Los peores incendios en la historia de Australia, que han cobrado al menos 173 vidas, según un último balance, destruyeron ayer otra docena de localidades del sureste del país, dejando un sombrío legado de desolación.
El número de muertos en los incendios aumentó hasta las 173 víctimas, según el último balance de la Policía, pero las autoridades temen que supere los 200.
“Se está haciendo un gran esfuerzo para controlarlos (los fuegos), pero trágicamente la cifra de muertos aumentará en el transcurso de la semana”, reconoció el primer ministro del Estado de Victoria, John Brumby.
Los militares y los bomberos continuaban luchando contra las llamas, mientras las autoridades del Estado de Victoria lanzaron advertencias de un posible recrudecimiento de los focos de incendio en el sureste de ese territorio.
Los relatos de la tragedia y el miedo calaban entre la población mientras las imágenes de llamas dominaban las portadas de los diarios y las noticias en la televisión.
MANTA MOJADA LOS SALVÓ
Sonja Parkinson creyó que había llegado su hora cuando las llamas que arrasan el sudeste de Australia pasaron tronando sobre ella como un avión, pero logró sobrevivir cobijándose junto a su hijo Sam bajo una manta mojada.
Sin embargo, ese frágil refugio los salvó de la gigantesca hoguera que mató a por lo menos 32 personas en su ciudad de Kinglake.
“Nos cubrimos con una cobija en el riachuelo y nos acurrucamos con el perro y dos vecinos. Era tan sólo un arroyo de verano de poca profundidad, pero había suficiente agua, apenas un charco. Nos sentamos en las aguas turbias bajo una frazada mojada y el fuego pasó sobre nosotros”, explicó.
Las piscinas, los diques e incluso los charcos se convirtieron en el último recurso de los habitantes que trataban desesperadamente de escapar de las llamas, que lanzaban andanadas de brasas ardientes hacia las casas.
Christine Halls y su familia escaparon aterrorizados cuando las llamas se acercaron a su casa de Kinglake, pero apenas podían ver a causa de la espesa humareda.
“Era aterrador. La gente dice que un incendio forestal suena como un tren de carga que se acerca, pero en realidad sonaba como un tren de carga tan grande como todo el espacio que se podía ver, como todo el horizonte”, dijo Halls.
Halls y su familia sobrevivieron porque se refugiaron en un automóvil, pero muchas otras personas no tuvieron tanta suerte. Entre los restos retorcidos de los vehículos en las afueras de la ciudad se encontraron al menos seis cadáveres.
También hubo personas que perdieron la vida en sus hogares. La Policía descubrió en una casa de Kinglake cinco cuerpos tan carbonizados que los investigadores sólo pudieron decir que cuatro de las víctimas eran niños por el tamaño de sus calaveras.
En algunos lugares los cuerpos yacían en las calles.