Con cada día que pasa se ve más claro que en la estrategia de Daniel Ortega para imponer y consolidar una nueva dictadura en Nicaragua, el zancudismo político está llamado a ser una pieza de primordial importancia. Y a todas luces, el rol de nuevo partido zancudo le está siendo asignado al Partido Liberal Constitucionalista (PLC), o a la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), o a los dos juntos, ya sea en alianza o reunificados en un solo partido liberal.
En el Diccionario del Español de Nicaragua que fue escrito por el profesor Francisco Arellano Oviedo, miembro de número de la Academia Nicaragüense de la Lengua, se explica que “zancudo” se le dice a un: “Diputado conservador surgido en las elecciones de 1957”. En efecto, el fenómeno político nicaragüense del zancudismo nació para las elecciones de 1957. En aquella oportunidad, una facción minoritaria y desprendida del Partido Conservador se prestó a jugar el papel de falsa oposición electoral, para facilitar la continuación de la dictadura dinástica somocista en el poder mediante la “elección” del ingeniero y coronel de la Guardia Nacional de Nicaragua, Luis Somoza Debayle, el hijo mayor del general Anastasio Somoza García y segundo miembro de la familia Somoza en turnarse en el ejercicio del poder.
En aquel entonces el país estaba sumido en una profunda crisis política. El dictador Somoza García había sido asesinado el 21 de septiembre de 1956 y la oposición se encontraba diezmada por la represión. Imperaba la Ley Marcial, la cual sólo fue levantada —aparentemente— el día de las votaciones, que fue el domingo 3 de febrero de 1957. En aquellas circunstancias, sin oposición verdadera y ninguna garantía de que el voto popular sería respetado, participar en las elecciones era simplemente prestarse a una farsa. Pero aunque pareciera increíble, hubo quienes se prestaron a aquella tragicomedia política, a cambio de conseguir cargos en el gobierno no para influir en las políticas de Estado, sino para recibir una mísera porción del botín presupuestario.
El doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Director Mártir de LA PRENSA, en un editorial que tituló “Zancudos… para qué?” y fue publicado el miércoles 27 de junio de 1962, explicó que el zancudismo era “un grupo que se creó precisamente en el año 1956, para lograr la continuación de la familia Somoza en el poder, a través de unas elecciones amañadas y vergonzosas”. Los zancudos, señaló el doctor Chamorro Cardenal, “pusieron el teatro para que Luis Somoza pudiera aparecer como vencedor en unas elecciones que no existieron…”
A aquellos políticos colaboracionistas con el somocismo se les endilgó el mote de zancudos, porque eran algo minúsculo pero chupaban vorazmente la sangre del pueblo, al participar en el disfrute del Presupuesto Nacional, a cambio del servicio que le prestaban a la dictadura dinástica somocista para que se mantuviera en el poder aparentando formalidades electorales y falsamente democráticas.
Desde entonces el zancudismo ha sido un fenómeno recurrente en la política nicaragüense, pues se repitió en las elecciones del primer domingo de febrero de 1963, en las de diputados constituyentes el 6 de febrero de 1972 y en los comicios nacionales del primero de septiembre de 1974, los últimos que se realizaron bajo el régimen somocista.
Durante la dictadura sandinista, el FSLN, cuando se vio obligado a convocar a elecciones nacionales en 1984 alentó la formación de un zancudismo de nuevo tipo, o sea de izquierda y plural. De manera que 6 partidos acompañaron al FSLN en la farsa electoral del 4 de noviembre de ese año, mientras la auténtica oposición representada por la “Coordinadora Democrática Ramiro Sacasa Guerrero” se abstuvo por falta de garantías legales y condiciones políticas para una elección libre, honesta y competitiva.
Ahora Daniel Ortega y el FSLN vuelven a recurrir al expediente del zancudismo, para tratar de excluir a la auténtica oposición democrática y sustituirla con una minoría prebendaria y corrupta, que a cambio de una participación minoritaria en los puestos públicos se presta a servir de escalera para el entronizamiento de una nueva dictadura en Nicaragua. De manera que otra vez cobran vigencia las palabras del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien, en el editorial de LA PRENSA del sábado 27 de marzo de 1975 escribió que “sólo terminando con la mayoría y la minoría prefabricadas (es decir, con el zancudismo), puede prestigiarse en Nicaragua la institución del sufragio, cuyo ejercicio es indispensable a la democratización del país”.