras, aparecidas en las recetas que portaba, se podía leer que requería de agua destilada y clotrimazol.
Ambas medicinas no son para enfermedades especializadas y se supone que deben existir en cualquier unidad pública de Salud. “Hoy en día uno no tiene dinero para comprar medicinas, la esperanza es que nos den aquí, pero me voy sin nada”, añadió Urbina.
Se llamó a Relaciones Públicas del Ministerio de Salud (Minsa), pero fue imposible conocer su versión sobre este delicado tema.
En el Centro de Salud Francisco Buitrago hasta las aspirinas faltan. María Luisa Valdés, de 55 años y habitante del barrio Larreynaga, lo sabe bien. Ella se ve obligada a comprar cada sobre de pastillas a diez córdobas en las farmacias privadas.
“La aspirinita siempre te la recetan para el corazón y nunca te la dan, tengo que comprarla”, dijo.
Pero los pobladores no sólo con las medicinas tienen problemas. La atención muchas veces deja mal sabor, según los consultados. Además de las largas horas de espera, aún hay quienes cobran por los servicios prestados.
Juana Estrada (57), relató que a su hermana Rosa Argentina Estrada “le han cobrado” para ser atendida con rapidez, sin embargo ésta “rechazó la propuesta”.
En las unidades de Salud también faltan medicinas para la diabetes, hipertensión arterial y materiales de reposición periódica, según dijo personal de Salud que prefirió guardar su identidad.